

La incertidumbre sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) comenzó a despejarse en el Capitolio, pero bajo una fuerte dosis de pragmatismo político. Adrian Smith, presidente del Subcomité de Comercio de la Cámara de Representantes de EE.UU., prevé que el presidente Donald Trump concretará una extensión a largo plazo del acuerdo antes de que termine su mandato, evitando dejar el destino del comercio regional a la siguiente administración.
Sin embargo, en el Congreso estadounidense enfatizan que la reciente negativa de Washington a conceder una prórroga automática de 16 años durante la revisión conjunta no busca desmantelar el pacto. Por el contrario, opera como una palanca de negociación estratégica para ajustar cuentas pendientes: frenar la triangulación de productos chinos, endurecer las reglas de origen en el sector automotriz y eliminar las barreras no arancelarias al comercio agrícola mexicano.
La diplomacia mexicana frente a los aranceles
En respuesta a estas presiones de Washington, la administración de Claudia Sheinbaum negocia a contrarreloj para convertir la tensión bilateral en un alivio arancelario concreto para los sectores más expuestos de la economía nacional.
Según reportó Bloomberg, funcionarios mexicanos revelaron bajo condición de anonimato que el Gobierno de México confía en cerrar un pacto que reduzca los castigos arancelarios a las exportaciones de acero, aluminio y vehículos ligeros. En el ámbito automotriz, la meta principal es recortar la tasa nominal a vehículos del 25% actual al 15%. Tras aplicar los descuentos correspondientes por contenido regional, la tarifa efectiva real caería a un rango de entre 10% y 12%.
La diplomacia mexicana apunta a obtener términos igual de favorables o superiores a los negociados por Canadá el mes pasado, cuya tasa efectiva rondó el 7%. La urgencia es máxima: la industria automotriz genera cerca de 800,000 empleos directos en el país, mientras que los productores de acero y aluminio enfrentan impuestos de castigo que alcanzan hasta el 50%.
El impacto en la economía local
Para la presidenta Sheinbaum, concretar este acuerdo es urgente. El arranque de su gobierno ha estado marcado por la parálisis de la inversión privada y un lento crecimiento económico, impulsados en gran medida por las dudas sobre la relación comercial con EE.UU.
No obstante, la prudencia prevalece en la Secretaría de Economía. Aunque la cancillería mexicana se muestra “cautelosamente optimista”, fuentes citadas por Bloomberg recuerdan que las negociaciones con Trump son sumamente volátiles y pueden descarrilarse a último momento, tal como ocurrió con el borrador canadiense en agosto. Por ahora, el mercado aguarda la confirmación de este acuerdo para reactivar la confianza en los flujos de inversión transfronterizos.















