La Ley de Sucesiones en Argentina prevé una situación puntual en la que el cónyuge puede quedar excluido de la herencia, aun cuando el matrimonio haya sido válido y reciente.
El Código Civil y Comercial de la Nación regula, dentro de la Ley de Sucesiones, esta figura bajo el nombre de “matrimonio in extremis”, una categoría jurídica que se aplica cuando el fallecimiento del causante sucede poco después de la boda y bajo determinadas condiciones médicas.
En qué casos la viuda o el viudo no reciben la herencia
En términos generales, el cónyuge es heredero forzoso y tiene derecho a una parte de los bienes. Sin embargo, ese derecho se pierde si se configura el matrimonio in extremis, el cual está regulado dentro del Código Civil y Comercial de la Nación.
La exclusión opera cuando la persona fallece dentro de los 30 días posteriores al casamiento como consecuencia de una enfermedad que ya padecía antes de contraer matrimonio y que además era conocida por el otro contrayente.
Para que la ley deje sin efecto el derecho hereditario deben cumplirse de manera simultánea estos requisitos:
- Fallecimiento dentro de los 30 días desde la celebración del matrimonio
- Muerte causada por una enfermedad preexistente
- Conocimiento previo de esa enfermedad por parte del cónyuge sobreviviente
Si estas condiciones se acreditan en el proceso sucesorio, el viudo o la viuda queda fuera de la sucesión y no recibe ninguna porción de los bienes.
Cómo se reparten los bienes cuando se aplica el matrimonio in extremis
Cuando el cónyuge es excluido, la herencia se distribuye según el orden legal previsto para las sucesiones sin testamento, conocido como sucesión intestada o ab intestato.
La normativa argentina establece un esquema jerárquico que prioriza determinados vínculos familiares y fija quiénes tienen derecho a heredar en ausencia del cónyuge.
El orden de prelación es el siguiente:
- Descendientes, como hijos o nietos
- Ascendientes, como padres o abuelos
- Colaterales hasta el cuarto grado, si no existen los anteriores
La partición debe respetar las porciones que la ley asigna a cada heredero y no puede realizarse de manera discrecional. Si existen herederos incapaces, personas ausentes o desacuerdos sobre la división de los bienes, un juez interviene para garantizar que el reparto se ajuste a las normas vigentes.
De esta manera, el matrimonio in extremis se convierte en una herramienta legal que puede modificar por completo el destino del patrimonio y redefinir quiénes serán finalmente los beneficiarios de la herencia.