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En los últimos años, la ciencia volcó su atención en descubrir qué actividades resultan más efectivas para preservar la agudeza mental con el paso de los años.

Si bien los pasatiempos tradicionales como los crucigramas o los juegos de mesa suelen recomendarse habitualmente para mantener el cerebro activo, una investigación publicada en 2021 por la revista Age and Ageing puso el foco en una disciplina diferente: el baile.

Al tratarse de una actividad mente-cuerpo que combina movimiento rítmico intencional y música, la danza moviliza múltiples áreas del sistema nervioso de forma simultánea.

Cómo influye el baile en la memoria y la función cognitiva, según un estudio

El trabajo científico analizó 11 ensayos controlados aleatorizados que reunieron a 1.412 participantes mayores de 55 años, tanto sanos como con diagnóstico de deterioro cognitivo leve.

Los investigadores observaron que la práctica regular de la danza exige un esfuerzo integral que va mucho más allá del ejercicio físico convencional, ya que al coordinar los pasos al compás de los sonidos se ponen en marcha complejos mecanismos de procesamiento simultáneo, importantes para función cognitiva.

Entre los principales beneficios identificados sobre el sistema nervioso destaca la estimulación de la neuroplasticidad, un proceso mediante el cual el cerebro adquiere la capacidad de reorganizar sus conexiones y adaptarse al aprendizaje de nuevos patrones de movimiento.

La evidencia respaldada por el metaanálisis muestra incrementos en el volumen del hipocampo, una estructura cerebral que resulta crucial para la consolidación de la memoria a largo plazo y la orientación espacial.

Por otro lado, la disciplina fortalece la conectividad hemisférica al activar e interconectar las áreas motoras, somatosensoriales y cognitivas de ambos lados del cerebro.

Finalmente, el análisis estadístico determinó que esta práctica produce mejoras significativas en la función cognitiva global y en el desempeño de la función ejecutiva, que abarca capacidades clave como la planificación, la flexibilidad mental para cambiar de tarea y la toma de decisiones en la vida cotidiana.

La práctica regular de la danza exige un esfuerzo integral que va mucho más allá del ejercicio físico convencional.

Dosis y frecuencia recomendadas para la práctica de la danza

Uno de los interrogantes centrales que planteaba la investigación era determinar qué nivel de exigencia o frecuencia se requiere para obtener resultados positivos en la salud cerebral.

Las intervenciones evaluadas en los distintos estudios analizados variaron en su aplicación, registrando frecuencias de entre una y tres veces por semana, con sesiones de duración moderada que se encontraron entre los 35 y los 60 minutos, a lo largo de períodos de entre 3 y 12 meses.

Si bien se requieren más investigaciones para definir la dosis óptima exacta en comparación con otras formas de ejercicio físico, la evidencia actual respalda estos rangos como un marco efectivo para promover un envejecimiento activo y saludable.

La importancia del componente social en el envejecimiento activo

Los especialistas subrayaron que el componente social de la danza aporta un valor añadido fundamental para el bienestar cerebral.

Participar en dinámicas grupales integradas y físicamente activas no solo contribuye a disminuir el riesgo de desarrollar demencia a largo plazo, sino que también estimula la cognición social al conectar el movimiento con la expresión emocional y la interacción con otras personas.

De este modo, la combinación de estímulo físico, coordinación motora y vinculo social posiciona a la disciplina como una alternativa sumamente completa para el cuidado de la salud cognitiva en la madurez.