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Galgo no nació financiando motocicletas. Hace ocho años, cuando todavía operaba bajo otro enfoque, la startup chilena comenzó otorgando soluciones financieras a migrantes venezolanos que llegaban a Chile y quedaban fuera del sistema bancario, contaron a El Cronista Sebastián Parot y Francisco Eterovic, los cofundadores y coCEOs de esta startup que ha convencido a Uber de invertir en ella.

En ese camino los emprendedores identificaron una necesidad que terminaría transformando por completo su negocio: el acceso a una moto como herramienta de movilidad, pero también como fuente de ingresos.

“Nos dimos cuenta de la importancia que tiene la moto para la inmensa mayoría, en donde la moto muchas veces no solamente es una reducción en los tiempos de transporte, sino en una inmensa mayoría es una fuente de generación de ingreso”, explica Parot.

En 2022 la compañía decidió cambiar el rumbo y convertirse en una plataforma de compra, venta y financiamiento de motocicletas.

La apuesta apuntó desde el inicio a México y Colombia, dos mercados donde el volumen de motos nuevas supera ampliamente al de Chile. En México, señala Eterovic, se comercializan alrededor de 150,000 motos nuevas al mes, frente a unas 100,000 en Colombia y cerca de 2,000 en Chile.

México fue, de hecho, el primer mercado de expansión. Galgo inició operaciones en diciembre de 2022 y construyó aquí su negocio de manera orgánica, mientras que en Colombia ingresó mediante la adquisición del brazo financiero de un fabricante de motocicletas en 2023.

Galgo ha pasado de casi desconocida en México, más allá del nicho de los motociclistas, a anunciarse en televisión abierta en las últimas semanas. Pero más allá de la publicidad en masa, la startup ha dado de qué hablar porque es apenas la segunda startup latinoamericana en la que Uber invierte. La primera fue otra chilena, Cornershop, la startup de supermercado que terminó adhiriéndose a la compañía estadounidense en 2021 para potenciar su negocio de delivery, tras desembolsar u$s 50 millones de dólares.

Aunque no se reveló el monto invertido en Galgo, para la startup representa el respaldo de un jugador global a un modelo que busca resolver dos problemas al mismo tiempo: el acceso al financiamiento y la adquisición de un activo que puede convertirse en fuente de ingresos.

Y para Uber, la alianza le permite acercarse un paso más a uno de los costos de entrada de la economía de plataformas: conseguir el vehículo con el que sus conductores y repartidores pueden trabajar.

Esto, en un contexto donde —según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de 2025— se estima que hay 658,000 personas vinculadas a esta modalidad de trabajo, principalmente como conductores y repartidores.

México, el mercado que mueve la expansión

Cuatro años después, México representa alrededor de la mitad del negocio de Galgo. La compañía coloca más de 3,500 motocicletas al mes en el país y trabaja con más de 1,000 tiendas aliadas, bajo un modelo que combina una experiencia digital con una red física.

El usuario puede iniciar el proceso en la plataforma de Galgo, solicitar el financiamiento y retirar posteriormente la motocicleta en una tienda aliada. También puede acudir directamente al establecimiento y utilizar ahí el crédito de la fintech. Para las tiendas, el atractivo está en que Galgo funciona como un socio financiero que les permite ampliar sus ventas.

Su apuesta de crecimiento contempla el financiamiento como negocio central, pero también la generación de demanda para sus comercios aliados y el desarrollo de nuevas soluciones digitales.

Los emprendedores aseguran que Galgo crece alrededor del 50% anual y pretende mantener ese ritmo. Su objetivo es duplicar el tamaño del negocio hacia 2030. Para lograrlo, México seguirá siendo su principal prioridad.

El atractivo, dice Parot, está no sólo en el tamaño de la economía y del mercado de motocicletas, sino en el perfil de los consumidores a los que atiende Galgo: trabajadores y pequeños emprendedores para quienes una moto puede convertirse en una herramienta para generar ingresos.

Ese mercado también plantea uno de los principales desafíos del negocio: prestar dinero a personas que históricamente han tenido un acceso limitado al sistema financiero. Para Galgo, la respuesta está en desarrollar modelos propios de evaluación de riesgo y acumular datos suficientes para poder ampliar el crédito sin perder de vista la calidad de la cartera.

A ello se suma la complejidad de operar en distintos mercados. La empresa tuvo que reconstruir su plataforma tecnológica para adaptarla primero a México y después replicarla en los demás países. “Nosotros construimos toda nuestra tecnología [...] para México y de México se exporta al resto de los países”, señala Parot.

Hoy Galgo tiene cerca de 600 empleados, de los cuales alrededor de 150 están en México. La compañía también ha buscado que el mercado mexicano no sea simplemente una operación extranjera, sino parte de la construcción de la empresa. Su country manager en México es mexicano y buena parte del equipo local también.

El siguiente salto: los socios de Uber

El acuerdo con Uber comenzará en México y posteriormente se extenderá a Chile y Colombia, además de contemplar la entrada a un cuarto mercado en 2027.

Para Galgo, sin embargo, el capital no es necesariamente lo más importante de la operación. “Para nosotros la inversión es importante, pero tendría yo que decir que lo más relevante es la alianza”, afirma Eterovic.

La lógica es aprovechar el conocimiento que Uber tiene de los trabajadores de la economía de plataformas para desarrollar un producto financiero específico. Eterovic explica que la compañía identificó una fuerte subatención de crédito entre quienes utilizan una motocicleta como herramienta de trabajo.

“Esta alianza con Uber, al final, lo que nos permite es poder no solamente tener acceso a esos clientes, sino que de la mano de ellos, que son expertos en el segmento, poder diseñar un producto específico para ellos”, dice Eterovic.

El lanzamiento está previsto para el último trimestre de 2026 y México será el primer mercado. El equipo de ingeniería de Galgo ya trabaja en el desarrollo del producto.

La apuesta no es menor para una compañía cuyo crecimiento depende de ampliar tanto su cartera como el acceso a capital para financiarla. Galgo comenzó con capital de amigos y familiares, después se apoyó en fondos chilenos y posteriormente sumó inversionistas mexicanos como Nazca, además de otros fondos locales. En deuda, también ha comenzado a incorporar financiamiento bancario en México.

De acuerdo con los cofundadores, la compañía ha levantado más de u$s 100 millones de dólares en capital y cuenta con más de u$s 350 millones de dólares en deuda, recursos que le han permitido escalar su plataforma.

“Para nosotros la alianza es crítica para nuestro target de crecimiento al 50%”, reconoce Parot. El objetivo ahora será convertir esa alianza en un nuevo motor de expansión para México y el resto de América Latina.

El reto, como ocurre con buena parte de las fintech que prestan a segmentos subatendidos, será crecer sin que la velocidad termine deteriorando la calidad del crédito. Galgo asegura que quiere hacerlo manteniendo el crecimiento y la rentabilidad.

En esa ecuación, Uber aporta algo que puede ser tan relevante como el capital: acceso directo a una enorme base de potenciales clientes y conocimiento de un segmento que Galgo ahora busca convertir en su siguiente gran mercado.