García Hnos., la empresa que comercializa la marca Tregar, invertirá u$s 15 millones este año para fortalecer su presencia en un mercado lácteo en plena reconfiguración. El desembolso se destinará a ampliar su capacidad productiva, modernizar sus plantas de Santa Fe, y escalar volumen para ganar competitividad.
De tal modo, las inversiones permitirán ampliar la capacidad productiva de la firma en hasta un 25% en algunas líneas de producción y alcanzar una producción diaria de hasta 1,3 millones de litros de leche, frente a los 800.000 actuales.
El plan contempla la expansión de líneas de yogures y leches, la modernización de tecnología para elaboración de quesos y cremas, la optimización de procesos de producción, y la diversificación de la oferta con mayor capacidad productiva en categorías existentes.
“Las ampliaciones y mejoras tecnológicas permiten responder a nuevas exigencias de mercado interno e internacional, y ganar eficiencia y competitividad. El incremento proyectado también nos permite responder con mayor agilidad a las demandas, mejorar nuestros niveles de servicio y generar nuevas alternativas de productos”, dijo Rodrigo Alzueta, gerente general de Tregar a El Cronista.

Este proyecto está destinado, además, al desarrollo de nuevos mercados internacionales. Actualmente, Tregar exporta alrededor del 25 % de su producción total y tiene presencia en más de 10 países (Brasil, Chile, China, Filipinas, Vietnam, Corea del Sur, Rusia, Argelia, Perú y otros mercados en Asia y África Occidental).
“Buscamos reforzar nuestro posicionamiento en el exterior”, indicó Alzueta.
La empresa tiene dos plantas en Santa Fe: una en Gobernador Crespo donde procesa la mayor parte de su materia prima, y otra en Calchaquí, a 50 kilómetros de la planta principal, destinada a la producción de quesos.
De capitales nacionales, la compañía se fundó en 1972 cuando los hermanos Florencio, Vicente y Pedro García transformaron en sociedad el tambo que sus padres, Cipriano García Sainz y Hortensia de Simón -inmigrantes españoles radicados en 1938 en Santa Fe- habían iniciado décadas antes. Ese paso marcó el salto de la producción primaria a la elaboración industrial de quesos y el nacimiento de la marca Tregar.
Su siguiente hito llegó en 1981, con la construcción de una nueva fábrica en Calchaquí y la ampliación de la planta original, lo que permitió diversificar la producción. En 1998 inauguró su planta principal en Gobernador Crespo, un complejo que consolidó su escala productiva y sentó las bases para la expansión nacional y el posterior desembarco en el mercado externo.
Un sector que enciende alarmas
El mercado lácteo argentino está viviendo un momento de reconfiguración. Hace apenas dos semanas, la canadiense Saputo, una de las principales procesadoras lácteas del mundo y dueña de marcas como La Paulina, Molfino y Ricrem, vendió el 80% de su negocio en el país a Gloria Foods, un holding alimenticio del Grupo Gloria.
La decisión, argumentó la compañía, se debe a una revisión de su presencia internacional y a la búsqueda de mercados más rentables.
Saputo es, hasta ahora, el principal procesador lácteo de la Argentina. Entre julio de 2024 y junio de 2025, procesó alrededor de 1300 millones de litros de leche y concentró el 11,6% de la producción industrial total en el país.
Mastellone Hnos., por su parte, si bien es una de las lácteas más grandes de la Argentina, está atravesando un contexto difícil marcado por la desaceleración del consumo interno y presiones de costos.
El control societario sigue siendo objeto de negociación entre los principales accionistas: los sucesores de la familia Mastellone junto con el fondo Dallpoint (mayoritarios) y el bloque Bagley (controlado por Arcor y Danone). Se rechazó una oferta de compra total de la parte accionaria por parte de Arcor, y las conversaciones para definir el futuro del control continúan, lo que abre el interrogante de cómo quedará definido el mercado lácteo local.
SanCor atraviesa un duro momento. La compañía está en concurso preventivo desde febrero de 2025 y acumula más de 300 pedidos de quiebra.
Los problemas de la láctea empezaron en 2019, cuando empezó a procesar menos materia prima, enfrentó una fuerte caída de ventas y un deterioro financiero que se profundizó año tras año. La cooperativa, que llegó a procesar más de 3 millones de litros de leche diarios en sus tiempos de mayor expansión, entró en un ciclo de retracción productiva que la obligó a desarmar parte de su estructura. De hecho, de las 14 plantas industriales que supo operar, hoy solo quedan seis, luego del cierre definitivo de una de ellas en 2024.
Otras empresas del sector también se encuentran en una delicada situación. Es el caso, por ejemplo, de la láctea Verónica que tiene sus tres plantas de Santa Fe paralizadas desde principio de este año, y de Luz Azul, que reconoció que se “evaporó la rentabilidad” del negocio.














