

En pleno siglo XXI, Israel logró lo que parecía imposible: crear un río donde solo existía desierto. Aunque no aparece en los mapas tradicionales como un curso natural, el Acueducto Nacional es una hazaña de ingeniería que transporta millones de litros de agua a través de 130 kilómetros de túneles, canales y bombas.
Desde su construcción en la década de 1960, este sistema transformó radicalmente el paisaje árido del país, llevando vida donde antes solo había sequía. Pero la historia no termina ahí: con la incorporación de plantas desalinizadoras en el Mediterráneo, el sistema ahora funciona en dirección inversa, devolviendo agua al Mar de Galilea.

Del Mediterráneo al desierto: el acueducto que desafía la geografía
El Acueducto Nacional de Israel conecta las regiones húmedas del norte con las zonas áridas del sur a través de una compleja red de canales abiertos, túneles subterráneos y tuberías presurizadas. Construido entre 1953 y 1964 con una inversión de 420 millones de liras israelíes, este sistema combina tramos visibles —como el impresionante Canal del Valle de Beit Netofa de 17 kilómetros— con extensiones ocultas bajo tierra.
Aunque se lo describe popularmente como un “río artificial”, en realidad es una infraestructura de transferencia hídrica que depende de estrictos controles de caudal y presión, con estaciones de bombeo estratégicamente ubicadas para vencer desniveles y mantener el flujo constante hacia ciudades y granjas.
Cuando el mar se vuelve dulce: la revolución de la desalinización
A partir de los años 2000, Israel incorporó una tecnología que cambiaría para siempre su matriz hídrica: la desalinización por ósmosis inversa.
Con cinco grandes plantas operando a lo largo de la costa mediterránea, el país transformó el agua de mar en potable a escala industrial, llegando a que más del 60% del agua consumida provenga del Mediterráneo.
Este proceso complejo incluye pretratamiento, filtración fina, eliminación de sal y remineralización para cumplir estándares de potabilidad. Las plantas no solo redujeron la dependencia de fuentes naturales durante sequías prolongadas, sino que convirtieron al país en un referente mundial en tecnología de tratamiento de agua, exportando conocimiento a regiones con problemas similares.

El río que fluye al revés: bombeando agua de regreso a la naturaleza
En un giro sorprendente, desde 2025 Israel comenzó a operar su sistema en dirección opuesta a la original: bombea agua desalinizada hacia el Mar de Galilea, su principal reserva natural de agua dulce, para recuperar niveles críticos tras años de sequía. Esta inversión del flujo demuestra cómo la infraestructura construida hace décadas ahora permite una flexibilidad impensada.
La empresa estatal Mekorot gestiona aproximadamente 13,000 kilómetros de tuberías, cientos de estaciones de bombeo y embalses en una red que integra transporte, tratamiento y distribución. Gracias a esta red, el agua desalinizada no solo suple a las ciudades y la agricultura, sino que también restaura ecosistemas acuáticos que enfrentaban una degradación progresiva.
Expertos destacan que esta estrategia refleja una combinación de ingeniería avanzada y gestión hídrica sostenible, mostrando cómo un país con recursos naturales limitados puede adaptarse a desafíos climáticos extremos mediante soluciones tecnológicas. Además, se convierte en un ejemplo global de resiliencia frente a la sequía, inspirando a otras regiones que luchan por equilibrar disponibilidad de agua y demandas crecientes.















