Las bodegas brindaron el año pasado con mucho champán. Pero no sólo en las Fiestas, sino durante todo el año.


La venta de espumantes en la Argentina creció nada menos que un 20% en litros entre enero y noviembre del año pasado, al sumar 330.731 hectolitros (33 millones de litros), frente a 2011, en un contexto donde el consumo de vino fraccionado en general aumentó apenas un 2,5%, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Así, el año habría cerrado en 370.000 hectolitros vendidos en el país, que equivalen a unas 49,3 millones de botellas.


Ese auge no es casual. Las bodegas tuvieron mucho que ver en el impulso de esta bebida burbujeante, otrora destinada sólo al brindis de fin de año, con cierto aire de sofisticación y exclusividad. Hace siete años, eran muy pocas las bodegas que producían espumantes. Hoy superan las 100. Muchas quizás no lo elaboran directamente y hacen la segunda fermentación en otra empresa. Pero la mayoría ofrece un exponente con su marca, comentó Juan Carlos Pina, gerente de Bodegas de Argentina, entidad que nuclea a bodegas del país. Según cifras del INV, son ya 122 las empresas que cuentan con espumantes.


Una de las razones que impulsó su consumo fue la aparición de mayores variedades y precios para todos los bolsillos. Hoy, los exponentes más económicos parten en los $ 22. Dejaron de ser productos de lujo para tornarse más masivos. Hace 20 años, sólo los tomaban personas de alto poder adquisitivo y en las Fiestas. Ahora hay opciones para todo público y todo el año. En los restaurantes, hace diez años servían whisky al llegar; hoy te reciben con una copa de espumante, graficó Pina. El resultado está a la vista. Diez años atrás, el 70% de las ventas se concentraban en noviembre y diciembre; hoy esos meses aportan el 40%. Aún es importante, pero el consumo está mucho más desestacionalizado. Trabajamos todo el año para que no sea destinado sólo a la celebración, explicó Fernando Gouiran, gerente de Comunicaciones de Moët Hennessy Argentina, principal firma de la categoría, con Chandon.


La aparición de más variedades hicieron de la bebida más atractiva para una mayor cantidad de personas. Los exponentes rosados no son privativos ya de las mujeres; sin prejuicios, también son muy elegidos por los hombres.


Pero, sobre todo, el año pasado salieron a escena los espumantes dulces naturales, sin agregado extra de azúcar, que ampliaron el consumo entre personas no acostumbradas a la acidez del champán, una tendencia iniciada en 2010 por Norton Cosecha Tardía, al que luego se le sumaron varias marcas. Lanzamos en marzo Chandon Delice y tuvo mucha aceptación, por el sabor más fresco y su menor acidez, más adaptado al paladar argentino. Eso permitió que nuevos consumidores empezaran a beber espumante, explicó Gouiran. Según un estudio de Bodegas de Argentina, dulces y rosados ya captan el 17,4% del total, si bien el 61% son aún brut y extra brut.


También ganó presencia en la noche. Muchas bodegas lanzaron botellas personales, de 187 ml., para alentar su consumo en bares y boliches. Y hoy el champán es una de las bebidas más elegidas en las discos porteñas, en algunos casos, también usada como ingrediente en tragos.


Pero, pese a la proliferación de marcas y propuestas, el mercado de espumantes es controlado en gran parte por unas pocas empresas, con Moët Hennessy (Chandon, Mercier, Baron B) como líder. Le siguen Llorente & Cia (Federico de Alvear, Toso), Pernod Ricard (Mumm), Nieto Senetiner, Norton, Diageo (Navarro Correas) y Robino (Novecento, Robino), entre otras.