Creó una marca de diseño de autor en Palermo que es un éxito en Japón

Creó una marca de diseño de autor en Palermo que es un éxito en Japón

Mariana Cortes creó Juana de Arco, pionera del diseño independiente. Sus estampados textiles, técnicas ancestrales de tejido y telas recicladas se exportan hace 15 años a Japón. 

Cuando Mariana Cortes llegó a Palermo Viejo, en 1998, el barrio era un lugar frío, con adoquines, talleres mecánicos y poca gente en las veredas. En el Bar Imaginario Cultural era posible ver filmes de Roger Corman y H. P. Lovecraft, toparse con el Indio Solari o escuchar a Skay Beilinson con la banda de la casa, La Doblada. A la vuelta, en El Salvador al 4700, Cortés inauguró Juana de Arco, una tienda-taller donde convivían ropa interior multicolor de algodón, exposiciones de arte y encuentros literarios.

Tras la crisis de 2001, Palermo Viejo fue el refugio de la primera camada del diseño (universitario) de autor, que distinguiría a la moda argentina en el mercado internacional. En ese contexto, Cortés profundizó su especialización en estampados textiles, empezó a exportar a los Estados Unidos y así conoció a Takanao Muramatsu, CEO de HP France, que convirtió a la marca Juana de Arco en un negocio rentable con proyección global, que incluyó un pop-up store en Ginza, uno de los distritos  más chic de Tokio, y una tienda en Monte Sano.

Veinte años después, Juana de Arco celebra el recorrido de un proyecto único, porque así lo piensa la diseñadora que llegó desde Arribeños con la idea de profesionalizar el gusto por la costura que despuntaba en las tardes de siesta sin imaginar que sería la piedra fundacional de una nueva etapa. Ilusiones de una mujer que dibuja sobre papel las ideas que la sensibilizan, las lleva a prendas –street wear, under wear, yoga wear, niños, hombres, home– y que a fin de año llegarán al museo.

¿Cómo pasó que tu marca fue fichada por uno de los grandes distribuidores de moda en Japón?

En 2004, el grupo HP France vino al país a buscar diseñadores. Ya estaba vendiendo ropa interior en los Estados Unidos y ellos compraron un muestrario. Desde entonces, vienen cada temporada a comprar las colecciones y viajo cada año y medio a promocionar la marca. Es un puente muy largo pero también una conexión que resulta súper natural: a ellos los emociona y a mí me es natural diseñar así.

¿Cuánto adaptás tus colecciones para el mercado asiático?

Juana de Arco es una, es el mismo producto en todo el mundo. Sí, modificamos los largos para Asia y también pasa que compran más el talle 2 porque usan la silueta cada vez más holgada aunque son muy flaquitas. Siempre hago la temporada que me corresponde acá y ellos compran un año adelantado.

¿Cuál es el diferencial de tu marca de diseño de autor?

Tenemos una colección clásica que siempre está disponible. Lo que detectamos que la gente quiere y se agota rápido cada temporada, pasa a quedar en ‘clásico’. Cada colección tiene 100 modelos diferentes entre sí, como una idea de infinito, de que todo es parecido pero no es lo mismo. Detrás de todo hay una investigación de tendencias que hacen mis asistentes, porque trato de no contaminarme y mantenerme lo más cruda posible.

Sos una de las pioneras en aplicar el concepto de sustentabilidad a la moda argentina.  Incluso el trabajo con cooperativas es una de las claves de tu empresa.

La línea Nido se hace con los retazos que quedan. El reciclado de Juana nace de los desperdicios que tenía con las remeras de modal: así empecé a hacer la ropa interior multicolor, que se destacó porque en el mercado sólo había blanco, negro o beige. El trabajo con las cooperativas surgió por iniciativa de un ingeniero que contratamos como asesor para eficientizar procesos, quien nos conectó con Enhebrando Metas, de Santa Fe. Hice un recorrido con el Ministerio de Acción Social y pronto vamos a sumar otras cooperativas. Es algo que me interesa: si no me sensibilizo con el origen de mis insumos, no lo puedo transmitir. Si conocés la cadena productiva, sabés lo que estás vendiendo. Uno de nuestros diferenciales es que trabajamos con el ñandutí de las tejedoras de Paraguay. Luego sumamos crochet, patchwork y otras técnicas artesanales.

La industria textil atraviesa una fuerte retracción del consumo. ¿Cómo está el panorama para tu empresa?

El año pasado tuvimos una crisis muy grande que decantó en que hoy estemos más ordenados. Es una empresa familiar - mi marido, Juan Lanusse, es el CEO- que puede crecer mucho más porque es sólida y original. De hecho, la clienta de Juana colecciona las prendas. Pero es difícil mantener el proyecto.

¿Es cierto que creaste tu marca porque, a fines de los ’90, no había demanda de diseñadores universitarios en la industria textil?

Me recibí en la FADU a los 21 y luego nos fuimos con tres compañeras a Europa. Ver la calidad, la diversidad y la creatividad de lo que puede hacerse en moda fue como un viaje de estudios que registré en un cuaderno. Cuando volví, busqué trabajo pero no había espacio para los diseñadores. Luego de hacer un curso de diseño de bikinis, empecé a comprar recortes de lycra en Once, combinarlos y venderlas. En paralelo, me puse a pensar qué  recursos teníamos en el país que me permitieran hacer algo distinto, porque suéteres negros fabrica todo el mundo. Ahí apareció lo artesanal, el color, lo latinoamericano, que son conceptos que me emocionan tanto como el desarrollo de técnicas de estampado. Me dije: “Si en verano hago bikinis, en invierno debería hacer tejidos”. Así que llamé a las tejedoras de mi pueblo para pedirles cosas que me gustaban. Al año siguiente, como vendía bien, abrí el local en Palermo Viejo. Fue todo intuitivo, impulsivo y con inocencia.

¿Cuándo tomaste conciencia de que habías dado con un nicho?

Al principio imaginaba que iba a volver a mi pueblo y, como mucho, iba a tener un tallercito. Me fui quedando por el impulso de hacer algo distinto. Es muy particular el caso de Juana… Me demostró que, si hay amor, todo se encamina. Y que, con paciencia, llegás a todos lados.

 

Moda al museo

Para celebrar sus 20 años como marca de diseño independiente, Juana de Arco tendrá su retrospectiva en el Museo del Traje de Buenos Aires, en paralelo con otra muestra que se verá en Japón, su principal mercado internacional. Se tratará de una exhibición con piezas rectoras del repertorio de la marca, incluidos dibujos icónicos de sus estampas. “Doné 80 prendas para que el museo tenga una colección contemporánea de la primera generación de diseño de autor del país”, detalla Cortés