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El futuro económico de América Latina sigue marcado por la cautela. Las estimaciones para 2026 muestran avances, pero sin grandes saltos.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el crecimiento promedio será del 2,3 %, una cifra que confirma la recuperación lenta y desigual en la región.

Un contexto de crecimiento moderado

La mayoría de las economías enfrenta desafíos como inflación persistente, restricciones fiscales y baja productividad. Estos factores limitan la posibilidad de un desarrollo sostenido.

Sin embargo, dentro de este panorama aparece una excepción que sorprende y obliga a mirar más de cerca.

¿Cuál es el país que rompe la tendencia?

Paraguay se posiciona como la economía con mayor expansión proyectada para 2026. La CEPAL estima que su PIB crecerá cerca del 4 %, muy por encima del promedio regional.

Este desempeño se explica por la estabilidad macroeconómica, una política fiscal ordenada y el impulso del sector agroexportador.

Además, su integración comercial y la diversificación de mercados fortalecen un crecimiento que se mantiene constante en los últimos años.

Argentina: un rebote que cambia el mapa

Otro país que llama la atención es Argentina. Tras años de recesión, alta inflación y desequilibrios fiscales, la CEPAL proyecta también un crecimiento cercano al 4 %.

En este caso, se trata de un rebote tras la crisis, más que de una expansión estructural sólida. Aun así, el dato es relevante porque ubica a Argentina entre las economías con mejor desempeño esperado en la región.

No es Brasil ni México: el país con gran proyección económica que podría liderar América Latina en 2026

El resto de la región avanza sin sorpresas

Colombia y Perú muestran proyecciones positivas, pero sin saltos destacados. En Centroamérica, Panamá y Costa Rica mantienen cierta resiliencia gracias a sectores como logística, turismo y servicios, aunque no figuran entre los países con mayor crecimiento.

¿Qué significa este escenario?

Las proyecciones confirman que América Latina seguirá creciendo, pero sin euforia. El protagonismo de Paraguay y Argentina plantea preguntas sobre los modelos económicos y las políticas que permiten sostener un ritmo más alto en un contexto global incierto.