Una muestra para ingresar al universo de brillo y cartón de Marcelo Pombo

Una muestra para ingresar al universo de brillo y cartón de Marcelo Pombo

En la galería Barro tres instalaciones del artista que emergió del Centro Cultural Rojas funcionan como puerta de ingreso a su estética influenciada por el kitsch y la marginalidad. 

Como si fuesen los actos de una obra de teatro, Marcelo Pombo (1959) despliega en tres salas en la galería Barro “Templos de barrio” un conjunto de escenas que funcionan como una cristalización del momento en dónde el espectador puede detenerse para conocer un poco de la trayectoria del artista y de sus trabajos recientes.

Pombo es uno de los referentes del Centro Cultural Rojas, el espacio que aglutinó a fines de los ’80 a quienes exploraron la estética kitsch, decorativa, light y de consumo popular en su arte. En sus trabajos, mezcla de ready-made, collage, objeto e instalación, utiliza materiales menores, bordea la marginalidad y filtra fragmentos de su vida como el hijo de una familia de clase media baja del conurbano desde un lugar surrealista y costumbrista.

Antes de la inauguración recorrió con un grupo de periodistas la exhibición en la galería boquense. Para comenzar a dar cuenta de sus recientes trabajos vuelve a sus inicios, allá en el Rojas.

“(Jorge) Gumier Maier escribió los dos primeros textos que se hicieron sobre mis trabajos en los ‘80. El primero decía ‘joven artista popular’ y el segundo, en el 89 en mi muestra en el Rojas, decía ‘por detrás de esas formas juguetonas aspira a lo sagrado’”, recuerda.

Y continúa: “Yo no tenía una idea previa sobre mi hacer y realmente fue como una especie de programa de trabajo ese señalamiento. Con el tiempo no pude separarme de eso porque tal vez dio en el punto”.

Pombo habla parado en el medio de la instalación que abre la exhibición. Se llama “La destrucción del templo de Jerusalén” y son grandes bloques rectangulares forrados de plateado desparramados por la sala sin orden más que el necesario para transitar entre ellos. Las referencias comienzan a dispararse en el espectador y el artista las aprueba.

“En esta primera sala lo que quise hacer es una instalación casi convencional de arte contemporáneo – explica- con una marca propia y también de mi generación artística que era mezclar la geometría con lo kitsch, el surrealismo popular, una especie de minimalismo trucho y pobre”.

Para “La destrucción del templo de Jerusalén” las referencias cruzan judaísmo, Malvinas, la espera de un mecías que todo lo venga a resolver, la defensa del territorio y, por supuesto, su historia personal. A principio de la década del 80 Pombo trabajaba en imprentas con el fin de juntar dinero para viajar por América Latina, pero una amenaza de embargo al hogar familiar desvió el destino de sus ahorros. Cuando la ilusión del viaje se diluía, una posible convocatoria a pelear en el archipiélago lo empujó a exiliarse en Brasil.

Si por momentos el diálogo entre las obras no surge Pombo se encarga de aclarar que es posible que así suceda. “Esta muestra la trabajé como quien hace una canción pop: algunos versos con ideas claras; otros con ideas vagas, en donde lo que prevalecía era la idea de la rima, del ritmo que se adapte”, apunta.

El sábado 27 de abril, a las 17, Marcelo Pombo, Cecilia Pavón y Francisco Garamona harán “Poesía y canciones en los Templos de Barrio”.

En una segunda sala nuestro mesías del primer espacio se corre de su rol y nos trae el nacimiento de otro elegido de una manera sencilla y al estilo Rojas. En la instalación “Bruma de Belén en el Riachuelo” erige un pesebre de cartón con figuras geométricas. El niño Jesús esta representado como un rectángulo rojo recubierto con brillantina. Una representación sencilla para una historia universal.

Foto: prensa Barro

Pombo explica que en esta instalación quiso dejar constancia de una “operación” que funciona como mantra en su vida: “Al dolor ponele brillo”. “Creo que tiene que ver con el activismo sexual o la historia gay que es a ese ladrillo de sangre convertirlo en brillantina, en algo que tenga que ver con la celebración, el trascender la injuria y el dolor”, se explaya.

Además de los reenvíos a la vida personal de Pombo que operan en sus obras el artista las enmarca en la herencia del arte argentino bajo sus propias hipótesis. “Creo que artísticamente en el Rojas no hicimos otra cosa que mirar con atención y amor los dos momentos de grandeza, en mi opinión, y apogeo de las artes visuales de Argentina: la segunda mitad de los años 40, con Madí y el Grupo Arte Concreto Invención, y los ‘60 con el Instituto Di Tella”, indica.

El resultado de dos momentos artísticos del país fue, según Pombo, la estética del Rojas que mezcla abstracción, pop y surrealismo popular y chabacano. “A esto le ponemos un poco de decadencia y pobreza, unas gotas de pasado de activismo sexual y tenemos lo que ven y lo que fue”, sintetiza.

El templo de templos

La sala que cierra la muestra fue configurada como la planta de una iglesia católica con su nave central que desemboca en un altar. En las naves laterales pequeñas cajas que Pombo también llama templos, cada una con su historia particular. “Me gusta habitar el templo y cambiar de alguna manera, torcer, ese significado. Mi religión es el arte así que acá están estos templos”, apunta.

Marcelo Pombo entre sus templos.

“Templo de las exquisiteces”, “Templo de la caca encantada”, “Templo del ladrillo de oro”, “Templo de las golosinas raras”, “Templo del paisaje divino” y “Templo de María” encierran cada uno pequeñas historias; puede ser un homenaje a “los pobres con aspiraciones que no reivindican la pobreza como algo político”, un retorno a su historia personal respecto a la vivienda familiar, a esta altura admite “una obsesión”, o al trabajo manual con ladrillos como forma de construir las propias aspiraciones.

“Templos de de Barrio” de Marcelo Pombo se puede visitar en la galería Barro, Caboto 531, hasta fines de mayo.

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