El impuestazo que salvó la ropa de una crisis que nadie esperaba

Cuando Alberto Fernández asumió, algo más de un año atrás, tenía por delante una situación económica extremadamente delicada. La incertidumbre que trajo el proceso electoral potenció una crisis financiera que disparó el reperfilamiento de la deuda en pesos y la inevitable reestructuración de la deuda en dólares.

Por eso nadie se asombró cuando bajo el nombre de Ley de Solidaridad Social envió al Congreso un paquete destinado a obtener más ingresos fiscales para pasar el año. En ese megaproyecto entraron algunas medidas anticipadas en la campaña, como el aumento de las retenciones o del impuesto a los Bienes Personales, y otros que recogían el espíritu de viejas restricciones, como el impuesto PAIS, que gravó los gastos en dólares y la compra de divisas para atesoramiento.

Nadie esperaba que tres meses más tarde se declarara una pandemia y que la economía global se paralizara casi por completo. Las hipótesis con las que Alberto Fernández imaginaba el 2020 se disolvieron de un día para el otro. Los recursos proyectados en esa ley llegaron a cubrir una pequeña parte del enorme aumento del gasto que habilitó el Gobierno para sostener a todos los sectores y trabajadores afectados por el Covid. Casi todo el financiamiento fue aportado por el BCRA.

Sin embargo, el Gobierno empezó a ver en estos últimos meses el rédito de ese paquete fiscal. Sin muchos de los incrementos tributarios dispuestos a fines de 2019, hubiera sido imposible prescindir del financiamiento monetario. El impuesto PAIS generó en el año $ 134.000 millones, unos $ 30.000 millones menos que todos los tributos internos. Bienes Personales se incrementó 565%, algo improbable sin los ajustes de enero pasado.

Otros números no estuvieron a la altura de lo proyectado. Los derechos de exportación mostraron una caída de 2,7% anual, reflejo del corte en el comercio exterior que causó la pandemia, pero también de las restricciones que padeció el comercio exterior cuando el BCRA debió contener la salida de reservas.

Aunque en los últimos cuatro meses la recaudación tributaria se ubicó por encima de la inflación, el acumulado todavía muestra resultados inferiores: el IVA DGI creció solo 17%, el impuesto al cheque mejoró 29% y Ganancias 33%. El total de recursos tributarios se incrementó 32%, contra una variación de precios estimada en 36%.

En el 2021 esta presión impositiva no va a descender. Así lo anticipó el ministro Martín Guzmán, quien aseguró que los planes de reforma no van a ser inmediatos. Esta es una buena noticia para el acuerdo que la Argentina debe definir con el FMI, y por ende, para la macro. Pero no para los contribuyentes ni para el sector privado, ya que estos pesos solo alimentarán consumo público.

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