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Cada año, cientos de migrantes intentas cruzar el mar para llegar a España en busca de un futuro mejor. En este contexto, en que la búsqueda por alcanzar ese objetivo se traduce en sobrevivir de cualquier manera posible, el reciente cruce masivo de la frontera en Ceuta que protagonizaron miles de marroquíes no sólo dejó un gran número de muertos, sino también de testimonios que evidencian los estragos de su día a día.
Tal es el caso de Mohamed, un joven marroquí de 22 años que detalló cuáles son las razones que empujan a muchos jóvenes a abandonar su tierra natal y afrontar una travesía de apenas dos kilómetros que esconde un peligro mortal.
“Veía las luces y sabía que tenía que llegar como fuera”, recordó sobre el momento más difícil del cruce.
Por qué Mohamed decidió dejar Marruecos para emigrar a España
Mohamed nació en El Yadida, una ciudad portuaria ubicada sobre la costa atlántica de Marruecos. Desde allí emprendió un viaje de más de 500 kilómetros junto a dos compatriotas hasta llegar a las inmediaciones de Ceuta.
El recorrido, que combinó trayectos en automóvil y caminatas, les demandó cerca de una semana. Una vez en la costa, solo quedaba superar el último obstáculo: el mar.
El joven explica que trabajaba en la pesca, pero que los ingresos no eran suficientes para proyectar un futuro. Según cuenta, la falta de empleo estable es una de las principales razones que llevan a muchos marroquíes a emigrar.
“Veía las luces y sabía que tenía que llegar como fuera”
Cuando cayó la noche, Mohamed y otros dos jóvenes se lanzaron al agua desde las costas de Castillejos con destino a Ceuta.
Mientras avanzaba en medio del mar, solo pensaba en alcanzar las luces que veía a la distancia. Esa imagen, asegura, fue la que lo impulsó a continuar hasta llegar a territorio español.
No todos tienen el mismo desenlace. De acuerdo con datos recopilados por EFE, 46 migrantes murieron en las costas de Ceuta durante 2025, mientras que 24 fallecieron en lo que va de 2026 intentando completar la travesía.
Zapatos abandonados y mantas
En los alrededores del CETI se concentraron decenas de migrantes que esperaban una respuesta sobre su situación. La mayoría eran marroquíes, aunque también había ciudadanos argelinos y, en menor número, personas procedentes del África subsahariana.
A lo largo del día, muchos hicieron fila para recibir comida y asistencia básica, mientras otros aprovechaban los grifos instalados frente al centro para asearse después de la travesía.
El camino de acceso al CETI deja imágenes que reflejan el recorrido de quienes lograron llegar a España. En las banquinas aparecen zapatos, mochilas, bolsas y prendas de vestir abandonadas, objetos que quedaron atrás durante el viaje.
Otro elemento que se repitieron durante las últimas jornadas fueron las mantas rojas entregadas por la Cruz Roja Española. Los migrantes las utilizaban para protegerse del frío durante la noche o simplemente para descansar mientras esperan novedades.
En ese lugar conviven historias diferentes, pero con un mismo objetivo. La mayoría asegura haber dejado atrás su país con la esperanza de encontrar un empleo, ayudar a sus familias y comenzar una nueva vida en España.
Con información de EFE