Cómo hizo la Florida para reducir los contagios con su economía abierta

Con 1700 casos diarios, casi cinco millones de testeos y una tasa de positividad que bajó del 25% al 5%, este estado norteamericano de 21,4 millones de habitantes, muestra que el dilema no es salud vs economía

El estado de Florida avanza sin pausa en su proceso de reapertura económica al ritmo de los casos de Covid-19 a la baja.

Ante la disminución de contagios se anunció que los bares, clubes nocturnos, el zoológico y Jungle Island en Miami reabrieron al 50% de su capacidad a partir del 14 de septiembre, extendiendo las medidas de reapertura ya realizadas en el resto del estado. Los restaurantes ya pueden funcionar a capacidad completa.

El gobernador Ron DeSantis anunció además que los colegios públicos del sur de la Florida (la zona más castigada por los contagios), pueden abrir sus puertas para que los estudiantes regresen a las clases presenciales. También abrieron los parques públicos y, con protocolos, está permitida la práctica de deportes colectivos al aire libre.

Esto es así, porque la tasa de positividad, que llegó a picos del 25%, hoy no llega al 5%.

El próximo paso es la apertura de cines, teatros, salas de conciertos y otros lugares de esparcimiento a un 50% de capacidad.

La Florida tiene algunas similitudes con la Argentina. Posee 21,4 millones de habitantes, y como una suerte de AMBA, el 29% de ellos habita en el sur y explican aproximadamente el 43% de los contagios del estado.

Cuando en marzo explotó la pandemia, la situación del sur de la Florida era compleja y su exposición al contagio brutal.

Al Aeropuerto Internacional de Miami llegaban cada día más de 300 vuelos de 30 países del mundo. Es el de mayor tránsito internacional del país detrás de los aeropuertos de Nueva York y Los Ángeles, y por sus terminales circularon 45,9 millones de pasajeros en 2019.

A 40 kilómetros, el aeropuerto de Fort Lauderdale-Hollywood (FLL) recibe cada año a más de 25 millones de pasajeros, y conecta con más de 50 destinos de América Latina y el Caribe, y con unas 150 ciudades dentro de los Estados Unidos. Asimismo, entre los puertos de Miami y Everglades, circulan cada año más de 7 millones de pasajeros de cruceros.

A mediados de marzo, el gobierno estableció un confinamiento obligatorio. No impuso permisos para circular ni controles policiales callejeros, todo quedó librado a la conciencia ciudadana. Nunca se prohibió el ejercicio físico al aire libre con distancia social y todos los comercios esenciales como supermercados, farmacias, ferreterías y talleres mecánicos entre otros se mantuvieron abiertos. Los restaurantes jamás cerraron, aunque en esta primera etapa funcionaron bajo la fórmula del takeout.

Los cielos jamás se cerraron dentro del país, y con protocolos de seguridad sanitaria, se siguió volando. Esto posibilitó el traslado de profesionales de la salud, el reagrupamiento de familias y la vuelta de miles de estudiantes universitarios a sus hogares. A veces los aviones partían con 10 pasajeros, pero lo hacían por tratarse de un servicio social. Lo mismo sucedió con los trenes, autobuses y autos particulares que continuaron circulando con total libertad dentro del país.

De inmediato comenzó una masiva tarea de testeo. A la fecha en Florida se han hecho pruebas a 4.932.000 personas. Es como si la Argentina hubiese testeado a ocho millones de personas, es decir diez veces más que los realizados.

Actualmente se hacen unas 24.000 pruebas diarias, bastante menos que las 50.000 llevadas a cabo durante el pico de junio y julio cuando se registraron hasta 15.000 contagios diarios.

Entre mediados de mayo y mediados de junio dependiendo del condado, el sur de la Florida abrió sus playas, hoteles y restaurantes, estos dos últimos a un 50% de su capacidad. Entre junio y julio abrieron los parques temáticos. Con capacidad limitada y uso obligatorio de máscaras, Disney World, Universal Studios, SeaWorld junto con cientos de hoteles volvieron a recibir al turista, que ahora suele venir de cerca.

Este hecho, sumado a las manifestaciones callejeras por la muerte de George Floyd, o el lanzamiento de un cohete tripulado en Cabo Cañaveral con miles de asistentes, generaron una brusca subida en contagios y muertes. El gobierno sin embargo se mantuvo firme en el cronograma, no volvió atrás y solo ajustó algunas clavijas.

Se anunció una sanción de u$s 100 para quien circulara sin barbijo por la calle, se clausuró algún que otro establecimiento que no respetó las nomas de distanciamiento social, y se impuso un toque de queda entre las 23 y las 6 del día siguiente para que la gente no se quedara tanto tiempo en los restaurantes que terminaban convirtiéndose en pubs. Para el mes de julio, se había recuperado un tercio de los empleos perdidos durante la pandemia, y para fines de agosto, el desempleo bajó al 8,4%.

La estrategia liderada por el gobierno y seguida por la comunidad consiste en aprender a convivir con el virus, siempre con protocolos de seguridad, protegiendo a la economía y al empleo.

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