Muntaabski en el Fortabat: diálogo en clave rusa con las bailarinas de Chiparus

La artista reconocida por trabajar con vidrios y mosaicos venecianos fue invitada por el museo para poner en diálogo sus obras con las del escultor rumano. 

Muntaabski en el Fortabat: diálogo en clave rusa con las bailarinas de Chiparus

“¿Qué tengo que ver yo con Chiparus?”, se preguntó Nushi Muntaabski, la artista reconocida por trabajar con vidrios y mosaicos venecianos, cuando la Colección Fortabat la invitó a poner en diálogo sus obras con las del rumano en el marco del proyecto Explorando la Colección Fortabat. De la mano de la curadora Cristina Schiavi se trasladaron a la Europa de entre guerras donde encontraron los puntos de coincidencia entre ambos.

Demetre H. Chiparus (1886 – 1947) nació en Rumania, se formó en escultura en Italia y desarrolló su carrera en París. Después de la Primera Guerra Mundial, en paralelo a la popularidad de los ballets rusos de Diaghilev y el art decó, comenzó a trabajar el tema de las bailarinas que le dio fama a su carrera. Las realizaba en marfil y bronce y las dotaba de exotismo.

La Colección Fortabat cuenta con tres esculturas de Chiparus, dos bailarinas y una figura humana que se asemeja a Pierrot. Con este trío en mente convocó a Muntaabski y a Schiavi para que trabajasen en conjunto en poner en diálogo la obra de la artista con la del rumano. Aquello que en un principio se percibía como una asociación imposible resultó en una conexión que escapa a las épocas, los materiales y los temas.

Muntaabski es una apasionada de la cultura rusa. “Mi papá era trotskista. Rusia estaba mucho en casa, desde la historia, la música, el alcohol”, recuerda en la cafetería del museo, donde congregó a un pequeño grupo de periodistas y amigos vinculados al arte. Había trabajado en instalaciones y obras a las que impregnó de temática rusa y fueron ellas las que le despertaron el vínculo con Chiparus.

En el segundo piso del Fortabat la instalación El infortunio recuerda la trágica leyenda vinculada a Iván el Terrible y a Anastasia, su primera esposa. La historia afirma que la joven era la única capaz de calmar el mal temperamento del zar, cualidad que le daba una especial influencia sobre este y sus decisiones. De manera sorpresiva, la joven enfermó y falleció. Iván sospechó que su mujer había sido envenenada y salió de cacería por el imperio en busca de los enemigos internos al régimen. El tiempo, los avances científicos y los restos de la joven confirmarían las suposiciones del monarca.

El tema de El infortunio gira en torno a esta leyenda. El cuerpo sin vida de Anastasia yace de espaldas, sin revelarnos su cara, y sobre este Iván, en actitud desconsolada, y a quien tampoco se le puede ver la cara. Muntaabski se inclinó por los materiales blandos para los cuerpos y los trajes típicos rusos; incorporó al vestuario las mostacillas, los mosaicos venecianos y las piedras con las que suele modelar. La obra es densa, oscura y brillante al mismo tiempo, esconde algunas de los sentimientos que vivió la artista en los últimos tiempos de los que apenas se refiere durante el té que comparte con la prensa.

El cuerpo de Iván y Anastasia se disponen de forma que parecen encajar a la perfección, como una coreografía de la desgracia, de la tristeza y la desolación. Los sentimientos se expresan con el cuerpo, tanto si son de felicidad como de tristeza. La danza es también expresión del cuerpo, movimiento que las bailarinas de Chiparus a un costado de la sala manifiestan con su actituda aunque estén hechas de mármol y marfil.

Las obras de Nushi Muntaabski en diálogo con las de Demetre Chiparus pueden verse en la Colección Fortabat, Olga Cossettini 141, hasta el 1 de marzo.

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