Cannabis: sembrar la semilla de la industria nacional

Metafóricamente la semilla simboliza el inicio mismo de la vida. Una semilla siempre es el comienzo de algo.

Desde los orígenes de la agricultura, las semillas se han constituido en la base del sustento humano. Son un componente fundamental de la cultura, los sistemas productivos, la soberanía y la autonomía de los pueblos. Son fruto del trabajo colectivo y acumulado de generaciones de agricultores, que las han conservado, criado, utilizado e intercambiado. Desde épocas inmemoriales se fueron mejorando y adaptando a un amplio rango de ambientes, condiciones climáticas, sanitarias, de suelos, y a requerimientos culturales, productivos y socioculturales. Estos organismos vivos históricamente han sido considerados "bienes comunes" de la humanidad.

Sin embargo, con el tiempo se fueron transformando en un botín de contiendas políticas y económicas, así como en motores de la revolución científica y técnica y en insumos claves para la evolución del sector agropecuario y de la producción de alimentos, medicinas y materias primas industriales.

El cannabis no ha escapado a esta lógica. Desde su ingreso a América, se fueron expandiendo en todo el continente variedades criollas que, a partir de semillas introducidas por los colonizadores, fueron cuidadas y mejoradas por el trabajo de las comunidades rurales y cultivadores nativos, derivando en variedades de cualidades identitarias diferentes a las de su origen, que siguieron evolucionando y diversificándose -aún en los tiempos del prohibicionismo-, con el objetivo de obtener incrementos en los rindes, mayor productividad y la búsqueda de eficiencias económicas.

Así como ocurre con otras especies, sus características genéticas son fundamentales ya que definen el perfil de producto que posteriormente se quiere elaborar. Estas pueden ser de varios tipos, incluyendo regulares, autoflorecientes y feminizadas dependiendo del tipo de planta a cultivar.

El reciente avance de la revisión regulatoria del cannabis legal a nivel internacional ha comenzado a generar una importante apertura de mercados y acrecentado la demanda global de semillas.

Cannabis seguro: abrieron el primer laboratorio que analiza y certifica su calidad

En Argentina, desde la sanción de la ley 27.350 de cannabis medicinal en el año 2017 y su posterior decreto reglamento 883/2020, venimos dejando atrás tiempos de oscurantismo y prejuicio, y avanzando de manera gradual en la construcción de una realidad normativa que empieza a darle forma a la construcción de una industria de cannabis de base nacional.

Un gran adelanto en esa dirección se produjo el 30 de abril de 2021, cuando Carla Vizzoti, Ministra de Salud de la Nación y Joaquín Serrano, Presidente del Instituto Nacional de la Semilla (INASE) firmaron la resolución conjunta 5/2021 que autorizó la inscripción de variedades de germoplasma nacional y extranjero de Cannabis sativa L. en el Registro Nacional de Cultivares (RNC) y/o en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares (RNPC), constituyendo un paso adelante hacia la reafirmación de nuestra soberanía tecnológica, y volviendo a darle un marco de formalidad a la investigación, el desarrollo y el mejoramiento de variedades aplicadas a nuestro territorio nacional, clima y suelos.

Ese mismo acto, se autorizó la inscripción de criaderos y de productores bajo condiciones controladas para quienes realicen fitomejoramiento con Cannabis Sativa L. y para los proyectos autorizados por resolución ministerial en el marco de la Ley Nº 27.350.

Dicha normativa constituyó asimismo un acto de reivindicación, legitimación y puesta en valor del trabajo de todos aquellos que, enfrentando el prohibicionismo, mantuvieron viva la cultura del cannabis, conservaron y mejoraron linajes genéticos, aún exponiéndose a la persecución, a la criminalización y a acciones penales por parte del Estado.

En el marco de este encuadre jurídico, el pasado 15 de marzo de 2022, la Comisión Nacional de Semillas (CONASE) trató una solicitud inicial de registro de variedades de Cannabis en nuestro país. En dicha reunión se aprobó la inscripción de dos variedades, las primeras que serán incluidas en el régimen de semilla "fiscalizada" aptas para comercializarse en Argentina, si bien inicialmente se podrán adquirir sólo con autorización previa del Ministerio de Salud de la Nación.

Aunque formalmente resta la resolución final del INASE, se pudo saber que una de ellas es la CAT N°3 (Cepa Argentina Terapéutica). Se tratará sólo una etapa inaugural, pues aguardan aprobación decenas de variedades y creaciones fitogenéticas que han sido presentadas. Entre ellas, EVA (de Eva Seeds), CAT N°1 y N°2, resultado de la investigación del proyecto, "Cannabis y Salud" (Universidad de La Plata), Lobera y PH Pampeana Auto de Pampa Hemp, entre tantas que dan cuenta del laborioso y exhaustivo trabajo de crianza cannábica y producción de semillas estables, de calidad fisiobotánica e identidad certificada que se viene desarrollando en nuestro país por los grupos de cultivadores autóctonos; muchos de ellos reunidos en CRIACANN (Asociación Argentina para la Producción, Crianza e Investigación de la semilla de Cannabis).

En forma paralela, es importante destacar que Argentina, como potencia agrícola, tiene una industria semillera con más de 90 años de historia y de gran importancia económica. Nuestro país es el noveno productor mundial de semillas, segundo productor de Latinoamérica y décimo exportador global. Su ecosistema emplea a más de 115.000 personas en forma directa e indirecta, comprende a más de 2.600 empresas que integran una cadena de valor que va desde aquellos que se dedican al mejoramiento de especies vegetales, al desarrollo y provisión de biotecnología, a la multiplicación y producción de semillas, su procesamiento y acondicionamiento, hasta la distribución y comercialización de la misma, con una producción anual de casi 1 millón de toneladas, una facturación de 1.500 millones de dólares y exportaciones por 285 millones anuales.

No es descabellado pensar que frente a un mercado que, según un estudio de Data Bridge Market Research del año 2020,= viene creciendo a una tasa compuesta anual del 14,5 % y con un tamaño de u$s 723,77 millones para 2027, este sector ponga sus ojos sobre las oportunidades de negocio que el cannabis le empieza a abrir.

Una vez más, la tensión entre militancia, los actores históricos y aquellos sectores que se incorporan a esta nueva industria que despierta, encontrarán un campo propicio en el cual expresar sus reivindicaciones, contrapuntos, perspectivas y miradas muchas veces enfrentadas

Tendremos que apelar a la creatividad para generar espacios institucionales y regulatorios que, adecuándose a la necesidad productiva y el interés nacional, procuren un equilibrio entre los intereses de todas las partes, pues el desafío es enorme y la construcción del futuro de la actividad debe realizarse construyendo consensos y de manera colectiva. Finalmente, no estamos haciendo otra cosa que sembrar las semillas del futuro de la industria nacional de cannabis.

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