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México descubrió un observatorio astronómico solar de más de 2,500 años de antigüedad en Teteles de Ávila Castillo, en la Sierra Norte de Puebla. De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el complejo servía observar la trayectoria del Sol y establecer referencias para el calendario mesoamericano, incluido el inicio del año en febrero y la temporada de cosecha en octubre.

El descubrimiento corresponde al Grupo E, también conocido como Tetelihtic, un conjunto arquitectónico cuya distribución y orientación de sus estructuras piramidales estaban relacionadas con la observación de los astros. Según el proyecto arqueológico del INAH, es el primer observatorio de este tipo registrado fuera del área maya. Sus características permiten conocer cómo las sociedades mesoamericanas incorporaron sus conocimientos astronómicos a la organización de sus espacios ceremoniales.

De acuerdo al comunicado, los investigadores indicaron que este observatorio funcionaba mediante la observación del Sol al amanecer para identificar equinoccios y solsticios. También lo usaban para fijar el inicio del calendario mesoamericano en febrero y la cosecha en octubre.

Vista completa del complejo astronómico descubierto en Teteles de Ávila Castillo, Puebla.INAH

Cómo funcionaba el observatorio solar de Puebla

El Grupo E se encuentra al este de la Gran Plaza del recinto ceremonial y está compuesto por un patio cuadrangular flanqueado por dos basamentos, uno al este y otro al oeste.

El primero mide 90 metros de sur a norte por 40 de este a oeste, mientras que el segundo tiene 46 metros de norte a sur por 27 de este a oeste y funcionaba como punto de observación.

El director del proyecto arqueológico, Alberto Diez Barroso Repizo, explicó que el basamento alargado no marcaba los equinoccios en su centro, sino que “servía para fijar el inicio del calendario prehispánico mesoamericano en febrero, y la cosecha en octubre”. Además, el investigador del Centro INAH Puebla señaló que el basamento este constituía un calendario solar, ya que desde su frente, al amanecer, era posible seguir la trayectoria del Sol durante los equinoccios y los solsticios.

Como parte del Proyecto Arqueológico Teteles de Ávila Castillo, trabajadores de la zona y equípo del INAH limpian el sitio prehispánico Tetelihtic.INAH

Qué relación tiene con los observatorios del área maya

La traza arquitectónica de Tetelihtic presenta similitudes con los complejos del área maya. Diez Barroso señaló que “la traza de este conjunto es idéntica a los del área maya” y lo comparó con el Grupo E de Uaxactún, ubicado en el Petén guatemalteco. Según el investigador, el conjunto de Teteles duplica las dimensiones del de Uaxactún y ambos corresponden al periodo Preclásico Medio, entre 1000 y 600 antes de nuestra era.

El especialista sostuvo que los hallazgos aportan elementos para estudiar la posible relación entre la región y los grupos mayas y huastecos. En sus palabras, estos descubrimientos son “aportes trascendentes para corroborar la raíz de la filiación etnolingüística maya de los grupos huastecos”, pues la presencia maya en Teteles podría remontarse a un milenio antes de nuestra era.

Qué revelan las investigaciones sobre los antiguos habitantes

El proyecto arqueológico también plantea hipótesis sobre los vínculos culturales y religiosos del asentamiento. Diez Barroso mencionó una posible relación con la diosa Nahua Nantehuitz, “nuestra madre del sur”, debido a la orientación de la estructura mayor hacia Canopus, la segunda estrella más brillante del cielo nocturno.

Otra hipótesis sostiene que en el lugar podrían encontrarse indicios de los principios de la cultura totonaca, que se desarrolló en la región serrana y el norte de la Costa del Golfo.

Según el investigador, Tetelihtic estuvo en funcionamiento desde el Formativo Medio, alrededor de 900 antes de nuestra era, hasta el Protoclásico, cerca del año 100 de nuestra era.

Aunque el asentamiento fue abandonado parcialmente, las ofrendas fechadas entre los años 100 y 600 indican que continuó como espacio de culto.

En línea con lo anterior, una ofrenda totonaca de entre 600 y 900 de nuestra era llevó al especialista a sostener que los pobladores originales podrían haber sido antepasados de los grupos totonacos establecidos posteriormente en Yohualichan, en Cuetzalan, Puebla, y El Tajín, en Veracruz.