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A pocos kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, aparece un destino que conserva la calma de los pueblos antiguos y la calidez de las comunidades pequeñas. Cortínez, ubicado en el partido de Luján, se volvió en los últimos años una de las escapadas favoritas de quienes quieren frenar el ritmo sin viajar demasiado.

Con calles arboladas, casonas bajas y una estética que remite a otros tiempos, el pueblo ofrece una combinación difícil de encontrar cerca de la ciudad: tranquilidad real, espacios amplios y una gastronomía sencilla pero de calidad.

Cómo es Cortínez: un pueblo para caminar sin apuro

El corazón del pueblo está marcado por el Boulevard Dr. Muñiz, un corredor arbolado que en otoño despliega una postal cinematográfica. Los tonos ocres y rojizos contrastan con las casas de ladrillo visto, muchas de ellas construidas entre fines del siglo XIX y comienzos del XX.

Ese paisaje, sumado a la amabilidad de los vecinos y al ritmo pausado del lugar, genera una sensación inmediata de desconexión. No hace falta planificar demasiado: basta con caminar, sacar fotos, sentarse bajo un árbol y dejar que el tiempo pase lento.

La historia: el ferrocarril como origen y motor

Cortínez nació alrededor de las vías. Su origen se remonta a 1888, cuando la extensión del ramal del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico impulsó la llegada de trabajadores, productores y familias enteras. La estación —instalada en terrenos donados por Domingo Amestoy— funcionó como punto clave para transportar leche y cereales hacia Buenos Aires, una actividad que definió la economía regional durante décadas.

Con la nacionalización de los ferrocarriles en 1948, la estación pasó a formar parte del Ferrocarril General San Martín, integrando al pueblo en un corredor productivo que marcó su identidad y su arquitectura.

Sin grandes estructuras turísticas ni multitudes, Cortínez se posiciona como una alternativa cercana y auténtica. Foto: Municipio de Luján.
Sin grandes estructuras turísticas ni multitudes, Cortínez se posiciona como una alternativa cercana y auténtica. Foto: Municipio de Luján.

Qué hacer en Cortínez: pausas largas y sabores locales

Sin grandes estructuras turísticas ni multitudes, Cortínez se posiciona como una alternativa cercana y auténtica. Un lugar donde la modernidad parece detenerse y la vida recobra su velocidad natural.

Gastronomía casera y mesas al sol

Los restaurantes y casas de té que funcionan en antiguas casonas son uno de los principales atractivos. Allí se pueden probar panes de campo, recetas tradicionales y productos regionales en mesas al aire libre, ideales para disfrutar del mediodía.

Un destino para “bajar un cambio”

Quienes lo visitan destacan siempre lo mismo: la serenidad. Cortínez conserva una escala humana que invita a caminar, sentarse a tomar algo, leer o simplemente mirar cómo pasan las bicicletas y los autos a ritmo lento. Es un plan perfecto para un día de campo, una tarde de otoño o un fin de semana corto.

Para quienes buscan un descanso real sin hacer kilómetros, este pueblo es una invitación a redescubrir lo simple.

Cómo llegar a Cortínez, sin complicaciones

Uno de los motivos por los que Cortínez crece como escapada exprés es su accesibilidad. Quienes viajan en auto llegan por caminos directos y en poco tiempo desde Capital Federal.

La forma más sencilla de llegar es por autopista. La distancia entre Buenos Aires y Cortínez es de 81 km, con un tiempo estimado de viaje de 56 minutos en auto.