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Mayo de 2025. Alfredo Caputo entra a una inmobiliaria de Lomas de Zamora buscando “algo distinto”. El agente no entiende. “¿Qué es integrar una casa a la comunidad?”, pregunta confundido. A los 15 días vuelven. El tipo da vuelta su monitor y le muestra una casona histórica en Adrogué. “Eso quiero”, dice Caputo. “Qué lástima, se alquiló ayer.”

Pero Caputo conoce esa casa. Es Villa Lola, la antigua propiedad de la familia Rimassa, amigos suyos. A las 13 se reúne con ellos en la casona. A las 17 los dueños tenían programado firmar otro contrato. “No firmen”, les dice Caputo. “Voy para allá.” Toma la decisión solo, en cuatro horas. “Me vi entre la espada y la pared”, reconoce. “Es un propósito familiar, pero hay momentos en que se tiene que decidir.”

Hoy, siete meses después, Villa Lola es una librería y centro cultural de unos 60.000 libros distribuidos en 786 metros cuadrados. El 26 de noviembre abrió sus puertas tras una restauración integral de una casona de 153 años, declarada Patrimonio Histórico. La inversión fue significativa -Caputo prefiere no especificar el monto- y el punto de equilibrio requiere vender entre 60 y 70 libros por día. Al momento de la entrevista llevaban 21 días abiertos. Todavía no llegaron.

Décadas en Paidós y Gedisa: el capital que hizo posible Villa Lola

Caputo tiene 74 años y pasó décadas como director de Paidós y varios años también de Gedisa en México, dos de las editoriales más prestigiosas del mundo hispanohablante. Gestionó la distribución de catálogos en toda Iberoamérica, incluido los Estados Unidos de habla hispana. Conoce a editores, libreros, distribuidores de todos los países de esa basta región.

Ese activo -relaciones, conocimiento de la industria- es lo que hace posible Villa Lola. “Si yo tengo una buena máquina, sé que cuento con ese activo y mi imaginación va a ser una. Si no cuento con nada, mi imaginación va a ser otra”, compara. “No se me ocurriría en absolutamente nada que no fuera lo mío.”

¿Y por qué no una editorial? “Para concebir una editorial como yo la entiendo, no tengo la edad. Me faltarían años. El único aliado que tenés es el tiempo. Más que el dinero.” Una librería era la opción. Pero no cualquier librería, en el sentido de lo estrictamente comercial, sino un centro de encuentros, libros, artes y actividades que pueda integrarse a una gran comunidad.

El día de la inauguración, durante noviembre de 2025.
El día de la inauguración, durante noviembre de 2025.Eugenio Cornachione

Un proyecto familiar: de Sudáfrica a Adrogué para abrir una librería

De sus tres hijos, dos están en el proyecto. María Pía, 48 años, volvió de Sudáfrica en mayo, donde vivió sus últimos años. Su marido, abogado penalista con 18 años en una empresa que presta servicios al Estado, dejó todo. “Era como una presión muy grande decir: ‘¿Estás seguro que querés trabajar para el libro y un libro que todavía no entendes porque es en otra lengua?’”, cuenta María Pía. “Su lengua natal es el afrikaans. Pero le gustó mucho la idiosincrasia argentina. Toma mate todos los días.”

Guillermina, 43 años, la otra hija, completa el equipo junto a la madre que los acompaña en los detalles. El hijo varón vive en España, pero vinculado a las ciencias. “Mis hijas siempre han vivido muy próximas a la vida del libro, muy próximas a mi actividad”, dice Caputo. “Teniendo todo este activo latente, les dije: aprovechen esta oportunidad que puede brindarles continuidad en este mundo inagotable de vida que tanto aman.”

Pero subir a la familia al proyecto lo angustia. “He sufrido mucho en todo este tiempo. Alié a quienes son mi sangre. Si me va mal, por más que me digan ‘no tenés la culpa’, a mí me va mal. Subís a todos al avión.”

Las noches sin dormir fueron frecuentes a lo largo de casi todo el año. “Nosotros como familia tenemos una concepción de las obligaciones: no podemos deber un solo peso a nadie. Prefiero no comer, pero no deber.” Durante los seis meses de obra, “la caja solo tenía salidas, ni una entrada. De repente te llega el imprevisto del día: ‘Tenemos que salir a comprar algo que no estaba previsto.’ ¿Cuánto cuesta? Siempre un equis de miles de pesos. No tengo más plata", dice.

Seis meses de restauración en una casona de 153 años

La casona estaba “absolutamente venida abajo”, como sucede con casonas que permanecieron cerradas por mucho tiempo, cuenta Caputo. Construida en 1872, fue habitada por generaciones de la familia Rimassa, inmigrantes genoveses. Teresa Rimassa, anticuaria y decoradora, fue su última moradora hasta su fallecimiento en 2001. La casa fue escenario de filmaciones como “Boquitas pintadas” y “La casa del ángel”, con Alfredo Alcón trabajando entre sus paredes.

La decisión fue restaurarlo completamente, así que de mayo a noviembre trabajaron todos los días menos los domingos. Llegaron camiones llenos de árboles que debieron ser cortados y tratados para apuntalar el piso original. También se mantienen los techos abovedados y el aljibe del ingreso, así como patios cubiertos y al aire libre que son maravillas muy bien conservadas y recuperadas de la casa original.

En la fachada, la artista Florencia Menéndez pintó un mural de siete metros de altura que se descubrió el día de la inauguración, cuando el municipio entregó la Ordenanza 13.849 que declara a Villa Lola de Interés Municipal y Cultural.

La sala principal de Villa Lola, nueva librería en Adrogué.
La sala principal de Villa Lola, nueva librería en Adrogué.Eugenio Cornachione

Villa Lola, centro cultural: ‘No somos comerciantes, buscamos integrar a la comunidad desde la cultura

Caputo fue “23 millones de veces” a la municipalidad para hacer trámites. “Les dije: ‘Miren, ustedes no están hablando con un comerciante. Expliquenme porque no sé nada de todo esto.’”

La confusión es generalizada. Algunos vecinos creen que Villa Lola es municipal. “El otro día un comerciante nos preguntó: ‘¿Es cierto que eso es de la municipalidad?’ Me contó su teoría: como es patrimonio histórico y no se puede tirar, la municipalidad asumió la locación y la concesionó a una librería.” Caputo se ríe. “Es una locura. Somos la familia Caputo.”

La gente entra desconcertada. “Van mirando, observando, escuchan la música, miran el arte, el mural. Y preguntan: ‘¿Pero esto qué es? ¿Una librería, una cafetería?’ Es todo. ‘¿Se puede pasar?’ Sí, esta es su casa.”

El plan de negocios: 60 libros por día para cubrir gastos

“De libreros no sabemos nada. Sabemos de libros, sabemos de editoriales, sabemos de actividades culturales y de comunicación, pero de libreros no sabemos, porque es un oficio verdaderamente particular”, reconoce Caputo. Por eso, antes de empezar, contrataron a Freddy Aballay, un librero con 40 años de experiencia.

Él fue quien diseñó todo el layout de la librería. Cuatro salas distintas, cada una con un color en la señalética. Verde para humanidades (filosofía, psicología, arte). Ocre para la narrativa (novela, poesía). Rojo para infantil y juvenil. Azul para los grandes públicos, desarrollo personal, salud, entre otros.

Pero de números, Caputo sí sabe y el cálculo es preciso. “Cuando abrís la puerta ya no hay más inversión, hay un gasto de estructura y un costo de mantenimiento. Tenés que saber con qué dotación de personal vas a contar, con qué cantidad de libros, de qué editoriales, qué descuentos te van a dar. Y entonces: cuántos libros tengo que vender para pagar todo este gasto, y cuántos otros si yo quiero sacar algo para mí.”

La respuesta: entre 60 y 70 libros diarios para cubrir gastos. “Lo cual es fuerte. Todavía no hemos llegado a ese punto”, admite a los 21 días de apertura.

Sobre recuperar la inversión inicial, es cauteloso: “No te lo sabría contestar. Es aún muy temprano para poder estimarlo. Recuperar la inversión es una cosa. Que el margen pueda cubrir los gastos en el día a día es otra.”

Por qué Adrogué: una deuda cultural con el Conurbano Sur

La ubicación no es casual. Villa Lola está en Intendente González 921, frente a la Plaza San Martín, a metros de la estación de tren. En el corazón de un Adrogué que perdió mucho de su identidad cultural.

En Adrogué “vivió Borges, también Ricardo Piglia, acá había un teatro, bibliotecas, el Hotel Las Delicias”, enumera Caputo. “Y de repente fue todo arrasado. ¿Qué quedó? Una calle central convertida en una gran arteria comercial.” Hace una pausa.

La nostalgia es palpable. “Nunca hubo nadie que apostara en serio por una librería integrada a un centro de cultura en zona sur. Yo nací en el 51. Las únicas librerías que existían en la provincia eran las papelerías. Para comprar un libro tenía que ir a Capital.” Pero algo está cambiando, y Caputo y equipo apuestan a la descentralización.

La pintura de Villa Lola hecha por la artista Bijou. El original, enmarcado de manera muy especial, se encuentra dentro de la librería.
La pintura de Villa Lola hecha por la artista Bijou. El original, enmarcado de manera muy especial, se encuentra dentro de la librería.Eugenio Cornachione

Más que libros: programación cultural 2026 y alianzas editoriales

Villa Lola no es tan solo libros. Ya tienen programación para 2026. Estamos trabajando para ver si podemos traer en agosto a Marc Solms, neurocientífico sudafricano que estudia el cerebro subjetivo, situado en la zona más profunda de la masa encefálica. Trataremos de trabajar con las instituciones con el propósito de instalar un marco adecuado en materia científica y social."

También habrá una sala de arte que comenzará exponiendo con artistas de primer nivel: Eduardo Stupía, Juan Andrés Videla y Luis Ortega. Y además, se llevarán a cabo talleres, charlas, conversatorios, debates literarios, ciclos de cine, entre diversas propuestas todas de orden cultural.

Villa Lola lleva 21 días abierta. La comunidad agradece. Los números todavía no cierran. Pero Alfredo Caputo, a sus 74 años, prefiere equivocarse que no haberse animado.

VILLA LOLA EN NÚMEROS

  • Superficie total: 786 m² (258 cubiertos, 528 descubiertos)
  • Libros: 55.000-60.000 ejemplares
  • Punto de equilibrio: 60-70 libros vendidos por día
  • Tiempo de obra: 6 meses (mayo-noviembre 2025)
  • Apertura: 26 de noviembre de 2025
  • Equipo: Familia Caputo + Fredy Aballay (40 años de experiencia) + Colaboradores
  • Reconocimiento: Ordenanza 13.849, Interés Municipal y Cultural

LA CASONA

  • Construida en 1872 (153 años)
  • Patrimonio Histórico municipal
  • Familia Rimassa (inmigrantes genoveses)
  • Filmaciones: “Boquitas pintadas”, “La casa del ángel”
  • Restauración: pisos de pinotea totalmente apuntalados, techos abovedados, aljibe
  • Mural de 7 metros pintado por Florencia Menéndez