

Budapest es una de mis ciudades preferidas en el mundo, dividida por el río, tanto la orilla de Buda (donde está el museo), como la de Pest, tienen maravillas arquitectónicas, y además los magiares son gente encantadora y hospitalaria. Su Museo de Bellas Artes es un ejemplo de aquello que disfrutamos los viajeros con pasión por el arte. Tiene una colección de más de 100.000 objetos, su serie de arte egipcio es extraordinaria además de contar con una colección de 300 obras de arte antiguo, con algunas joyas que ahora, durante el otoño, disfrutaremos en Buenos Aires. También tienen una colección fabulosa de gran calidad de arte húngaro que es sorprendente.
Es normal que cuando un museo realiza obras, cierre por un tiempo y preste a otros museos algunas piezas importantes de su colección. Recién en septiembre se reabrirá el museo en Budapest y por ello tenemos estas obras en nuestro querido Museo de Bellas Artes. Algunas de estas obras han sido expuestas el año pasado en la Royal Academy de Londres, también en el Museo de Luxemburgo en París y unas 80 relacionadas con el arte español, con Zurbarán, Murillo y Goya a la cabeza, se expusieron en el Museo Thyssen de Madrid con gran éxito.
Hay que felicitar al director del Museo, Andrés Duprat, por haber logrado que estas obras se puedan ver en América. Han trabajado en la catalogación los expertos del museo ngel Navarro y Florencia Galesio y, como originalidad, es la primera vez que se muestra una obra de Leonardo Da Vinci (1452-1519) en nuestro país. Es un pequeño caballo con jinete: se conocen solamente tres esculturas del artista, esta que hoy tenemos aquí, un cristo en terracota y un ángel en una iglesia, curiosamente cuando Vasari escribe su estudio sobre los artistas renacentistas lo presenta a Leonardo como escultor, aunque no hayan obras que hayan perdurado. En Milán trabajó durante doce años para realizar una gigantesca escultura de un caballo en honor a Francisco Sforza, la hizo en arcilla y medía siete metros de altura, se necesitaban 70 toneladas de cobre para fundirla y nunca se hizo porque se necesitó el mineral para fabricar cañones ante la invasión del Rey de Francia a la ciudad. Hay una réplica inspirada en dibujos que se encuentra frente al hipódromo de Milán.
Importantes son las pinturas de Tiziano (1490-1576), uno de los artistas más prolíficos de la época y una rareza ya que pocos vivían 86 años en dicho tiempo, sus retratos son de calidad sorprendente. Lorenzo Lotto (1480-1557), fue otro retratista extraordinario y también está presente en esta memorable exposición. Para muchos será la obra de Lucas Cranach "Cristo y la Virgen" la favorita de la muestra. Este artista era el preferido del SS Goering y durante el nazismo acaparó muchas de sus obras que han sido devueltas a sus dueños y herederos en los últimos años.
Peter Paul Rubens y su discípulo Antonio Van Dyck son lo mejor de Flandes y también están presentes, hay un pequeño estudio de Rubens en la Colección Hirsch (segunda sala entrando por la izquierda al museo) que aconsejo ver también. El tema de los bodegones, como dicen los españoles, naturalezas muertas, como dicen los franceses, o la más adecuada "naturaleza detenida", como dicen los anglosajones, fue un tema fundamental en los países bajos y uno de los pintores más destacados era Peter Claenz que realizaba los cristales y los peltres de las obras y un colaborador realizaba las frutas, el trabajo en colaboración era una costumbre en la época, y sentimos que ahora no se realice más.
Para los amantes del arte español, tenemos Zurbarán (ver también el San Francisco que está en la planta baja del museo, donación Shaw), Francisco de Goya y una divina "Anunciación" de Domenicus T, alias "El Greco", no siempre brillan con tanta luz sus obras y esta ha sido correctamente restaurada. Los artistas húngaros presentes nos demostrarán la calidad del arte en su país. Celebramos esta muestra y como siempre la entrada es libre y gratuita y consultar que hay visitas guiadas y material para disfrutar.










