En un contexto de desaceleración inflacionaria, pero con ingresos que todavía no terminan de recomponerse, los hábitos de consumo en la Argentina muestran un cambio marcado. En este contexto, ganan las decisiones meditadas en las que el precio, el canal y el momento pasan a ser variables clave en cada elección cotidiana.
“Las personas están con un grado muy alto de incertidumbre, ansiedad y temores, y una relación ambivalente con la tecnología", explicó Mariela Mociulsky, CEO y founder de Trendsity.
En ese escenario, comentó, el consumo se vuelve más analítico: “Hoy buscan, comparan, están pensando constantemente qué es lo que conviene. Es mucho menos impulsivo, mucho más racional y estudiado“.
Según detalló, la tecnología juega un rol central porque facilita esa comparación en distintos canales, pero esa lógica convive con una búsqueda más emocional: “Cuando elegimos qué consumir queremos gratificación. No solo que el producto satisfaga, sino la experiencia que se genera alrededor".
Cambio de hábito
Según analizó la empresaria, tras años de alta inflación, muchas estrategias quedaron instaladas: “Pasamos de consumir para stockearnos o adelantar compras a restringirnos, esperar y buscar la mejor alternativa, la mejor oferta y el mejor canal", indicó. Y agregó que incluso se reactivaron prácticas como comprar en grupo, aprovechar promociones o ir a mayoristas y ferias.
“Hoy están en busca siempre de la mejor opción y dispuestos a esperar a que aparezca una mejor opción. Es muy diferente a las épocas de alta inflación en la que se consumía para ahorrar", remarcó.










