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Dengue: el mosquito obliga a reescribir el manual de comunicación de crisis

Dengue: el mosquito obliga a reescribir el manual de comunicación de crisis

‘Crisis abortada’. Esa es la síntesis del episodio de psicosis que generó un correo de Whatsapp que circuló días atrás por toda la Argentina. El falso mensaje había generado en cuestión de horas gran alarma. Una presunta médica del hospital Penna afirmaba que su hospital estaba abarrotado de enfermos de dengue y que el gobierno estaría ocultando las verdaderas dimensiones de la epidemia.


En el ministerio nacional de Salud que conducen Jorge Lemus y su vocero, Patricio Ancarola, una dupla que trabaja en equipo desde la crisis de la gripe A en la ciudad de Buenos Aires, pueden sentirse satisfechos de haber abortado la operación.


¿Fue un ataque de la oposición camporista? ¿Una operación clandestina de un fabricante de repelentes? Quizás nunca se sepa. Para el manual convencional de comunicación de crisis, se hizo lo que se debía hacer: desactivar el pánico.


Pero el dengue y su vector, el mosquito aedes aegypti, están obligando a repensar la comunicación de crisis. ¿Es bueno que la población esté relajada ante la amenaza de un mosquito que trae cuatro enfermedades gravísimas y mortales: dengue, chikungunya, fiebre amarilla y zika y para las que no hay vacuna?


Solo se puede frenar estas epidemias combatiendo al vector, y prácticamente la única manera de hacerlo es eliminando los potenciales criaderos del mosquito: descacharrizando no solo en las casas, sino en todo el territorio urbano, lleno de villas de emergencia, casas tomadas, obras en construcción y terrenos baldíos. Imposible hacerlo sin la participación activa de toda la población y sin una estrategia de comunicación que mueva a la gente a la acción.


La comunicación es la única arma efectiva. La Organización Mundial de la Salud advierte en un manual de comunicación para combatir el dengue: "Nuestras investigaciones demuestran que, pese a que crecen los niveles de conciencia y conocimiento sobre el mosquito, la gente no pasa a la acción. En muchos países la gente sabe que el culpable del dengue es el mosquito, pero aun así no hacen lo que saben que deben hacer, y sus países están llenos de contenedores de criaderos. Lamentablemente, un individuo educado e informado no necesariamente cambia su comportamiento, y las campañas de comunicación convencionales apuntan a informar masivamente, pero no a cambiar actitudes. En muchos países la respuesta estándar es bombardear a la gente con publicidad tradicional y afiches vistosos que no cambian actitudes".


Síntesis: si no se genera un poquito de ‘pánico controlado’, será imposible combatir al mosquito. No se trata de mandar whatsapps falsos y que la gente se tire desesperada por las ventanas. Pero la OMS apunta a que los gobiernos tienen que movilizar, porque informar solo no alcanza. Es una nueva dimensión de comunicación, y para los gobiernos es incómoda: mejor serenar y no movilizar.


El PRO demostró gran capacidad de movilización a través de las redes sociales para fiscalizar y cuidar las elecciones. Quizás sea hora de reescribir el manual de crisis y aplicar ese know how electoral en la lucha contra el mosquito, porque las consecuencias políticas y económicas de un brote descontrolado de dengue caerían indefectiblemente sobre el presidente Macri.


Valga un ejemplo de hace 15 años, cuando Argentina vivió una crisis por falsificación de medicamentos. Al laboratorio Sidus le copiaron un anticonvulsivante que estaba tomando un niño de ocho años con una enfermedad crónica. La estrategia del laboratorio fue publicar una pequeña solicitada en las páginas del fondo de los diarios para cumplir con su obligación de informar a la comunidad, pero a la vez no levantar tanto el perfil como para generar pánico y que sufra la venta de otros productos de Sidus. Resultado: nadie se enteró, y el chico casi se muere. Consecuencia: el caso salió en tapa, y Sidus pasó de víctima a victimario con gran daño a su imagen.


La forma de actuar del laboratorio respondió al anhelo de los directivos de las empresas privadas: tratar de que las crisis pasen con el perfil más bajo posible. La crisis del dengue fue una de las tantas herencias que recibió el gobierno de Macri porque las autoridades anteriores dejaron que el mosquito avanzara y, como era su costumbre, barría la información debajo de la alfombra. Pero se espera para los próximos días un pico importante en la epidemia, y ya hay 15.000 casos en Argentina.


Quizás sea momento de que el gobierno reescriba el manual de crisis y vea que un poquito de pánico hoy puede evitar una gran crisis de imagen mañana.

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