Alberto y el peligro de convertirse en Scioli

En 1605 Miguel de Cervantes Saavedra le daba vida al Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. En la obra de Cervantes "El Quijote" se encomienda a su amada Dulcinea del Toboso y montado en su fiel caballo Rocinante decide dar batalla a los más desaforados gigantes. Entonces, su fiel ladero le advierte que son solo molinos de viento. Don Quijote responde: "Cambiar el mundo mi amigo Sancho, no es ni utopía ni locura, es justicia. "No puede impedirse el viento, pero hay que saber hacer molinos".

Néstor Kirchner asumió el poder con la legitimidad de los votos y con la debilidad del exiguo 22%. Rápidamente forjó la autoridad presidencial a través de la confrontación como lógica de construcción de poder. El primer enemigo elegido fue el FMI. Un blanco fácil que generaba gran cohesión por la histórica relación entre las políticas de ajuste del organismo internacional y los devenires de la economía argentina.

Alberto Fernández tuvo en estos primeros ocho meses de gestión como única antagonista a la pandemia. La lógica de confrontación como construcción de poder difícilmente pueda aplicarse si el enemigo a vencer es un virus, el Covid-19. Cualquier triunfo en esta lucha es una victoria pírrica. Nada bueno puede obtenerse cuando se cuentan muertos día a día. Alberto enfrentándose al virus es como Don Quijote luchando contra los molinos de viento.

Daniel Scioli levantó todas las banderas que el kirchnerismo le pidió. Pasó de ser el hijo dilecto de Carlos Menem a abrazarse a Hebe de Bonafini. Alberto Fernández una vez en la presidencia justificó el pacto con Irán que él mismo había cuestionado en durísimos términos, y avaló la cláusula Parrilli de la reforma judicial, entre otras claudicaciones inexplicables.

Scioli toleró todos los embates y descalificaciones hasta que Cristina Kirchner con el dedo lo designó candidato a Presidente del espacio. Una vez ungido, le puso de compañero de fórmula a Carlos Zannini, y para gobernador eligió a Aníbal Fernández, el que ganaba caminando. La idea sigue siendo la misma, controlar el poder a través de la vicepresidencia y de la Provincia de Buenos Aires.

En aquella ocasión no pudo ser. Cristina aprendió de sus errores y hoy replicó ese esquema con Alberto Fernández en el Ejecutivo, ella en la vicepresidencia y Kicillof y la Cámpora en la Provincia. Cristina Kirchner tiene el poder de los votos en la tercera sección electoral. El conurbano es el sujeto político más importante del país. Define elecciones, pone y saca presidentes.

El peronismo tiene en su historia ciertas complejidades respecto del liderazgo. Cuando hay percepción de debilidad éste se pone en duda. Hoy el cristinismo es la conducción real del poder. La prueba flagrante es que los temas que debate el gobierno son los que forman parte de la agenda de Cristina: Justicia y medios.

Un dato que refuerza esta idea es la reunión que mantuvo el Presidente con el senador Martín Lousteau. Alberto Fernández quería suspender el tratamiento del proyecto de reforma judicial. Pero buscaba que la iniciativa de esa postergación provenga de la oposición. Por eso el encuentro con el Senador de Juntos por el Cambio.

Un intento de autopreservación del Presidente para evitar otro Vicentin y la agitación opositora en las calles. Tan solo tres horas después, Cristina Kirchner, enterada de la maniobra dilatoria posteó: "Este jueves en el Senado vamos a tratar un proyecto de ley titulado "Ley de Organización y Competencia de la Justicia Federal"

Una vez más, queda claro dónde está el poder. Sabe que en el Senado tiene el trámite asegurado. Luego en Diputados que se arreglen Massa y Alberto, que salgan a negociar ellos con Schiaretti o con Lavagna.

La agenda de Cristina es la misma de hace 10 años atrás. Comenzó en el 2009 con la Ley de Medios, continuó hasta el 2013 con el proyecto de ley llamado "Democratización de la justicia", que proponía, entre otras cosas, poner a los jueces en las boletas electorales partidarias. Cristina ya tiene su mesa judicial. La integran Carlos Zannini, Juan Martín Mena, Carlos Beraldi, Gerónimo Ustarroz, Vanesa Siley y Graciana Peñafort.

El DNU 690/20 determinó que los servicios de Tecnologías y Comunicaciones serán declarados servicios públicos esenciales. Una vez más, se impuso la agenda de la expresidenta. La génesis de ese Decreto hay que buscarla en el Instituto Patria. Comunicado en primer lugar al vicepresidente del Enacom, Gustavo López.

Cristina desconfía de todo aquel que responda según su visión a los intereses de Clarín. De allí su decisión de saltear al titular del organismo, el histórico vocero del Frente Renovador. Las empresas de tecnología con sus casas matrices en España, México y Estados Unidos ya manifestaron su preocupación, primero por la vía diplomática y luego abriendo la posibilidad de nuevos juicios contra la argentina en el Ciadi. La militancia oficial está en Kuarentena. Nadie sabe qué pasará cuando pueda volver a salir y disputar la calle.

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