Los datos de inflación mayorista conocidos ayer podrían confirmar que, a pesar de haber quebrado en términos anuales las marcas de los precios en ocho años, la complejidad de la política y la dinámica propia del proceso de estabilización macroeconómica llevarían a que la desinflación podría ser menos rápida que lo que entusiasma al propio Gobierno, a los inversores y, obviamente, al electorado.

De acuerdo con el Indec, el índice precios internos al por mayor (IPIM), que refleja los valores a que los productores e importadores venden al mercado interno incluyendo impuestos, trepó 2,4% en diciembre de 2025. Llegó allí desde una escalada de un piso de 1,1% de octubre que pasó a 1,6% en noviembre. El salto de 0,8 punto de un mes a otro es significativo en ese sentido por lo que pueda proyectar en los minoristas del IPC de enero. Los precios al por menor en diciembre subieron 2,8 por ciento. Hay que señalar que aún en este contexto la tendencia de los precios el año pasado asombra con un IPIM de 26,2% todo el año pasado.

De acuerdo con el Indec, el índice precios internos al por mayor (IPIM) trepó 2,4% en diciembre de 2025.

Pero lo cierto es que el descenso de los precios minoristas debajo de 1% mensual parece tener que esperar, probablemente bastante más que luego del invierno. El primer objetivo a cumplir sería descender de dos por ciento. Hay razones. Por un lado, metodológicas. Este mes empieza a medirse con una nueva canasta de consumo en la que ponderan más los servicios que los bienes. El IPC de enero podría tener un salto “metodológico”, en momentos en que el precio de los servicios viene creciendo más que el de los bienes en el IPC. En diciembre, los servicios aumentaron 3,4% mientras que los bienes subieron 2,6%.

De acuerdo con la Fundación Capital, el quiebre de una tasa de 2% recién podría retomarse en el segundo semestre del año. Las razones serían cuatro. La primera, la dificultad empírica de bajar los niveles inflacionarios a escalones de un dígito en procesos de estabilización comparables. Sería una pelea de los éxitos contra la ansiedad. El segundo aspecto se relaciona con la composición de los consumos, donde los precios de los servicios tienen una elevada incidencia.

El tercer factor es el efecto residual de la volatilidad cambiaria, que con la suba del dólar debilitó el ancla antinflacionaria preferida por la gestión económica, originada por la incertidumbre del proceso electoral de 2025.

Finalmente, producto de todas esas incidencias, señala Fundación Capital que en el segundo semestre del 2025 se flexibilizaron las paritarias, con aumentos por encima del 2% mensual en el 70% de las paritarias en el último trimestre. Aún perdiendo contra la inflación la actualización salarial promedio sumó 2,3% vs. la suba de precios promedio de 2,6%.

Sigue habiendo desafíos para lograrlo, porque no hay márgenes: ni fiscales, ni monetarios dado los efectos del apretón monetario de 2025 ni la situación de la industria. El recorrido es no apto para impacientes.