

Para la startup de rescate de alimentos Cheaf, el cierre anunciado del supermercado digital Jüsto a finales de 2025 (que reabrió en febrero de 2026) no solo significó la pérdida de uno de sus socios comerciales, también la puso frente a un problema urgente: qué hacer con las toneladas de alimentos que el supermercado tenía almacenadas y que ya no podía comercializar.
La respuesta terminó abriendo una nueva línea de negocio. Braulio Valenzuela, country manager de Cheaf México, contó a El Cronista que la primera alternativa fue vender esos productos a través de la propia aplicación de Cheaf, pero el equipo de Jüsto estaba concentrado en el proceso de cierre y descartó la operación. Entonces Cheaf tuvo que decidir qué hacer con el inventario.
“Nos sentamos y dijimos como, ‘¿Qué hacemos? Es un montón de comida’. Y pues se va a desperdiciar, ¿no? ¿Qué hacemos con todo esto?”, recordó Valenzuela en entrevista.
La startup ya había explorado la posibilidad de contar con un espacio físico para comercializar productos que no necesariamente encajaban en su modelo de marketplace. El problema de Jüsto aceleró la decisión.
Cheaf consiguió una bodega en la colonia Portales, al sur de la Ciudad de México, contrató una mudanza prácticamente de un día para otro y comenzó a mover el inventario. La hazaña tenía un componente de riesgo, pues la empresa no sabía si los productos tendrían demanda.
“Yo estaba muy abrumado de ese día que estábamos moviendo todo el alimento porque no sabíamos si se iba a vender, si fue un salto al vacío grande que hicimos”, relató.
Contrario al escenario catastrófico, el inventario se vendió en alrededor de dos semanas y Cheaf encontró una señal de mercado suficiente para convertir aquella operación de emergencia en un negocio permanente.
De resolver una emergencia a crear otro negocio
Lo que comenzó como una operación para rescatar el inventario de un socio ahora tiene estructura propia dentro de Cheaf. La compañía ya cuenta con personal dedicado a esta actividad, objetivos específicos y un plan de expansión.
La llamada “Tienda Cheaf” vende productos que, por distintas razones, ya no encuentran salida en sus canales tradicionales, aunque todavía pueden ser comercializados. No se trata únicamente de alimentos próximos a caducar: entre los casos que han llegado a la startup hay productos que pierden su canal comercial por cambios de imagen, devoluciones o decisiones de las propias marcas, detalló Valenzuela.
Uno de los ejemplos fue el de productos para bebés que permanecían en perfecto estado, pero que una marca dejó de vender porque estaba renovando su imagen. Otro fue un lote de dos toneladas de pollo congelado que la empresa consiguió comercializar en cuatro días.
El modelo también está modificando el tipo de empresas con las que Cheaf puede trabajar. La startup, que tradicionalmente conectaba los excedentes de restaurantes, cafeterías y panaderías con consumidores, ahora puede funcionar como un canal para que fabricantes y marcas de consumo masivo coloquen inventario que ya no venderán mediante sus canales habituales.
Ese mercado potencial es considerable. Valenzuela aseguró que Cheaf ya tiene en puerta acuerdos con marcas que podrían entregarle productos cuyo valor comercial conjunto ronda los u$s 5 millones mensuales, aseguró Valenzuela, aunque la startup todavía no tiene capacidad para absorber todo ese volumen.
Por ahora, la empresa selecciona los productos que considera más comercializables y trabaja en ampliar su capacidad de almacenamiento y operación.
Cheaf quiere llevar el experimento a 10 tiendas
Cheaf ya formalizó el negocio. Actualmente, cada tienda representa para Cheaf alrededor de MXN $200,000 pesos en ventas y la meta es abrir 10 unidades durante 2026.
La estrategia contempla utilizar las tiendas tanto para almacenar productos como para distribuir paquetes de alimentos rescatados a consumidores y repartidores.
La expansión, sin embargo, no implica que la startup esté dejando atrás su negocio principal. El marketplace de la aplicación continúa siendo el centro de la operación y la tienda física funciona como una nueva vía para aprovechar excedentes que no necesariamente pueden comercializarse mediante el modelo tradicional de Cheaf.
“Ha sido una aventura, ha sido medio al principio improvisado, ahora sí tenemos un plan para expandirlo”, dijo Valenzuela.
El cierre temporal de Jüsto permitió a Cheaf descubrir otra arista del desperdicio de alimentos; existe también un mercado en productos que todavía tienen valor, pero que por distintas razones ya no encuentran dónde venderse.
















