

Todos conocemos el cuento: un tío ambicioso, un coro de hienas riendo de todo y un reino que se seca mientras la fiesta continúa. La diferencia es que en nuestra versión nadie usurpó nada: hubo elecciones, y se ganaron. El problema nunca fue cómo llegaron al trono, sino a qué se han dedicado desde él.
Lo más hábil del reino no fue su política, sino su consuelo. Algunos pensamos que el obradorismo y su segundo piso, se volvió un refugio emocional porque apeló a las heridas y frustraciones de lo que ellos llaman el pueblo. Vendió redención. El culpable siempre es alguien ajeno a la 4T desde el neoliberalismo, la mafia del poder hasta el sistema fallido, nunca es el pueblo, nunca el actual régimen, nunca el león timorato escondido tras la hiena erguida. Se romantizó el resentimiento: no hace falta pensar, basta elegir bando y sentirse víctima. Conviene matizar, porque el dolor era real: millones fueron abandonados por gobiernos anteriores y nadie debería burlarse de eso. Lo que merece sarcasmo es convertir el agravio en militancia y culpar siempre a la sequía del año pasado.
Por eso criticar al rey se vive como ofensa personal. Si él se equivocó, también se equivocó el consuelo, y aceptar que el discurso falló implica admitir algo doloroso: que a uno también lo engañaron y estafaron. Es más cómodo defender el reino que hacer el duelo.
Pero la selva tiene números. El Presupuesto 2027 pide 1.7 billones de pesos de deuda interna; la deuda llegaría a 55% del PIB y el costo financiero, de 1.575 billones, supera la inversión pública prevista, de 1.13 billones. Se pide prestado para pagar intereses. Pemex, rescatado con cerca de 50 mil millones de dólares, recibirá 81 mil millones de pesos en 2027, pese a la promesa de que ya no necesitaría ayuda. Un abrevadero al que todos se acercan y del que sale poca agua. Y en PISA 2025 México quedó en el lugar 64 de 91 países, con siete de cada diez adolescentes sin nivel básico en matemáticas. La respuesta oficial fue cuestionar la prueba: cuando el termómetro marca fiebre, la solución no es romper el termómetro.
Aun así, hay verdades que a muchos leales les cuesta aceptar. Revisemos el expediente.
Militarización, la Guardia Nacional pasó a la Defensa con 362 votos en Diputados, aunque expertos de la ONU y la CIDH advirtieron riesgos de abusos. El gobierno responde que no hay militarización porque manda una civil.
La Corte, Human Rights Watch afirmó que la elección de jueces socavó la independencia judicial. Hoy se propone aplazar la próxima a 2028, y hasta sus impulsores admiten que la primera “no fue perfecta”.
Medicamentos, el propio gobierno reconoce 3% de desabasto, y la plataforma Receta Completa acumuló más de 21 mil reportes en once meses. Para el 97% es un logro; para el 3% que espera su tratamiento, es el cien por ciento de su problema.
Obras, el Tren Maya se presupuestó en 156 mil millones de pesos y ronda los 500 mil; el AIFA costó 145% más de lo prometido, según la ASF, y Dos Bocas más que duplicó su presupuesto. La ASF, además, ha señalado un daño potencial por 2 mil 500 millones de pesos en el Tren Maya y Dos Bocas. Un sobrecosto no prueba corrupción por sí solo, pero tampoco es austeridad republicana.
Súmele una mañanera diaria que repite el guion de la inexistencia de corrupción, que son distintos, que no existe alianza con el crimen organizado; por si fuera poco, la lista de candidatos para 2027 con exmilitantes del PAN y del PRI. Las distintas manadas de hienas del cuento terminaron en el cartel de campaña. Y la heredera del trono, a mi juicio, administra el mismo refugio: cambia la voz, pero el libreto de los culpables ajenos sigue vigente.
Sus defensores dirán que heredaron una selva herida, que el voto los respalda y que las transferencias sacaron a millones de la pobreza. Algo de eso es cierto, y un análisis honesto no lo omite. Pero un reino se mide por lo que deja en pie, no por lo que reparte mientras dura el pasto.
Detrás de tanta defensa a ultranza, creo, lo que se rechaza es la autonomía de quien piensa distinto. Digámoslo con menos veneno: ninguna selva prospera donde discrepar equivale a traicionar. México no necesita un rey ni un villano de caricatura. Necesita ciudadanos que puedan criticar sin sentirse traidores y gobernantes que puedan escuchar sin sentirse atacados. Y un cuento donde, por una vez, el final no dependa de que alguien regrese a salvarnos, sino de que todos aprendamos a leer las cuentas.
*Es una opinión personal del autor que no refleja la postura de El Cronista México o sus dueños. El autor es director de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR México). Colaborador en Radio Colima en el Noticiero con Max Cortés: Datos con Valor. X e Instagram @Aivc2, TikTok @2aivc.















