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El problema del transporte en la Argentina

por  SERGIO ABREVAYA

Presidente del GEN CABA Abogado y mediador
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Argentina se enfrenta a varios paradigmas que debe cambiar, uno de ellos es el del petróleo, que imprima al de energía y al del transporte. Pero, ¿por qué plantear al transporte como un modelo pendiente de solución? El Gobierno sigue apostando por la puesta en valor de los trenes interurbanos, también a Rosario y a Mar del Plata -que comenzó Florencio Randazzo luego de la tragedia de Once- cuando recorridos de larga distancia como ‘El Gran Capitán’ (Bs. As.-Misiones) o el ‘Tren Binacional’ (Bs. As.-Paso de los Toros en Uruguay) resultaron un fracaso.

¿Qué sucedería si un ferrocarril uniera grandes urbes como Rosario y Córdoba en algo más de una hora? Seguramente, comenzaría así la solución al paradigma del petróleo impuesto en los 90 y acentuado por la carencia de oferta ferroviaria: hoy, sólo se puede acceder de Rosario a Córdoba en automóvil (algo más de 4 hs), micro (6.30 hs de duración), o avión (menos de una hora de vuelo más dos de embarque y el traslado al centro, además de los altos costos), y así sucede entre muchas grandes ciudades argentinas.

CFK en 2008 contrató directamente a Alstom, el tren a Rosario, por u$s 4000 millones, cuando hay tantas empresas en el mundo para licitar, mientras dejaban que se venga abajo el sistema interurbano que terminó en la tragedia de Once. No hicieron ninguna de las dos cosas.

Países europeos y asiáticos dieron un giro a la problemática con las mejoras en infraestructura y tecnologías aplicadas, que permitieron una rápida evolución en la alta velocidad ferroviaria. Mientras en Argentina estamos felices con nuestros ‘trenes renovados’ que apenas alcanzan los 160 km/h, países como Francia, Alemania, Italia, España, China, Japón o Taiwán invierten en trenes eléctricos que llegan a los 500 km/h.

Estas naciones no sólo cuentan con trenes rápidos, sino que al vislumbrar en el tren la solución a la problemática del transporte, cada uno generó su propia industria en torno al ferrocarril. Si Argentina decidiera abandonar esta red lenta y evolucionar hacia un transporte rápido, económico y no dependiente del petróleo, podría desarrollar sus trenes y su industria y así también generar trabajo.

No obstante, y mientras nos ‘tranquilizan’ con la puesta en valor del sistema ferroviario que ya quedó en el tiempo, el gobierno nacional sigue invirtiendo en carreteras -al igual que lo sigue haciendo en gas-en lugar de hacerlo en trenes -y en electricidad.

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