Velocidad tortuga: las 5 estrategias para que lo urgente no atrase lo importante

por  DANIEL COLOMBO

Facilitador y Máster Coach especializado en CEOs, alta gerencia, profesionales y equipos; comunicador profesional. www.danielcolombo.com

0

Velocidad tortuga: las 5 estrategias para que lo urgente no atrase lo importante

Es una de las peores prácticas en los negocios. La demanda para pedir (tareas, presupuestos, resultados) y la velocidad tortuga para dar feedback son las dos caras de una falta de respeto naturalizada que impacta en la productividad.

¿Te pasó que tu jefe, un cliente o un colega te pide algo con extrema urgencia y, cuando le respondés, tarda muchos días, meses o directamente no te contesta? Es lo que llamo “sentido de urgencia irreflexiva” al pedir, y “velocidad tortuga” para responder.

Se trata de una de las peores prácticas empresariales, profesionales y humanas que circula constantemente en el mundo del trabajo. Es uno de los más visibles rasgos de baja o nula productividad en las empresas.

El no respoder, siquiera brevemente, es una falta de respeto. Además, ese falso sentido de urgencia nace muchas veces de:

  • Un impulso
  • Una decisión irracional
  • Falta de organización y planificación
  • Desconsideración por el tiempo del otro
  • Actuar por reacción e impulso
  • Falsa creencia de querer ejercer cierto dominio sobre la otra persona (vos).

Los que trabajamos por nuestra cuenta lo padecemos diariamente; por ejemplo, cuando nos contactan solicitando determinado producto o servicio, y, por más que satisfagas de la mejor forma todos y cada uno de los requerimientos de la empresa que te convoca, aparece un prolongado “cri… cri…” de distancia y silencio. Y, en muchos casos, ni siquiera responden nunca.

Años después, quizás te haya sucedido que ese tipo de personas, con las vueltas de la vida, te contactan cuando buscan trabajo, una recomendación o necesitando ayuda con algo en particular. ¿Te pasó?

Hay una frase que me gusta mucho: “Ten cuidado con quienes pisas cuando asciendes en tu carrera. Es posible que te los encuentres al bajar”.

Ante estas situaciones repetidas y que forman parte de una forma de “hacer NO hacer” que las cosas funcionen, la base está muchas veces en comportamientos culturales aprendidos donde alguien se cree superior al otro, y por eso quiere hacerte sentir su aparente supremacía. Lo extraño es que lo profesional (y humanamente) apropiado es ser recíproco en la respuesta y en la claridad de la comunicación, ya todo en la vida es un ida y vuelta.

Reglas básicas 

  • Obtendrás lo que das.
  • Si pedís, respondé.
  • Decí gracias.
  • Considerá el esfuerzo y tiempo del otro.
  • El pensamiento y las actividades creativas e intelectuales ajenas tienen su valor: no lo desprecies.
  • Si te aporta una solución a algo que no querés, no sabés o no deseás hacer, esforzate (con más razón) para que quien te brindará ese resultado esté entusiasmado en cooperar contigo.

Cinco estrategias 

1- Reclamar, insistir, hacer seguimiento. Es la vía más frecuente, ya que de aquella urgencia inicial se desprende que la persona verdaderamente anhela que respondas rápido y eficazmente. Merecería darle seguimiento.

2- Trabajar juntos sobre las “urgencias” del otro. Si estás en el mismo equipo o empresa, y tras algunas veces donde te frustrás porque el otro no responde consecuentemente a tu demanda, podés hablarlo claramente y establecer algún protocolo, como un semáforo de prioridades: rojo = muy urgente, amarillo = fecha acordada en corto plazo; verde = importante y hacerlo a tu ritmo (sugiero que acuerden la fecha del deadline, de todas formas). En este caso, podés establecer un protocolo de seguimiento de aquel “urgente" y decidir con qué frecuencia le darás continuidad en tu lista de pendientes. Pasado ese tiempo, si aún así el otro tampoco ha contestado, darás el caso por cerrado y asignarás tu tiempo y energía a otra tarea.

3- Respetar los tiempos. Otra opción es quedarse en la dulce espera de que el otro, en algún momento, se digne responder. Suele ser exasperante si sos ansioso. Y no es apto para los que se decepcionan fácilmente.

4- Marcar la falta de respeto que implica no responder. Es conveniente expresar cómo te sentís cuando sea el momento. Se trata de aplicar tu gestión emocional para no agredir y no permitir que lo hagan con vos. Por ejemplo: si lográs que te respondan, podrías deslizar algo así como: “De mi parte, estoy comprometido y entusiasmado con poder hacer el proyecto. ¿Sabés si siempre las decisiones se demoran tanto como en este caso? Porque han pasado tres meses sin novedades. Sería de gran ayuda para mí para entender cómo es el proceso, y de esta forma poder ir a tu ritmo en cuanto al flujo de trabajo que vamos a compartir.” 

5- Dejar de trabajar con ese tipo de empresas o personas. Si está dentro de tus posibilidades, otra opción es la de elegir no trabajar si no se dan condiciones mínimas para que tu labor pueda ser de excelencia y acercar el resultado que se te exige. Por supuesto, depende de tu situación, el momento, las condiciones y demás aspectos a tener en claro.

Entonces, no se trata siempre de acomodarse a la urgencia irreflexiva para pedir / velocidad tortuga para responder del otro; sino alcanzar la 'altitud crucero' en cada situación, independientemente de lo que genere la otra parte. De esta forma, te impulsarás a redirigir tu enfoque y energía a cosas más productivas. Y, si en algún momento te responden, decidirás qué hacer.

Más notas del autor

La palmadita en la espalda no alcanza: 5 maneras de motivar (sin plata)

Coaching de equipos de trabajo: guía práctica para elegir la mejor opción

Más allá del dólar, cepo y default: 6 maneras de cambiar preocupación por motivación

Comentarios0
No hay comentarios. Se el primero en comentar

Shopping