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La vida debería conjugarse con verbos en tiempo presente, así es como el Dalái Lama razona cuando reflexiona sobre la finitud de la vida: Solo existen dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto, hoy es el día ideal para amar, creer, hacer y, principalmente, vivir”. La frase resume una idea sencilla, pero especialmente poderosa en una sociedad que suele dividir su atención entre lo que ya ocurrió y aquello que todavía no sucede.

El pasado puede convertirse en una fuente de aprendizaje, pero permanecer atrapado en él puede impedirnos disfrutar lo que ocurre ahora. De la misma manera, pensar constantemente en el futuro puede generar preocupaciones sobre escenarios que todavía no existen. La invitación del Dalái Lama consiste, entonces, en reconocer el presente como el único momento en el que podemos tomar decisiones, expresar afecto, corregir errores y construir algo diferente.

Daláil Lama en París.
Daláil Lama en París.Fuente: ShutterstockShutterstock

Esta mirada también encuentra un punto de encuentro con el mindfulness, una práctica que propone llevar la atención de manera consciente al momento presente. En medio de las exigencias de la vida actual, detenerse para observar lo que sentimos, pensamos y hacemos permite recuperar cierta perspectiva.

No se trata de ignorar el pasado ni de dejar de planificar el futuro, sino de evitar que ambos ocupen por completo un presente que también necesita ser vivido.

Cómo aplicar esta frase en los momentos más críticos de la vida

Cuando una persona atraviesa una situación difícil, vivir el presente puede parecer especialmente complicado. Una pérdida, una ruptura, un problema económico o una decisión importante pueden hacer que la mente regrese constantemente a lo que salió mal o imagine todo lo que podría ocurrir.

En esos momentos, la frase del Dalái Lama puede hacer un llamado a la aceptación. Aunque no podamos cambiar lo ocurrido ni controlar completamente lo que vendrá, sí podemos decidir qué hacer con este momento.

Aplicar esta idea no significa negar el dolor o fingir que todo está bien. Al contrario, implica permitirse reconocer lo que sucede sin añadirle constantemente escenarios hipotéticos. Respirar, identificar las emociones, hablar con alguien, descansar o concentrarse en una tarea concreta son pequeñas formas de regresar al presente. Incluso en medio de una crisis, siempre existe algún aspecto sobre el que todavía podemos ejercer una acción.

Filosofía de vida
Filosofía de vida

También puede ser útil convertir la reflexión en una pregunta cotidiana: “¿Qué puedo hacer hoy?”. En lugar de intentar resolver de una sola vez todos los problemas, la atención se dirige hacia el siguiente paso posible. A veces será tomar una decisión; otras, pedir ayuda, descansar, perdonar, comenzar de nuevo o simplemente atravesar el día. El presente no elimina las dificultades, pero puede hacerlas más abordables.

La conexión con el estoicismo y el budismo

La enseñanza atribuida al Dalái Lama encuentra una fuerte conexión con el budismo, tradición en la que la atención consciente y la comprensión de la impermanencia ocupan un lugar central.

Desde esta perspectiva, aferrarse permanentemente a lo que fue o intentar controlar aquello que todavía no sucede puede convertirse en una fuente de sufrimiento. La práctica consiste, en buena medida, en observar la experiencia presente con mayor conciencia y aceptación.

También existe una notable coincidencia con la filosofía estoica. Pensadores como Epicteto, Séneca y Marco Aurelio insistieron en distinguir aquello que depende de nosotros de aquello que escapa a nuestro control.

El pasado no puede modificarse y el futuro no puede conocerse por completo; lo que sí podemos gobernar son nuestras decisiones, actitudes y acciones en el momento presente. La coincidencia con la frase del Dalái Lama resulta evidente: la vida ocurre en el ahora.

Otra mirada que puede dialogar con esta enseñanza es la de la filosofía existencialista, que puso especial énfasis en la responsabilidad individual y en la capacidad de cada persona para otorgar sentido a su existencia. Desde perspectivas diferentes, estas tradiciones coinciden en una idea fundamental: no podemos elegir todas las circunstancias que nos rodean, pero sí podemos decidir cómo relacionarnos con ellas. Por eso, vivir el presente no significa abandonar los planes, sino recuperar la capacidad de actuar en aquello que efectivamente está a nuestro alcance.

Quién es el Dalái Lama y por qué su sabiduría mantiene vigencia hoy

El Dalái Lama es el título que recibe el líder espiritual de la escuela Gelug del budismo tibetano y una de las figuras religiosas más reconocidas del mundo, es como si fuera el “papa” de la Iglesia católica.

Tenzin Gyatso, nacido en 1935, es el decimocuarto Dalái Lama y ha dedicado buena parte de su trayectoria a difundir valores como la compasión, la paz, la responsabilidad y el diálogo entre distintas tradiciones.

Su pensamiento mantiene relevancia en la actualidad porque muchas de sus reflexiones abordan problemas que trascienden las diferencias culturales y religiosas: la búsqueda de bienestar, la relación con los demás, el manejo de las emociones y la necesidad de desarrollar una mayor conciencia sobre nuestras propias acciones. En un mundo caracterizado por la velocidad, la sobreinformación y la incertidumbre, recordar que únicamente podemos vivir y actuar en el presente adquiere un significado particularmente vigente.