

Quiénes ganan?, ¿los buenos o los malos? Este es un debate tan antiguo como la capacidad de pensar y decidir de la especie humana. Ya desde el principio de la humanidad se trató de encontrar algún mecanismo de recompensa de la bondad para soslayar la contariedad que despertaba ver a los malos teniendo más éxito que los buenos. Las penurias de una vida corta y llena de padecimientos que la humanidad soportó durante miles de años, solía encontrar alivio en la esperanza de una justicia por venir, posterior al abandono del mundo. En los tiempos modernos estas visiones no producen el mismo efecto. El alargamiento de la vida pone demasiado lejos, y con un valor actual muy bajo, las compensaciones post morten del sufrimiento. Las mejoras en las comunicaciones hacen que sea fácil para casi todos ver las conductas y los resultados obtenidos por otros, pudiendo comparar qué estrategias fueron exitosas y cuáles no. Aunque las películas norteamericanas insistan en mostrar que los buenos ganan, la realidad, en cambio, desnuda que los oportunistas, o los que están dispuestos a engañar y a defraudar, obtienen en muchos casos mejores resultados.
El famoso dilema del prisionero ideado por la teoría de los juegos refleja que un oportunista puede obtener un mayor beneficio si logra aprovecharse de otro que colabora; pero si el otro decide con las mismas pautas, es decir, busca recíprocamente aprovecharse del primero y evitar el riesgo de ser defraudado, el resultado termina siendo inferior para ambos del que habrían obtenido si hubieran acordado colaboración mutua.
Las investigaciones de Robert Axelrod sobre el tema se hicieron muy famosas. Buscó descubrir las condiciones y reglas de decisión en las cuales la cooperación comienza a dar mejor resultado que encontrar un confiado al cual defraudar.
La respuesta aparece cuando quienes intervienen en el juego saben que tendrán que jugar de nuevo. Si tengo que volver a negociar con alguien, difícilmente lo pueda hacer si en la tratativa anterior terminé defraudándolo. Se la llama la sombra del futuro y es perfectamente aplicable al mundo de los negocios: Quien engaña a un cliente no podrá venderle de nuevo. Quien no paga una deuda, difícilmente será merecedor de nuevos créditos. Entonces, su conducta presente será buena para poder seguir en el negocio más adelante. En la esfera política, en cambio, el oportunismo parece pagar mejor. Ya Maquiavelo aconsejaba no cumplir con las promesas cuando el no hacerlo favorece al príncipe. Y también que debía desprenderse de quienes lo habían ayudado a llegar al poder para no compartirlo con ellos. Esto explica porqué quienes no cumplen en política tratan de que el defraudado pierda toda posibilidad de entrar de nuevo en el juego: Buscan que desaparezca esa sombra del futuro. Sin irnos demasiado lejos, podemos encontrar varias carreras políticas exitosas que se construyeron de esa forma.
Asimismo, interactuando con menos agentes aumenta la probabilidad de volver a tener que sentarse con quien ya se negoció, y, como vimos, no es bueno tener enfrente a quien antes engañamos.
Así se explica el éxito de las comunidades pequeñas y de las colectividades de inmigrantes. Como ejemplo basta recordar cómo crecieron en la Argentina del pasado varias colectividades: la española en los negocios gastronómicos, la italiana en la industria metalúrgica liviana y la judía en la textil. También podría tener relación con que los países nórdicos además de tener los mejores desempeños en calidad de vida y transparencia, son también comunidades de relativamente pocos habitantes.
Axelrod llega a demostrar con ecuaciones matemáticas que un grupo de no más del 5 % de una población, si logra la suficiente cohesión y respeto entre sí, conseguirá después de un tiempo sobreponerse a la mayoría dispuesta a seguir una conducta oportunista y probar que aplicando la cooperación se puede lograr un beneficio individual superior.
Si esto funciona, ni siquiera se necesita del Estado, garante de la ley o instrumento de los grupos dominantes, según quien lo mire. Michael Taylor en 1976 defendía un curioso anarquismo basado en la cooperación y la eficiencia que logran las pequeñas comunidades con integrantes que se conocen bien y cumplen sus acuerdos.
Finalmente, ¿podrán ser éstas las pistas que necesitamos para descubrir cómo conseguir que los buenos ganen?.










