

La convivencia en el transporte público depende de que todas las personas respeten las normas básicas de uso. Desde formar una fila para abordar hasta ceder espacios exclusivos, pequeñas acciones pueden hacer una gran diferencia en la movilidad diaria de millones de usuarios.
Por ello, el Servicio de Transportes Eléctricos (STE) de la Ciudad de México ha reforzado sus mensajes de cultura cívica en el Trolebús, recordando que conductas como meterse en las filas, ocupar lugares reservados o dañar las unidades afectan el servicio y la experiencia de viaje de todos.

Las conductas que podrían derivar en sanciones si persisten
Aunque actualmente las autoridades privilegian la concientización ciudadana, el mensaje del STE indica que, quienes ignoran las reglas de convivencia ponen en riesgo el orden y la seguridad en el transporte público.
Entre las principales recomendaciones está “hacer una fila ordenada para abordar el Trolebús”, una práctica que permite agilizar el acceso y evitar conflictos entre usuarios.

El STE también recuerda que el transporte público es un “espacio 100% libre de humo de tabaco” y que acciones como fumar dentro de las unidades o dañarlas pueden derivar en sanciones.
De igual forma, exhorta a los usuarios a no pintar ni rayar los trenes y trolebuses, con el objetivo de preservar la infraestructura pública que utilizan miles de personas diariamente.
El respeto a los espacios exclusivos beneficia a todos
Otro de los llamados de las autoridades está relacionado con los asientos preferentes. El organismo pide respetar los asientos azules destinados a personas con discapacidad y adultos mayores, así como los asientos rosas reservados para mujeres.
La finalidad de estas medidas no es castigar, sino promover una convivencia más ordenada, incluyente y segura. Cuando las reglas se respetan de manera voluntaria, se reduce la necesidad de implementar multas más severas o nuevas restricciones.

La experiencia internacional demuestra que los sistemas de transporte funcionan mejor cuando los usuarios asumen su responsabilidad cívica.
Formarse correctamente, respetar los espacios reservados y cuidar las instalaciones son acciones sencillas que contribuyen a una ciudad más ordenada y evitan que las autoridades tengan que recurrir a sanciones económicas o medidas más estrictas para garantizar el cumplimiento de las normas.















