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La reforma laboral que requiere el país debe ser integral y revolucionaria

JULIÁN DE DIEGO

JULIÁN DE DIEGO Profesor de Derecho del Trabajo y Director del Posgrado UCA

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Para volver al mundo la reforma que necesita la Argentina debe ser revolucionaria desafiando las demandas el futuro, afrontando las nuevas tecnologías y las nuevas formas de organizar el trabajo humano, y procurando superar los errores y desaciertos del pasado. Los pequeños parches no solo son blef y carecen de efectos reales o duraderos.

Para crear empleo genuino se necesitan inversiones de mediano o largo plazo, que preferentemente requiera mano de obra intensiva, y para ello, los inversores rastrean en el mundo el país de cada región que resulte más competitivo. Las normas y los institutos laborales no crean empleo.

En nuestro país, somos número uno en el ranking de los impuestos al trabajo más caros, número uno con el mayor costo laboral, y último en nivel de productividad, y primero en lo relativo a la conflictividad colectiva y sindical; y de las legislaciones y la jurisprudencia (sentencias judiciales) contamos con las más arbitrarias y más costosas de la región, en especial en lo que hace a riesgos del trabajo.

En este contexto, la reforma en el mundo laboral es cultural, operativa, legal y convencional. Lo primero es el regreso a la cultura del trabajo, que tradicionalmente fue inspirada por la población autóctona, como lo fue a través de las inmigraciones de españoles, italianos, galeses, judíos de diversas nacionalidades, que aportaron como ejemplo su esfuerzo incondicional para mejorar su situación social y económica. Al respecto, es una inteligente medida en la que el monto de los planes sociales los subsidie el Estado para traspasar a los beneficiarios a través de un puente, aún cuando sea un refrito ya creado por Carlos Tomada en el gobierno anterior, para que ingresen a la economía formal, con un incentivo para los empleadores para capturar, capacitar, entrenar y retener los recursos que hasta ahora se los mantuvo marginados como parte del clientelismo político.

El plan fracasó por efecto de que no se creaban puestos de trabajo, y obviamente, los puestos a cubrir de los planes son residuales, y solo se efectivizarán cuando la oferta del mercado formal se haya agotado con los mejores candidatos. El plan solo tendrá éxito en el futuro cuando existan inversiones y requerirá de algunos ajustes pero está bien dirigido y bien intencionado. Es una fantasía suponer que un régimen legal cree nuevos puestos de trabajo donde no los hay.

Otro tanto lo debe plantear el Estado que debe dar el ejemplo de eficiencia, y por ende, ñoquis, ausentistas, y quienes no cumplan con las reglas o con los requisitos básicos para operar con idoneidad, deberán apartarse para dejar paso a quienes vuelquen su trabajo y esfuerzo a ser mejores cada día. Desplazar a los que no cumplen o a los que no son idóneos es un deber constitucional. En cualquier caso, podría hacerse un plan de reconversión para ellos, a fin de crearles condiciones de empleabilidad. La Ley de Contrato de Trabajo tiene raíces basadas en muchos de los principios que inspiraron a nuestros inmigrantes, de los cuales descendemos la mayoría de los argentinos. Por ende, hay que construir sobre lo construido, y no es necesario destruir cien años de tradición jurídica, si se introducen los institutos que permitan albergar en nuestro marco regulatorio, las nuevas tecnologías y las nuevas formas de organizar el trabajo.

Nuevas normas sobre teletrabajo, home office, trabajo virtual, robotización, digitalización de procesos y de operaciones, jornada y descansos adecuados al trabajo virtual, nuevos parámetros en materia de salarios variables, cargas sociales especiales, marco impositivo del impuesto a las ganancias con una reforma integral basada en el principio de equidad fiscal, son algunas de las reformas que atraerán nuevos negocios, inversiones sustentables, y planes que excedan el marco del corto plazo. Complementariamente, sería conveniente mejorar el sistema de relaciones gremiales, la función de los delegados, la preservación de la paz social, y una reglamentación del derecho de huelga.

En el plano convencional habrá que seguir el ejemplo de la industria petrolera y del Convenio de Productividad y la Adenda que firmaron los gremios de Neuquén, con la participación de las cámaras de operadoras y de servicios especiales. La legislación debe brindar herramientas, los convenios deberán adecuar sus pautas a las mismas, para poder volver a ser competitivos.

Los inversores localizarán en el mundo los lugares que ofrezcan mayores garantías, reglas de juego claras, un régimen impositivo acorde con la promoción de las inversiones, cargas sociales adecuadas, un costo laboral previsible, un sistema sindical basado en la paz social y en la búsqueda de consensos, y un proceso de recuperación de la productividad acorde con los estándares internacionales.

Las relaciones laborales, los recursos humanos, y su marco regulatorio, no alcanzan para seducir al capital con retoques refritos o pequeños cambios. Es esencial promover sin demoras una reforma laboral integral, revolucionaria si revisamos todo los que realmente se necesita, que obviamente no creará por sí empleos, pero fijará las condiciones para que los inversores vean como atractivo otra vez nuestro mercado.

 

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Comentarios2
Jacinto Encina
Jacinto Encina 03/05/2017 10:56:09

Es un buen articulo para sus alumnos, que siguen los pasos de Cavallo . , Machinea ,Prat Gay.Pero para 1 trabajador que labura todos los días y no son los ñoquiz, esto suena a eliminación de derechos laborales adquiridos.

Ezequiel Frandsen
Ezequiel Frandsen 03/05/2017 11:51:48

mucha sarasarasa para imponer nuevamente, y por enésima vez, una flexibilización laboral...