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La industria del juguete enfrenta un escenario desafiante, marcado por la caída del consumo y la apertura de importaciones, que obliga a las empresas a reescribir sus estrategias para sostenerse.
De acuerdo a un comunicado difundido por la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), entre enero y octubre de 2025, las importaciones de juguetes alcanzaron los u$s 91,3 millones FOB y 17,5 millones de kilos, con aumentos interanuales del 59,5% en valores y 94% en volumen.

“A pesar de la alineación con occidente, China pasó a explicar casi el 95% del volumen importado. La concentración es la más alta de los últimos 20 años”, destacó Matías Furió, presidente de la CAIJ al analizar la cantidad de importadores, que pasó de 199 a 530, con 340 firmas nuevas.
En ese contexto, Rasti, la histórica pyme familiar fundada en 1965, decidió volver a importar productos desde China para complementar su oferta, ganar escala y adaptarse a un mercado cada vez más exigente.
“El 2025 fue un año difícil”, resume Daniel Dimare, director de marketing de la compañía e hijo del fundador. Aun así, la empresa logró sortear el escenario adverso con una leve mejora en volúmenes: vendió entre 4,2% y 4,5% más unidades que en 2024, mientras que en pesos creció un 10%, aunque en dólares se mantuvo estable.
Frente a la caída del poder adquisitivo, su respuesta fue directa: “Nos preparamos para un año complicado, con productos más accesibles y distintos tamaños para sostener la demanda”, explicó a El Cronista.
Importar para complementar
La reapertura importadora fue aprovechada por Rasti para sumar líneas que serían difíciles o poco eficientes de fabricar localmente. “No pasa por dejar de producir acá para traer lo mismo de China. Es para complementar marcas y sumar variedad”, explica Dimare. La compañía ya había utilizado esta misma estrategia en los años 90 para sobrevivir a la apertura económica impulsada por el presidente de entonces, Carlos Menem.
Actualmente, los productos importados representan entre el 15% y el 23% de las ventas y se concentran en segmentos donde la producción local no resulta eficiente, como juguetes de gran tamaño, con electrónica o sistemas específicos.
Así, la empresa suma líneas como Magneo (bloques magnéticos), Racing Pro (pistas y vehículos) o productos tecnológicos de su marca Bimbi para bebés.
Más allá de la importación, la compañía avanzó en una diversificación que hoy resulta clave para su sostenibilidad. A la fabricación tradicional sumó nuevas verticales:
- Rasti Fábrica de Ideas, una unidad que desarrolla juguetes a medida para empresas como Toyota, Renault y Mercedes-Benz.
- Educación, con kits de robótica para colegios que combinan bloques, sensores y programación.
- Eventos y experiencias, desde cumpleaños temáticos hasta talleres en escuelas.
- Licencias y contenidos, incluyendo propuestas para el segmento adulto (los llamados “kidults”).
Cabe señalar que esta diversificación no es nueva: la compañía ya había incursionado en educación tras la caída del 55% del consumo entre 2016 y 2018, y hoy ese segmento vuelve a ganar protagonismo.

Para el ejecutivo, el principal problema del sector no es la competencia externa sino la falta de demanda. “Hoy falta consumo. Las familias destinan sus ingresos a gastos básicos y queda muy poco para juguetes”, advierte. En ese marco, la empresa apostó a ofrecer versiones más económicas de sus productos y a sumar opciones importadas con distintos niveles de precio.
Planes para 2026
De cara a este año, Rasti proyecta un crecimiento moderado en su negocio tradicional de juguetes, de entre 4% y 5%, mientras que las nuevas unidades muestran mayor dinamismo: el negocio corporativo podría crecer entre 20% y 25% y el educativo entre 10% y 15 por ciento.
Con ese enfoque, la importación aparece como una herramienta clave para sostener la producción local y ampliar el negocio de la pyme familiar.
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