La matriz energética argentina enfrenta un desafío estructural que va más allá del avance de las renovables: la obsolescencia y saturación del sistema de transporte eléctrico.
Si bien la Ley 27.191 impulsó un crecimiento sostenido desde 2017, que llevó a las renovables a rozar el 20% de participación hacia fines de 2025, el límite ya no está en la generación sino en la red. El techo operativo dejó de ser teórico y se volvió concreto.
Gustavo Castagnino, director de Asuntos Corporativos de Genneia, fue directo sobre el punto crítico: “Tenemos una limitación fuerte en la capacidad de transporte eléctrico, una etapa que viene ahora y que no solo le va a servir a las renovables, sino a todo el sistema”.
Para el ejecutivo, el problema no es tecnológico ni de recursos, sino de planificación. La transición energética requiere infraestructura que acompañe el crecimiento de la oferta, algo que hoy no ocurre al mismo ritmo.
El cuello de botella de la red
En este contexto, la discusión se desplaza desde la expansión de la generación hacia la necesidad urgente de inversión en redes de transporte. Sin esa capacidad, los nuevos proyectos quedan limitados o directamente inviables.
“El Gobierno está trabajando para dejar de hacer parches y avanzar en obras estructurales que hagan el sistema más sólido”, explicó Castagnino. El cambio de enfoque apunta a salir de soluciones de corto plazo para construir capacidad de largo plazo.
El riesgo es claro: si la red no crece, la transición energética se frena. La incorporación de nuevas fuentes —renovables o convencionales— depende directamente de la posibilidad de evacuar esa energía.
Crecimiento económico y demanda energética
El otro factor que presiona sobre el sistema es la demanda. “Si la economía crece como se espera, la energía disponible no va a alcanzar”, advirtió Castagnino.
El planteo introduce una tensión central: el crecimiento del PBI exige más energía, pero sin inversión en transporte, esa demanda no puede ser satisfecha. La ecuación es directa: sin red, no hay expansión posible.
El horizonte es positivo, pero condicionado. La Argentina tiene recursos y capacidad de generación, pero necesita resolver el cuello de botella de infraestructura eléctrica para sostener el desarrollo.








