

Los fondos de inversión en México arrancaron 2026 con fuerza. En febrero, los activos netos alcanzaron un máximo histórico de 5.02 billones de pesos, un alza de 18.1% frente a diciembre de 2024, equivalente a cerca del 14% del PIB, según datos de la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB).
El crecimiento también se reflejó en la base de inversionistas; el número de clientes llegó a 16.55 millones, lo que implica un salto de 42.4% en el mismo periodo.
Para Álvaro García Pimentel, presidente ejecutivo de la AMIB, el avance responde en buena medida a la digitalización del sistema financiero. Sin embargo, no todos coinciden en la lectura optimista.
Amin Vera, director de operaciones en Invala Family Office, advierte que la cifra puede ser “engañosa”. A su juicio, el boom de cuentas de inversión —impulsado por plataformas digitales— ha inflado el número de clientes sin que necesariamente exista una decisión consciente de invertir.
La digitalización facilitó la apertura masiva de cuentas. En 2019, las casas de bolsa registraban apenas cerca de 300,000 clientes; con la expansión de aplicaciones como GBM y Kuspit, el número escaló hasta tres millones en apenas dos años.
No obstante, Vera subraya un matiz clave: muchos usuarios desconocen que forman parte de fondos de inversión. Esto se debe, en parte, a mecanismos como los “fondos de barrido”, donde los recursos —incluso montos mínimos— se canalizan automáticamente.
“Si tienes una cuenta con 500 o 1,000 pesos, por ley esos recursos se colocan en un fondo de barrido. Formalmente ya eres inversionista, aunque generes apenas centavos al día”, explicó.
Un fenómeno similar ocurre con bancos y sofipos que ofrecen rendimientos sobre saldos disponibles o apartados de ahorro. En muchos casos, los clientes no saben que esos recursos están invertidos en fondos.
Crecimiento con matices
Para Vera, el problema de fondo es metodológico. El acceso a fondos no siempre responde a una decisión informada, sino a productos financieros que los incorporan de forma automática.
“Los fondos van atados a otros productos y así se contabilizan como clientes, aunque no haya una intención directa de invertir”, apuntó.
En términos técnicos, un fondo de inversión agrupa recursos de distintos inversionistas para conformar portafolios diversificados —desde deuda gubernamental hasta acciones— con el objetivo de generar rendimientos según un horizonte definido.
En México, estos vehículos se clasifican principalmente en:
- Renta variable (acciones),
- Deuda (bonos),
- Multiactivos (mezcla flexible de instrumentos).
El mercado también presenta alta concentración: 29 operadoras gestionan fondos, pero seis concentran el 74.2% de los activos. Para Vera, esto refleja el papel dominante de la banca en la distribución de estos productos.
Más inversionistas, pero avance gradual
Desde otra óptica, Jacobo Rodríguez, consultor en Roga Capital, considera que el crecimiento es una señal positiva del mayor apetito por instrumentos con potencial de rendimiento.
Aun así, advierte que el avance sigue siendo gradual y que persisten retos estructurales, como la baja educación financiera.
“Hay que reconocer el crecimiento, pero todavía queda mucho por hacer en términos de cultura financiera”, señaló.
Rodríguez destaca que el interés por diversificar inversiones y los rendimientos —particularmente en fondos de deuda— han sido motores clave. Estos últimos se vieron beneficiados por el ciclo de tasas de interés, que impulsó el desempeño de los instrumentos durante el último año.
















