

La economía uruguaya registró una contracción de 0,8% en el segundo trimestre respecto al trimestre anterior, en términos desestacionalizados, informó el Banco Central del Uruguay (BCU).
En términos interanuales, el Producto Interno Bruto (PIB) cayó 0,5%, una evolución que el organismo vincula principalmente a la fuerte sequía del pasado verano, que provocó un desplome del 22% en el valor agregado del sector agropecuario.
Además del impacto climático en el campo, el transporte retrocedió 0,2% interanual por menores cargas de granos, mientras que las exportaciones totales cayeron 3,9% debido a menores envíos de soja y carne.

En paralelo, las importaciones se incrementaron 7,8%, y el consumo de los hogares creció 2,6% impulsado sobre todo por mayor adquisición de bienes importados —vehículos y vestimenta entre ellos—, aunque se moderó por una baja en gasto en combustibles y transporte.
No todos los rubros estuvieron en rojo: la construcción creció 4,2% interanual, impulsada por inversión en edificios no residenciales y obras vinculadas a energía e infraestructura, como la construcción del nuevo centro de datos de Google y plantas eléctricas. La industria también aportó signos de recuperación, con un avance del 1,9% por la actividad celulósica, la refinería, molinería y la industria de panadería, pese a la retracción en frigoríficos y el sector automotriz.

Desde la óptica del gasto, la inversión total se elevó 9,5% interanual, un dato que el BCU destaca como elemento positivo frente a la caída del PIB.
No obstante, los analistas advierten que la combinación de shocks climáticos, menores exportaciones de productos agrícolas y el aumento de las importaciones genera un desafío para la recuperación y la política económica en los próximos trimestres.










