Vetar leyes y resistir los embates de la oposición fue una estrategia que respondía a una lógica de campaña. En el pensamiento oficial, era una forma de defender una de las tres anclas del plan y exponer las distorsiones del gasto que empujaban los "degenerados fiscales". Pero el cálculo político de esas decisiones no fue acertado. Pelear contra los médicos del Garrahan o con los beneficiarios de las pensiones por discapacidad dejó al Gobierno en minoría, en el Congreso y en la sociedad.
Esa fórmula de cuestionar los roles más sensibles del Estadono solo se agotó rápido, sino que fue parte del costo electoral que LLA pagó en la elección bonaerense. La Casa Rosada ya asumió la necesidad de cambiar y empezó a girar, pero todavía no definió que tan profunda deberá ser la corrección.

Las evidencias aparecieron en la madrugada del jueves, cuando legisladores que responden a varias provincias que estaban enemistadas con el Ejecutivo, desinflaron un artículo clave del nuevo régimen de DNU para que vuelva al Senado y frenaron el proyecto que reformulaba el reparto del Impuesto a los Combustibles, avalado por todos los gobernadores.
Recuperar gobernabilidad se volvió no solo una condición necesaria para apuntalar la supervivencia política del Gobierno, sino también para reforzar las garantías que piden nuestros prestamistas y auditores, el gobierno de Estados Unidos y el FMI.
Por eso no sorprendió que Barry Bennet, el asesor de Trump que vino a Buenos Aires la semana pasada para preparar la reunión bilateral de mañana con Milei, hiciera varios llamados a gobernadores para transmitir esta misma inquietud.
Lo que pase el 26 de octubre en términos de resultado empieza a ser menos importante que lo que haga el Gobierno esa misma noche. Porque la elección nunca le iba a dar el control de una cámara legislativa. El número que funciona como piso es 86, el necesario para bloquear una iniciativa opositora que requiera ser aprobada por una mayoría especial de dos tercios de la Cámara baja, como ser un juicio político.
Hoy el oficialismo ya no tiene dudas de que lo que necesita es acordar políticas con los diputados y senadores que están en condiciones de volver a funcionar como aliados. Será una acción complementaria al rediseño del gabinete, que incluso podría ayudar a reforzar vínculos con algunos jefes provinciales. También a la clarificación de roles en el triángulo de hierro sobre cómo debe seguir esta estrategia hacia adelante. No se podrá consensuar todo, pero tampoco esa tiene que ser la meta. Ese camino se construye mientras se transita. Trump avisó que se ocupa de pavimentarlo con dólares. Más no se puede pedir.
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