Julián Fuks:

Julián Fuks: "Lo que pasa en la política nos hiere personalmente"

Considerado uno de los 20 mejores escritores jóvenes de Brasil, visitó Buenos Aires para presentar La resistencia,  un libro de alto contenido autobiográfico. Hijo de psicoanalistas argentinos exiliados, reflexiona sobre la  fragilidad de la democracia en la región. 

Una visita fugaz, pero intensa. Así fue el reciente paso que hizo el escritor paulista Julián Fuks por Buenos Aires, ciudad a la que, una y otra vez, vuelve de las mil maneras. Es que, hijo de psicoanalistas argentinos que emigraron a Brasil en los años 70, su propia historia está trazada entre estas dos naciones en una suerte de, como alguna vez refirió, exilio heredado. Nacido en 1981, presentó La resistencia (Literatura Random House), una novela de fuerte contenido autobiográfico en la que el narrador, su alter ego, Sebastián, escribe sobre su hermano mayor, Emiliano, adoptado poco antes de que sus padres dejaran el país. Escrita desde las entrañas, la obra le mereció el premio Jabuti 2016, uno de los más importantes de las letras brasileñas, y el José Saramago 2017, de Portugal. Mención de Honor del Premio Río y traducido a 8 idiomas, Fuks fue elegido en 2012 por la revista Granta como uno de los 20 mejores escritores jóvenes de Brasil. En un mano a mano con Clase Ejecutiva, habló sobre su tarea como escritor y compartió su visión sobre los procesos políticos que atañen a América latina. 

¿Cuánto hay de autobiográfico en La resistencia? 
Casi todo. Quería hablar de la adopción de mi hermano y de la historia de mis padres. Hay un contexto mayor que es real, pero que se convierte en ficción porque voy encontrando palabras que distorsionan lo que fue la experiencia, narrando cosas que no conocí. No estaba en Buenos Aires mientras escribía el libro, sino en París. Y no tenía ningún sentido que mi narrador estuviera en Francia hablando de la Argentina. Los detalles se transforman para que sea más expresivo.

Como escritor nacido en Brasil de padres argentinos exiliados, ¿se puede hablar de una suerte de tensión identitaria?
Sí. Estas cuestiones identitarias no traen respuestas rígidas sino que se construyen a partir de nociones inestables. En algunos aspectos soy brasileño; en otros, no. En algo me acerco a la Argentina. Pienso en identificaciones con este país: me interesa su literatura, autocrítica y autorreferencial. Pero me siento cada vez más brasileño. Sin embargo, era como una relación con la Argentina que tenía que comprender y superar. Por haber nacido en Brasil durante el exilio de mis padres, quería venir y conocer lo que pude haber sido y no fui. El libro Procura do romance, cuyo narrador también es Sebastián, es más argentino. Pensaba que no necesitaba volver a escribir sobre eso. Después, cuando empecé a escribir sobre mi hermano, volví a hablar sobre Buenos Aires y el origen de mis padres. El próximo libro es mucho más brasileño.

¿Qué género explorás en esta siguiente obra?
Sigo en la autoficción. Es algo que ahora se convirtió en la única posibilidad. Ya no me veo capaz de inventar propiamente, de fabular. Escribir en este momento es para mí tener algo como un compromiso con la experiencia, con la vivencia, olvidando por un instante las cuestiones problemáticas de la palabra real. Pero el próximo libro tiene relación con La resistencia. De nuevo, lo narra Sebastián. Es mi voz, pero con otro tema. Se titula La ocupación y trata sobre la cuestión política de ocupar y resistir: una ocupación de sin techo en el centro de San Pablo, pero también el cuerpo ocupado de una mujer, mi mujer embarazada. Y la literatura, que se convierte en un tipo de ocupación también.

¿Fue liberador escribir sobre la historia familiar?
En varios aspectos, sí. Tenía ese sentido: hablar sobre lo que no nos permitíamos nombrar o mencionar y que me parecía importante decir. Tenía un poco el sentido que tiene el psicoanálisis, y que la literatura puede tener también. Para mí era también un tipo de literatura de intervención, en el ámbito familiar, para hablar directamente con mi hermano y con mis padres. Fue, sí, liberador, pero fue, también, difícil. Fue un proceso de idas y vueltas, de incomprensiones, de explicaciones agotadoras.

¿Cómo ves a Brasil hoy?
Veo con profundo desaliento lo que está pasando. Hace unos años era inimaginable que estaríamos en una situación como esta. Viví casi toda mi vida en un país más que nada democrático. Se hablaba en Brasil de que la prensa sería golpista y estaría queriendo sacar al gobierno. De eso se habló durante años y me parecía exagerado. Y de repente, de un minuto a otro, surgió la oportunidad de sacar a un gobierno del poder. La gente estaba en las calles pregonando una cosa que antes nunca ocupó las calles. En Brasil, al menos. Las calles eran de la izquierda y en 2013 eso se dio vuelta. Las cosas se organizaron de tal manera en Brasil que pude sentir por primera vez la fragilidad de la democracia. Estamos en una situación que parece devolvernos a una noción muy simple: vivimos en países frágiles. Es imposible creer en un cambio social, por lo menos para este momento, conciliatorio, como se propuso en Brasil durante los gobiernos del PT.

¿Cuáles fueron las repercusiones de tu “Fuera Temer”? (NdR: Al recibir el premio Jabuti, en noviembre de 2016, agradeció al público y gritó: “Fora Temer”).
Negativas no recibí. Algunas personas pudieron decir que no era el lugar, pero fueron minoritarias. En la literatura, en la cultura, se tiende a tener un pensamiento de izquierda, así que recibí mucho más apoyo que cualquier otra cosa. Siento que en este momento las cosas están muy conectadas: el interés en una postura política, en la postulación de que un escritor debe pronunciarse, y la apreciación de una novela. En este momento me interesan más los escritores que están más conectados con un presente. Lo que pasa en el campo de la política nos hiere muy personalmente.

Hoja de ruta
Nacido en San Pablo en 1981, Julián Fuks es escritor y traductor. Doctor en Literatura por la Universidad de San Pablo, publicó, entre otros, Histórias de literatura e cegueira (2007), Procura do romance (2012) -ambos finalistas de los principales premios brasileños- y La resistencia, con la que ganó los premios Jabuti (Brasil) y Saramago (Portugal), y obtuvo el segundo lugar del Océanos 
(auspiciado por Itaú Cultural). 

¿Se hereda el exilio?
Es impresionante cómo estos destinos están definidos por detalles y decisiones que, a veces, son casuales. Mis padres, camino a otra parte, terminaron en Brasil. Después volvieron. Vivimos acá dos años. Las decisiones son muy circunstanciales y muy definitivas de quiénes somos. La vida individual puede ser influenciada por destinos colectivos. En Brasil, todos los horizontes están abiertos. Todo es improbable. Y puede pasar de haber algún tipo de persecución política. Ya empieza a haber una preocupación por la censura, por un sstatus quo persigue a artistas... No es impensable que volvamos a caer en una situación de tener que salir del país. Es improbable, pero...

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