

Un equipo de astrónomos, liderado por investigadores de la Universidad de Northwestern, ha logrado resolver uno de los mayores enigmas del conocido “Planeta Rosa”, un objeto sumamente frío que se sitúa aproximadamente a 57 años luz de la Tierra y que durante más de una década desconcertó a los expertos.
Como resultado de observaciones realizadas por el Telescopio Espacial James Webb (JWST), los investigadores descubrieron que su atmósfera contiene vapor de agua, metano, dióxido de carbono, amoníaco y nubes de sal, una característica que no había podido confirmarse en un objeto planetario tan frío.
Estos hallazgos se publicaron el 18 de junio en The Astronomical Journal.
Qué hallaron los científicos de este planeta rosa
Este objeto, conocido como GJ 504 b fue descubierto en 2013 y orbita una estrella similar al Sol, situada a 57 años luz.
Si bien se lo conoce como planeta rosa por su tonalidad, los expertos aún no están del todo seguros de que se trate de un planeta.
En ese marco, durante años diferentes equipos intentaron estudiar el objeto, aunque su brillo débil impedía obtener información concreta de su atmósfera, pero el Telescopio Espacial James Webb consiguió registrar su aspecto utilizando una técnica de dos horas de observación y eliminando el brillo de la estrella que orbita. El análisis identificó la presencia de
- Vapor de agua
- Metano
- Dióxido de carbono
- Amoníaco
- Moléculas varias

Por qué hallar nubes de sal es importante para la ciencia
Cuando las observaciones intentaron ser reproducidas por modelos informáticos, los expertos coincidieron en que los resultados no evidenciaban condiciones físicas realistas y esto se debe a la presencia de nubes de sal.
Según el estudio, las nubes ocultan las capas más profundas de la atmósfera y modifican la luz que llega hasta el telescopio.
Los investigadores concluyeron en que esta es una de las primeras evidencias directas de que pueden existir nubes de sal en un objeto planetario tan frío, confirmando una posibilidad propuesta por modelos teóricos hace más de 15 años.
Los expertos se mantienen optimistas de que las técnicas que se utilizaron para esta investigación puedan replicarse en el futuro para estudiar otros mundos fríos y poco brillantes, facilitando el análisis y estudio de sus atmósferas.













