

Hace poco abrimos una vacante en briq.mx y recibimos cientos de candidatos. Al final, como en casi cualquier proceso, tuvimos que decirle que no a todos menos a uno. Esto quiere decir que tuvimos que rechazar y dar una mala noticia a cientos de personas. Lo lógico sería que estas personas rechazadas queden tal vez molestas o desanimadas y se olviden de nosotros.
Pero una de esas personas nos mandó un correo que nos hizo reflexionar mucho (y nos emocionó): “Mariana, gracias por el tiempo que dedicaste a escribir este feedback... habla de la increíble cultura bajo la cual se rigen”. ¿Cómo es posible que alguien a quien acabas de rechazar se tome el tiempo de elogiar a tu empresa?
La respuesta es simple: el reclutamiento no es solo un tema de Recursos Humanos; también es tu campaña de marketing más poderosa.
Piénsalo con esta analogía: cuando lanzas un producto, diseñas un embudo de ventas para enamorar a los clientes. Con una vacante pasa exactamente lo mismo. Cientos de personas investigan tu marca, leen sobre tu modelo de negocio, se meten a tus redes y se ilusionan con la idea de trabajar contigo. Entran a tu embudo. El problema es que, mientras en marketing puedes convertir a cada clic, en reclutamiento rechazas a la mayoría. En reclutamiento, desafortunadamente, la regla general es el ghosting: dejar a la gente en visto.
Según datos de la consultora Talent Board, más del 60% de los candidatos que tienen una mala experiencia en un proceso de selección deciden no volver a comprar los productos o servicios de esa empresa. Así de claro: un mal proceso de contratación destruye clientes. En cambio, si tratas esa “mala noticia” con respeto, transformas a los candidatos descartados en embajadores de tu marca.
En la empresa somos un equipo de apenas unas 24 personas, y bajo nuestro principio de “lo que hacemos lo hacemos bien”, buscamos responder al 100% de los solicitantes. No es magia, es diseño: diseñamos el flujo de análisis de candidatos sabiendo que vamos a leer y dar retroalimentación al 100% de ellos.
Tratamos de tener un embudo claro de etapas del proceso para cada vacante, y escribirle a cada uno de los candidatos, y no solo eso, darles la opción para pedirnos retroalimentación de por qué no continuaron en el proceso.
Hacer las cosas bien rinde frutos medibles. Al cuidar este proceso, nuestro costo de adquisición de talento bajó considerablemente porque llenamos las vacantes usando solo redes sociales orgánicas. Y lo mejor de todo: varios candidatos rechazados terminaron convirtiéndose en inversionistas activos en nuestra plataforma.
La cultura de tu empresa no se demuestra en los pósteres de la oficina, sino en cómo tratas a la gente cuando no tienes una obligación comercial con ella. Cuidar a tus candidatos es, al final del día, cuidar el activo más valioso de tu negocio: tu reputación.
















