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El esfuerzo por masificar la educación financiera en México topa con pared antes de llegar al aula. Mientras el sector gubernamental y la iniciativa privada celebran la proliferación de plataformas fintech y eventos anuales como la Semana Nacional de Educación Financiera, en los hechos, la aguja de la inclusión no se mueve: el analfabetismo financiero en el país se mantiene como un problema estructural.

Lo peor, el enemigo está dentro de las aulas, pues el obstáculo principal no es la falta de presupuesto ni de interés por parte de chicos y grandes para hablar del dinero, sino el peso político de los sindicatos docentes.

Gerardo Obregón, fundador y CEO de Prestadero, señala en entrevista con El Cronista que el diagnóstico del problema cambió. No se trata de un tema de acceso o de oferta de productos bancarios, sino de una incapacidad sistémica para educar a la demanda.

La educación financiera reduce las posibilidades de sobreendeudarse.
La educación financiera reduce las posibilidades de sobreendeudarse.Liana Dudnik

“Para mí, la educación financiera siempre ha sido el gran faltante de la inclusión. Ya no es un tema de redactar más regulaciones para incrementar la oferta, sino de modificar la educación de verdad, de fondo, para educar a la demanda”, sostiene en entrevista.

Las cifras respaldan la premisa. Datos de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) —elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV)— revelan que cerca de seis de cada diez adultos en México poseen una cuenta de ahorro, un nivel considerado bajo para el tamaño de la economía.

Asimismo, el producto financiero de mayor penetración en el país no es una cuenta bancaria formal, sino las tarjetas de crédito emitidas por tiendas de autoservicio y departamentales.

Cuando se analizan los motivos por los cuales la población rehuye a los servicios financieros formales, la distancia a las sucursales o la conectividad móvil ocupan los últimos lugares. Las razones principales son la falta de comprensión sobre los requisitos, la duda sobre el uso práctico de las herramientas y el desinterés derivado del desconocimiento.

El freno político en la SEP

Para el directivo de Prestadero, la solución técnica es simple y no requiere descubrir el agua tibia: solo se necesita establecer una materia obligatoria de educación financiera desde la educación primaria o secundaria, tal como ocurre en diversas economías desarrolladas.

Sin embargo, al intentar empujar esta iniciativa ante las autoridades regulatorias, como la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), la respuesta revela una parálisis de origen político.

“Lo que nos contesta el presidente de la Condusef, Oscar Rosado, es que hay mucha política y que el tema de los sindicatos de maestros lo complica mucho”, explica Obregón. “No es que no haya una iniciativa del gobierno o que no lo hayan detectado, es que lo ven muy complejo porque implicaría un cambio ante los sindicatos de maestros, como el SNTE o la CNTE. Por eso se ha complicado seguir adelante. Es un tema meramente político”.

El ejecutivo califica como una “tristeza” que la política pública educativa sea frenada por la resistencia sindical, dejando una deuda histórica con los ciudadanos en una materia que impacta directamente en su calidad de vida y en su patrimonio.

Neobancos y el riesgo de la “bienvenida con portazo”

Pero la falta de educación financiera va mucho más allá de saber qué hacer con el dinero, el vacío educativo puede cobrar una factura muy cara en un contexto donde la competencia y la oferta de productos financieros es salvaje y las fintechs nuevas entregan tarjetas de crédito con requisitos mínimos de contratación.

Si bien la entrada de nuevos competidores amplía las opciones para el usuario, la falta de conceptos básicos como la fecha de corte, el Costo Anual Total (CAT), la tasa de interés o la acumulación de meses sin intereses transforma lo que debería ser una oportunidad de inclusión en un riesgo de quiebra personal.

“La llegada de los neobancos beneficia al consumidor porque le da opciones. El problema es que la gente puede no entenderlas. Un desliz en esas primeras etapas ocasiona que te nieguen el acceso a mejores tasas en el sistema formal. En lugar de una bienvenida, terminan dándole un portazo al usuario”, advierte Obregón.

Para el líder de Prestadero, la falta de una materia oficial en el plan de estudios de la Secretaría de Educación Pública (SEP), la responsabilidad de revertir el analfabetismo financiero recae temporalmente en dos frentes: el ámbito familiar —donde los padres deben educarse primero para transmitir el conocimiento a sus hijos— y las herramientas gratuitas que ofrecen instituciones como Banco de México (Banxico) y la Condusef, además del uso de modelos de inteligencia artificial para resolver dudas específicas sobre presupuestos e instrumentos de crédito.

Sin embargo, Gerardo Obregón deja tres conceptos clave que son el punto de partida para iniciar el viaje de la educación financiera.

  1. Presupuesto personal: Es la estructura básica que analiza ingresos menos gastos para determinar si el resultado es positivo o negativo, evitando así gastar dinero que no se tiene a través de tarjetas u otras deudas.
  2. Crédito e historial crediticio: Implica entender los componentes fundamentales de un financiamiento (tasa de interés, Costo Anual Total, capital y pagos anticipados), junto con la administración activa y revisión anual del historial crediticio.
  3. Inversión y rendimiento: Abarca el entendimiento de cómo poner a trabajar el dinero en instrumentos permitidos o regulados (diferenciando entre tasa fija y variable), identificar las protecciones existentes (como el Instituto de Protección al Ahorro Bancario en bancos) y reconocer las entidades reguladas para evitar caer en esquemas fraudulentos o piramidales.