La caída de De la Rúa y las lecciones de la historia

Hoy se cumplen 18 años de su salida anticipada del poder. En medio de una nueva crisis, algo hemos aprendido

Los aniversarios suelen ser fechas de balance y reflexión, pese a que la vorágine de la política argentina no deja a veces demasiado resquicio para revisarla en perspectiva. Hace 18 años, en un día de diciembre como hoy, el entonces presidente Fernando de la Rúa dejaba el poder en medio de la crisis política, económica, social e institucional más feroz que recuerde la Argentina reciente. La triste postal de aquel helicóptero con el ya fallecido mandatario radical abandonando la Casa Rosada, tras presentar su renuncia, vuelve en estas fechas como recurrente dejá vu.

El gobierno de la Alianza, que había llegado al poder con una promesa de cambio que ilusionó a una sociedad hastiada del menemismo, concluía anticipadamente y de la manera más trágica: con saqueos, cacerolazos, protestas masivas, una sangrienta represión, cuya imagen recorrió el mundo entero y, al menos, 35 muertos.

Un día como hoy, De la Rúa presentaba su renuncia, abrumado por la crisis y sin conseguir resolver los problemas que llevaron a la Argentina a un estallido social sin precedentes. Lo hacía aislado, como había gobernado hasta entonces, con el poder reducido a su mínima expresión, ya sin el apoyo de su propio partido, y luego de la salida del entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, a quien el propio presidente había llevado a su Gobierno obstinado en mantener la convertibilidad a cualquier costo, una decisión que terminó de arrojarlo al abismo.

A 18 años de entonces, la Argentina enfrenta problemas estructurales similares a los del colapso de 2001 (niveles de pobreza, recesión, abultada deuda con el FMI...), pero el escenario de aquel diciembre sombrío dejó lecciones que los argentinos parecen haber aprendido.

Hace apenas 10 días, Mauricio Macri le traspasaba el poder a Alberto Fernández dejando a la Argentina sumida –otra vez- en un profunda crisis que tiene puntos de contacto con 2001, pero al menos una diferencia fundamental: una institucionalidad más fortalecida.

El mal presagio de que Macri sufriría la "maldición" de no lograr entregar en tiempo y forma el poder finalmente no se cumplió. Gobernó hasta el último día de su mandato y la Argentina logró cristalizar así una sucesión de tres mandatos constitucionales sin interrupciones, pese a la crisis. En un aniversario como el de hoy, bien vale recordarlo.

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