Entrevista

Cómo financiar proyectos pymes muy especiales sin desfallecer en el intento

Desde "Una Brecha" coordina iniciativas como el Premio Itaú, Congreso Gombrowicz o La Bestia Equilátera

Existe cierto idealismo al impulsar proyectos vinculados al arte. Sin embargo es necesario un toque pragmático para que las ideas se concreten y puedan hacerse rentables.

"El dinero para la cultura no es suficiente en ningún lugar del mundo ", señala Nicolás Hochman, uno de los creadores de la productora cultural Una Brecha, organización experta en llevar adelante empresas de este estilo. "Uno puede enojarse, protestar, pero es así en la mayoría de los países. Luego se decide si quejarse de esa realidad o sacar lo mejor", plantea.

Hochman es doctor en Ciencias Sociales (UBA) y licenciado en Historia (UNMdP), con un posgrado en Gestión Cultural (FLACSO). Con Di Rocca se conocieron hace más de 25 años en Mar del Plata. Desde Una Brecha han coordinado proyectos de magnitud como el Premio Itaú, Congreso Gombrowicz, Audiocuento, La Bestia Equilátera y Cuentos a la calle, además de charlas y talleres sobre el tema. Todo desde una óptica pyme y autogestionada.

¿Cómo financiaron Una Brecha?

Nuestros proyectos se financian casi siempre con subsidios, programas como Mecenazgo, Fondo Nacional de las Artes o Fondo Metropolitano. En el caso del Congreso Gombrowicz, que es más grande, a veces hay patas de financiamiento con subsidios pero también nos obliga a pensar en distintos canales que ingresen la plata para eso: contactar empresas, instituciones, organismos. Hay que ver de qué manera los interesados en estar en el evento financian una parte, cómo conseguir canjes con hoteles, con gastronomía, imprentas. Se necesita persistencia y creatividad. El desafío siempre es ver cómo costeamos los proyectos que tenemos en la cabeza y que sean gratuitos para nuestros espectadores. Se podría pensar en productos culturales que paguen los usuarios, pero nosotros queríamos que tuviesen más llegada, que no fueran muy selectivos.

Planificaron un programa de charlas vinculado al financiamiento de un producto cultural. ¿Cómo fue la experiencia?

Teníamos la convicción de que podíamos transmitir algo, queríamos contagiar entusiasmo y que haya más personas postulándose a subsidios o programas con un poco de pragmatismo para conseguir lo que fueron a buscar. Aplica a cualquier tipo de proyecto cultural. Las charlas tienen como base no solo explicar qué se pide de manera explícita al aplicar al subsidio que da una institución, por ejemplo, sino también saber leer entre líneas, entender el contexto, hacer una investigación mínima para ver qué tipo de políticas culturales tiene esa institución.

¿Qué busca aquel que otorga un subsidio?

Busca que el proyecto esté buenísimo, pero también queda claro que uno no puede ser un emprendedor naif que piense que un Estado, una empresa, una institución va a poner plata si no tiene ciertas garantías, y si la propuesta no se alinea con lo que esas entidades buscan

¿Cuáles son los principales obstáculos para llevar adelante proyectos culturales?

Es bastante común cierto idealismo o purismo que hay que atravesar. Si vas a pedirle plata a una empresa o el Estado, hay que comprender que no hay nada de puro en todo esto: hay intereses. No quiere decir que si te presentás a un proyecto estatal tengas que ser oficialista, sino que si el peronismo pone plata no puede ser un proyecto vinculado a otro partido. Parece obvio pero no lo es. Muchas personas no entienden por qué el Estado no pondría plata en un proyecto que esté ideológicamente en contra de sus intereses. La respuesta es simple: no la pondría porque el Estado tiene una base ideológica. La política cultural tiene cultura y tiene política. También está la famosa teoría de la sábana corta: no alcanza. Siempre hay más proyectos que plata disponible. El Estado, empresa o institución que aporte el subsidio tiene que seleccionar, existen criterios que en el mejor de los casos hay que respetar o acercarse a ellos para maximizar las posibilidades. Hay que investigar, aprender y comprender el contexto.

¿Cómo piensa el vínculo entre cultura y dinero?

Hay cierto idealismo al pensar que el dinero ensucia. Ojalá fuese así, pero en realidad si no conseguimos el financiamiento para un proyecto artístico, no se hace. Nadie se hace millonario con proyectos artísticos, pero en el mejor de los casos alcanza para pagar bien los contratos.

¿Qué cambios hubo a partir de la pandemia, y que influyen al emprender un proyecto cultural?

La pandemia forzó decisiones y volvió visible que el uso de la tecnología es indispensable para un proyecto. Históricamente hay resistencias a la tecnología en la cultura. Zoom, el streaming y las plataformas online habilitan la posibilidad de contactarse con cualquier persona del mundo. Es imposible volver a pensar en los festivales sin una pata virtual. La posibilidad que da incluir en el programa invitados internacionales y no tener que pagar el hotel, viáticos, confirmar con un año de anticipación, es enorme.


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