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Cualquiera puede aprender inglés hoy por casi nada. Duolingo regala lecciones, YouTube está lleno de profesores, ChatGPT conversa y corrige a demanda, y el traductor automático resuelve en segundos lo que antes exigía un diccionario. Con tanta oferta gratuita, lo lógico sería que el negocio de certificar el inglés estuviera en retirada. Los números muestran otra cosa.

El mercado global de tests de inglés vale unos USD 2.460 millones y se proyecta a USD 4.120 millones hacia 2034. En México, el 45% de las empresas ya exige certificado de inglés en cada nueva contratación y la proyección es llegar al 50% en 2031, según el Global English Skills Report de ETS, la organización dueña del TOEFL. Hay un dato que sorprende todavía más: el 71% de los líderes de recursos humanos mexicanos cree que la inteligencia artificial aumenta la necesidad de saber inglés, en lugar de reducirla. Para entender por qué pasa esto conviene separar dos cosas que suelen mezclarse: una es aprender el idioma, que hoy está al alcance de todos, y otra muy distinta es demostrar ante una institución cuánto se sabe.

El TOEFL iBT es aceptado por más de 13.000 instituciones en más de 160 países y es requisito de admisión en las principales universidades de Estados Unidos.
El TOEFL iBT es aceptado por más de 13.000 instituciones en más de 160 países y es requisito de admisión en las principales universidades de Estados Unidos.Fuente: ShutterstockShutterstock

¿Por qué no alcanza con saber inglés para entrar a una universidad en el extranjero?

Para quien quiere migrar o estudiar fuera, la certificación funciona como la llave que abre o cierra la puerta. Las universidades la exigen para admitir, los gobiernos para otorgar visas, las empresas para contratar. El TOEFL iBT es aceptado por más de 13.000 instituciones en más de 160 países; sin un puntaje válido, la solicitud no avanza, por más fluido que sea el inglés del solicitante.

Detrás de esa exigencia hay una lógica de gestión de riesgo. Una universidad que admite a un estudiante sin el nivel necesario pierde dinero y reputación; un gobierno que emite una visa sobre la base de una autodeclaración de idioma no tiene forma de comprobar nada. “En admisiones universitarias, migración, becas o contratación, una certificación de inglés no es un trámite menor: puede definir el futuro académico o profesional de una persona“, dice Michelle Cripps, directora de Gestión de Canales para las Américas de ETS, en diálogo con El Cronista México. La institución que recibe la solicitud necesita un dato confiable, comparable y difícil de falsificar, algo que las herramientas gratuitas de aprendizaje no le dan: Duolingo puede enseñarte inglés, pero tu racha de 400 días no le sirve a un oficial consular.

Por eso el valor de un examen está menos en la medición del idioma que en la confianza institucional acumulada alrededor del puntaje: décadas de evidencia psicométrica, protocolos de seguridad contra el fraude y aceptación formal escrita en los reglamentos de admisión y en los manuales de los sistemas migratorios. Esa reputación tardó décadas en construirse y ninguna app la puede replicar de un día para otro.

Si la IA traduce todo en segundos, ¿para qué sirve certificar el inglés?

Hay dos razones por las que la inteligencia artificial aumentó la necesidad de certificar en lugar de reducirla. La primera tiene que ver con el uso real del idioma: el traductor automático resuelve un correo, pero queda corto en una negociación, una entrevista, una clase, una defensa de tesis o una reunión de trabajo en tiempo real. Quien emigra vive rodeado de esas situaciones todos los días. “La IA puede ayudar a traducir una frase, pero no reemplaza la capacidad de negociar, presentar, interpretar matices, defender una idea o responder en tiempo real“, señala Cripps.

La segunda razón es menos evidente. Cuando cualquier habilidad puede simularse con herramientas, las credenciales que verifican lo que una persona sabe hacer por su cuenta valen más. Si el ensayo de admisión puede escribirlo ChatGPT y la carta de motivación puede pulirla un modelo de lenguaje, el examen supervisado y estandarizado queda como una de las pocas partes del expediente que las instituciones todavía pueden tomar en serio. La IA sembró dudas sobre casi todos los demás documentos que presenta un aspirante, y esas dudas terminaron beneficiando a la industria de los exámenes. El Human Progress Report de ETS lo plantea desde el lado del trabajador: en un mercado laboral que cambia rápido, poder demostrar habilidades de manera verificable se volvió parte de la seguridad laboral.

Michelle Cripps, directora de Gestión de Canales para las Américas de ETS, la organización que administra el TOEFL.
Michelle Cripps, directora de Gestión de Canales para las Américas de ETS, la organización que administra el TOEFL.Gentileza ETS

El inglés gratis llegó a todos, pero el examen sigue siendo un obstáculo de acceso

El obstáculo cambió de lugar. Antes el problema era aprender: clases caras, profesores escasos, material limitado. Hoy el problema es certificar. En México, el 88% de los trabajadores considera que las certificaciones son esenciales para mantenerse relevantes, pero solo el 37% dice tener acceso a programas de certificación profesional, contra un promedio global de 45%. Para quien quiere emigrar, esa distancia entre lo que necesita y lo que puede pagar se siente en el bolsillo: el examen cuesta dólares, se rinde en fechas y sedes limitadas, y muchos lo repiten más de una vez hasta alcanzar el puntaje que exige el programa de destino.

“El reto no es falta de interés, sino falta de acceso estructurado“, reconoce Cripps, que menciona recursos gratuitos de preparación, alianzas institucionales y la modalidad Home Edition como vías para ampliar el acceso. El rediseño del TOEFL recortó el examen de 3 horas a 85 minutos, aunque el precio quedó igual. Mientras tanto, el mapa de destinos se amplió y con él la vigencia del requisito. La caída de un tercio en las visas de estudiante de Estados Unidos en 2025 movió la demanda hacia Alemania, Francia, Corea del Sur y Japón, países que crecen ofreciendo programas dictados en inglés. Hoy el certificado ya ni siquiera depende de irse a un país anglófono: “El inglés académico es necesario para estudiar en programas internacionales en Alemania, Francia, Corea o Japón, incluso cuando el idioma oficial no es el inglés”, señala Cripps.

La conclusión que pocos esperaban: aprender inglés gratis hizo más necesario el examen, no menos

Con tantas herramientas gratuitas, hay más gente que nunca que sabe inglés o cree saberlo, y cuando todos declaran manejar el idioma, las instituciones solo confían en la declaración que viene con puntaje, protocolo de seguridad y aceptación formal. “La pregunta ya no es si alguien puede aprender inglés, sino cómo demuestra que lo sabe de forma verificable”, sintetiza Cripps. Las apps sirven para llegar bien preparado al examen. La puerta, todavía, la abre el examen.