Enfoque

El pragmatismo de Cristina: deuda y reparto en las listas

Luego de confirmadas las listas, la mayor parte de los medios se concentraron en destacar que Cristina Kirchner había logrado imponer a la mayoría de los candidatos en los distritos clave: en la provincia de Buenos Aires, diez de los primeros 15 responden a la Vicepresidenta. Esto no implica ninguna sorpresa, después de todo Cristina continúa siendo la accionista mayoritaria del FdT. Sin embargo, pocos se detuvieron a examinar la contracara: al igual que sucedió en 2019, Cristina debió ceder, ratificando su pragmatismo, sobre todo en contextos electorales, y exponiendo los límites de su liderazgo.

En la Argentina, la grieta es un fenómeno de minorías, amplificado por los sectores duros, las redes sociales y los medios. Más del 70% del electorado se ubica en el centro del espectro ideológico o se declara apolítico y demanda figuras moderadas. Cristina es consciente de que los candidatos identificados con su núcleo duro son menos competitivos, por eso los relegó a posiciones de menor visibilidad, y le concedió a Alberto Fernández los primeros lugares en las listas. Es cierto también que lo contrario hubiera diluido la ya erosionada autoridad presidencial. Pero la dinámica de las negociaciones pone de manifiesto que la unidad fue una prioridad y eso implicó compromisos y pasos al costado.

El presidente Fernández escogió a Victoria Tolosa Paz y a Leandro Santoro para que encabecen las listas de provincia y Ciudad de Buenos Aires, y sean las caras visibles de esta campaña. Además de tratarse de personas de su máxima confianza, se acomodan, dentro de las opciones disponibles y el marco de radicalización existente, al perfil de candidatos moderados que demanda el electorado.

Considerando que se trata de un Presidente muy golpeado, luego de un año y medio de una gestión fatídica, lo cierto es que el balance no es del todo negativo para Alberto Fernández. En las elecciones de 2001, Fernando de la Rúa, que también llegaba muy debilitado, no logró colocar a ningún candidato propio en las listas de la Alianza, que ya estaba partida. Alberto Fernández no solo impuso a Tolosa Paz y a Santoro, sino también logró conservar a los miembros de su gabinete que no cuentan con la aprobación del kirchnerismo, como Cafiero, Frederic, Kulfas o Lammens: los funcionarios que no funcionan siguen en el Gobierno.

Todo esto puede parecer poco para un Presidente, más aun considerando el hiperpresidencialismo argentino al que estamos acostumbrados. Sin embargo, frente a aquellos que sostienen que Alberto Fernández carece de peso político propio, la evidencia demuestra que, a pesar de su progresivo e incuestionable debilitamiento, alguna cuota de poder aún conserva. El Alberto Fernández del 2021 no es el Fernando de la Rúa del 2001, ni se le parece. Incluso puede aspirar a una eventual reelección si el FdT obtiene un buen resultado en estos comicios.

Volviendo a Cristina y al armado de las listas, la Vicepresidenta no solo debió ceder frente a las preferencias del electorado, sino también ante los contrapesos que existen dentro de la coalición. Por eso, a pesar de que sus candidatos predominan, estos aparecen intercalados con figuras que representan al resto de los actores que conforman el FDT: movimientos sociales, sindicatos, Massa y gobernadores (que armaron sus respectivas listas con bastante autonomía). El acotado margen de maniobra de Cristina demuestra que, incluso para ella, en política uno hace lo que puede, difícilmente lo que quiere.

De todas formas, en este cierre de listas el pragmatismo de Cristina se apreció en toda su dimensión a partir de otra cuestión: la deuda con el FMI. Los DEG equivalentes a u$s 4300 millones que Argentina recibirá en agosto no se utilizaran para la reactivación, tal como demandaba un sector del kirchnerismo. Paradójicamente, la encargada de anunciarlo fue la propia Cristina en el acto de lanzamiento de las candidaturas. En cambio, se usarán para cumplir con los vencimientos de deuda del FMI en lo que resta del año: luz verde a la estrategia que impulsa Guzmán.

Este anuncio ratifica que el Gobierno buscará para después de las elecciones un acuerdo de Facilidades Extendidas a 10 años. Si no fuese así, no se desprendería de los u$s 4300 millones en un momento en el cual el Banco Central está ávido de divisas para recomponer las reservas y contener las tensiones cambiarias. Asimismo, si el país incumpliera con estos compromisos en medio del proceso electoral, las consecuencias para el oficialismo serían muy duras por la esperable volatilidad cambiaria y su impacto en la inflación. La incógnita quedará ahora concentrada en el contenido de dicho acuerdo, que en mayor o menor medida requerirá algún tipo de corrección económica.

En su discurso, Cristina convocó y responsabilizó a la oposición en un intento por compartir el costo político que traería aparejado el acuerdo. La Vicepresidenta percibe que cualquiera sea el resultado de la elección, Argentina se dirige a una corrección que implicaría un menor margen de maniobra para implementar políticas expansivas: el FMI requerirá un programa monetario y fiscal consistente. En síntesis, la etapa más populista del gobierno parece estar agotándose por los límites que impone la realidad y por el eventual acuerdo con el FMI.

A esta altura, las amenazas de ruptura e incumplimiento de los sectores más duros son poco creíbles, pues siempre quedan en la nada: puede que el kirchnerismo pague más tarde de lo debido, pero pagar, paga, incluyendo los intereses. De cierta forma, Alberto y Cristina están obligados a hacer ahora lo que Macri no hizo en 2017: encarar una serie de reformas para corregir las inconsistencias macroeconómicas más importantes antes de que la crisis sea mayor. A Macri la crisis le estalló en 2018, seis meses después de las elecciones de medio término por carecer de un programa consistente. Quizás el FdT haya aprendido algo de ese fracaso.

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Comentarios

  • JG

    Juan Guaraglia

    30/07/21

    la nota es solo una expresion de deseos,solo quieren ganar la elecion despues hacen lo que se les da la gana son de derecha Menen de izquierdo Kichner ,despues hacen o que se les da la gana,se quedan con la hidro via las autopistas,todo la que de ganancia

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