

Hasta 1980 los grandes precios en el mercado de arte eran exclusivamente por pinturas, esculturas, muebles y objetos realizados antes de 1850. Con el paso de los años, los gustos cambian y es razonable que las nuevas generaciones no deseen coleccionar o atesorar lo que sus padres y abuelos preferían. Actualmente, son pocos los anticuarios en el mundo. Conseguir objetos para la venta se hace cada vez más dificultoso y con escasez no se puede abastecer la demanda. Londres y París son aún mercados donde se pueden conseguir antigüedades de calidad y las subastas de ambas ciudades durante julio nos demuestran el interés enorme que hay por aquello que tiene más de un siglo de antigüedad.
Sothebys recaudó u$s 110 millones en siete subastas londinenses y una especial en París. Vendió unas pequeñas placas talladas en marfil (no se sabe si en Alemania o Francia) en 1340, con escenas de la Biblia. Median tan sólo 24x21 centímetro y fueron pujadas hasta u$s 790.000.
Un pequeñísimo leopardo en mármol cuadruplicó su estimación y llegó a u$s 1,12, media 18x18 centímetros y es italiano, realizado en 1783.
En Francia, en el siglo XVIII, se pusieron de moda los muebles realizados en laca china y en Argentina había muchos.
Una cómoda de tamaño normal (90x130) centímetros, realizada y firmada en 1765, quintuplicó su precio y se vendió en u$s 960.000. Las dos subastas de Old Masters (pinturas realizadas antes de 1850) recaudaron u$s 71 millones, un bellísimo Turner (no tan lindo e importante como el de la Colección Fortabat), llegó a u$s 23,5 millones. Tenía buena procedencia, algo fundamental en este sector del mercado, ya que por ejemplo se vendió una obra atribuida a Bernardo Bellotto en u$s 3,2 millones, vista de la Piazza San Marco de Venecia que durante 250 años fue atribuido a Canaletto, y ahora quizás en unas décadas, otros expertos dirán que es de otro artista.
Siempre me parecieron aburridísimas las armaduras de caballeros, pero hay quienes piensan distinto y por una italiana del 1600 se pagaron u$s 1,3 millones. Hasta una pequeña cajita de 9 centímetros, similar a las que usamos para guardar las pastillas de edulcorante, se puede vender en una fortuna como la que fue realizada en Dresde en 1770 y era para que su dueño guardara el rapé (como consumía nuestro prócer Manuel Belgrano). Alguien la pagó u$s 1,3 millones también. Christies realizó 7 subastas en Londres y recaudó u$s 97 millones, con las pinturas alcanzó u$s 68 millones y vendió una joya de Venecia, un Francesco Guardi, muy bien documentado, de tamaño excepcional de 120x204 centímetros, que es una vista del Rialto y logró u$s 34 millones (la mitad de la subasta con un solo lote). Esta obra tenía un par de otra vista del gran canal y fue vendida en 10% menos hace 6 años, me imagino que ha sido el mismo comprador y ahora tendrá una pared monumental en su casa.
Por unos pequeñitos leones de 45 centímetros que el Rey Carlos V de Francia mandó a tallar en 1364 para que fueran colocados en su tumba -y luego fueron robados durante la Revolución Francesa en 1789-, un museo o un coleccionista decidió pagar u$s 12 millones.
Por suerte para los coleccionistas, no todas las personas tienen el mismo gusto por el arte y se puede aún comprar bellezas en la Argentina con mucho menos dinero.













