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La inseguridad financiera de los trabajadores dejó de ser un problema individual para convertirse en una amenaza directa para la productividad, la rentabilidad y la capacidad de retención de talento de las empresas. De acuerdo con el informe People Risk 2026 de Marsh, 58% de las organizaciones considera que la inseguridad financiera de sus empleados representa un riesgo de alto impacto o incluso catastrófico para sus operaciones.

El fenómeno está llevando a las compañías a replantear sus estrategias de compensación, beneficios y bienestar laboral, ante el costo que implica una fuerza laboral preocupada por su situación económica.

“Hoy la inseguridad financiera juega parte de un contexto cada vez más amplio en donde se ha intensificado la preocupación y la necesidad de generar acciones específicas para mitigar este riesgo”, afirmó Ariel Almazán, líder de Advisory para Latinoamérica en Marsh, en entrevista con El Cronista.

Según el directivo, el impacto de este fenómeno va mucho más allá del bienestar de los colaboradores, ya que termina reflejándose en indicadores clave del negocio.

“Cuando lo llevamos al impacto individual, se traduce en empleados menos comprometidos, menor productividad, una mayor rotación y un impacto directo en la retención”, explicó.

La consecuencia para las organizaciones es un círculo de costos crecientes. La salida constante de talento, la pérdida de productividad y la necesidad de reemplazar personal generan presiones financieras adicionales para las empresas, particularmente en un entorno económico complejo.

Costos en salud, otro riesgo

Al mismo tiempo, las compañías enfrentan otra preocupación relacionada con la gestión de personas. El informe identifica que el aumento de los costos de salud y beneficios será uno de los riesgos más probables para las organizaciones durante los próximos uno a dos años, una preocupación que afecta al 45% de las empresas consultadas.

Aunque este riesgo descendió posiciones dentro del ranking general debido al avance de temas como la inteligencia artificial y la transformación digital, Marsh advierte que el problema continúa agravándose.

“No significa que el riesgo haya disminuido. Al contrario, hoy vemos que el incremento en los costos es algo que se seguirá manteniendo”, señaló Almazán.

El especialista destacó que los costos asociados a la atención médica continúan creciendo a tasas de doble dígito en distintos mercados de América Latina, impulsados por factores como la inflación médica, el envejecimiento poblacional, la mayor prevalencia de enfermedades crónicas y la incorporación de nuevas tecnologías y tratamientos más costosos.

“En los distintos mercados, no solamente a nivel México sino Latinoamérica, este incremento lo vemos a doble dígito”, indicó.

Frente a este escenario, las empresas están comenzando a abandonar los modelos tradicionales de beneficios para adoptar esquemas más personalizados que respondan a las necesidades específicas de cada grupo de trabajadores.

La tendencia apunta hacia la llamada hiperpersonalización de beneficios, una estrategia que busca adaptar los programas de apoyo financiero, salud y bienestar de acuerdo con variables como edad, etapa profesional, perfil sociodemográfico y riesgos particulares de cada población laboral.

“Un programa de beneficios que no está alineado a entender los riesgos presentes y las necesidades presentes en la población puede resultar un gasto innecesario”, advirtió Almazán.

Entre las acciones que están ganando terreno destacan los programas de educación financiera, asesoría personalizada para el manejo de deudas y ahorro, fondos de emergencia, cajas de ahorro y mecanismos de ahorro automático impulsados desde las propias organizaciones.

La preocupación también se extiende al futuro retiro de los trabajadores. De acuerdo con Marsh, comienza a observarse una creciente inquietud por la situación pensionaria de las generaciones que cotizan bajo el sistema de cuentas individuales, ante los riesgos asociados a una insuficiente cultura de ahorro y previsión financiera.

Para Almazán, la gestión de estos riesgos dejó de ser una responsabilidad exclusiva del departamento de recursos humanos para convertirse en una prioridad estratégica para la alta dirección.

“Los riesgos vinculados a las personas, desde la inseguridad financiera pasando por el deterioro de la salud mental, la salud física o incluso la adopción de la inteligencia artificial, ya no son asuntos periféricos; hoy son temas de abordaje estratégico”, afirmó.

El directivo concluyó que las organizaciones que logren integrar programas de bienestar, educación financiera y beneficios inteligentes estarán mejor posicionadas para proteger su productividad, reputación y competitividad en los próximos años.

“Las organizaciones deben priorizar a las personas hoy para realmente asegurar la competitividad mañana”, concluyó.