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A simple vista, Mar del Plata y Biarritz parecen dos destinos sin relación. Una creció en la costa bonaerense; la otra, en el País Vasco francés.
Sin embargo, ambas comparten un mismo origen: nacieron como balnearios elegidos por la élite, crecieron bajo influencia europea y se desarrollaron con una arquitectura que puso al mar como protagonista.
Este paralelismo se empezó a notar en el siglo XIX, cuando Biarritz dio el salto de pueblo pesquero a refugio aristocrático. La presencia de la emperatriz Eugenia de Montijo cambió para siempre la zona.
A partir de su llegada, comenzaron a levantarse palacios, villas y hoteles de lujo que marcaron el estilo costero francés de la época.
La ciudad europea que inspiró a Mar del Plata
Mientras Biarritz se convertía en destino predilecto de la nobleza, Argentina todavía miraba a Europa como referencia cultural. Por eso, cuando Mar del Plata empezó a recibir a las familias más ricas de Buenos Aires, el modelo francés apareció como guía estética y urbana.
Fundada en 1874, la ciudad bonaerense comenzó a crecer como balneario a fines del siglo XIX. Ya en los años 20, dio un paso decisivo: la construcción del monumental casino diseñado por Alejandro Bustillo. El arquitecto tomó elementos del estilo Luis XIII, con guiños directos a plazas y edificios emblemáticos de París.

En paralelo, el paisajista Carlos Thays diseñó el Paseo General Paz, un corredor verde que acompañó el frente costero y reforzó esa idea de ciudad balnearia sofisticada, inspirada en los ejemplos franceses del siglo anterior.
El nacimiento del chalet marplatense: una adaptación local del pintoresquismo europeo
Mientras las familias adineradas levantaban sus casas de veraneo, apareció un estilo que hoy es símbolo de la ciudad: el chalet marplatense.
Este tipo de vivienda tomó rasgos del pintoresquismo de Biarritz —tejas, piedra, balcones, madera tallada— pero los combinó con materiales locales y mano de obra artesanal.
Con el tiempo, se volvió uno de los sellos más fuertes de Mar del Plata y una señal clara de su conexión con los balnearios europeos.

El mar como escenario central en dos ciudades que crecieron mirando al Atlántico
Tanto en Biarritz como en Mar del Plata, la vida social giró siempre alrededor del borde costero. En la ciudad francesa, los paseos marítimos, los miradores y los edificios frente al océano se transformaron en íconos. En Mar del Plata pasó algo similar: la rambla, los hoteles históricos y los casinos marcaron el ritmo del desarrollo urbano.
La lógica fue la misma: integrar arquitectura y paisaje. El mar dejó de ser solo un recurso natural y pasó a definir la identidad de cada destino.
¿Cómo cambiaron estas ciudades con la llegada del turismo masivo?
Con el tiempo, tanto Biarritz como Mar del Plata se abrieron a nuevos públicos. Lo que antes era un privilegio exclusivo, se convirtió en un espacio más democrático.
Sin embargo, ambas conservaron huellas de su origen aristocrático: edificios históricos, barrios residenciales antiguos y una tradición social que aún se respira en sus playas y paseos.
Hoy, los visitantes pueden recorrer esos rincones que mantienen viva la historia del turismo de élite del siglo XIX, mientras disfrutan de ciudades que supieron adaptarse sin perder su identidad.













