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Durante décadas, los huevos estuvieron en el centro del debate nutricional, en especial las yemas, que durante mucho tiempo fueron señaladas como responsables de elevar el colesterol y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, en los últimos años la evidencia científica comenzó a cambiar esa percepción.
Hoy muchos especialistas coinciden en que el colesterol presente en los alimentos no tiene el impacto directo que antes se creía sobre el colesterol en sangre. En cambio, otros factores de la dieta, como las grasas saturadas, juegan un papel mucho más relevante.
Cómo cambió la mirada de la ciencia sobre los huevos
Desde la década de 1960, las guías alimentarias recomendaban limitar el consumo diario de colesterol a 300 miligramos. En ese contexto, los huevos, especialmente las yemas, uedaron asociados a un mayor riesgo cardiovascular.
Pero esa recomendación fue eliminada en 2016 cuando distintos estudios comenzaron a demostrar que no existía una relación sólida entre el colesterol de la dieta y el desarrollo de enfermedades cardíacas.
Investigaciones posteriores reforzaron esta idea. En muchos casos, los científicos observaron que las grasas saturadas tienen un impacto más significativo en los niveles de colesterol en sangre que el colesterol presente en alimentos como los huevos.
Qué muestran los estudios más recientes
Un estudio aleatorio publicado en 2025 en The American Journal of Clinical Nutrition analizó el efecto de consumir huevos dentro de una dieta equilibrada. Los resultados indicaron que ingerir dos huevos por día como parte de una alimentación baja en grasas saturadas puede incluso reducir el colesterol LDL, conocido como colesterol “malo”, después de algunas semanas.
En cambio, cuando la dieta incluye altos niveles de grasas saturadas, los niveles de colesterol pueden aumentar independientemente de si se consumen huevos o no.
Especialistas en nutrición señalan que la mayor parte del colesterol del organismo se produce en el hígado, y no proviene directamente de los alimentos.
Además, la respuesta al colesterol de la dieta puede variar según la genética de cada persona. Algunas personas son más sensibles a estos alimentos, mientras que otras no presentan cambios significativos en sus niveles de colesterol.
Lo que sí parece claro para los expertos es que las grasas saturadas influyen más en los niveles de colesterol LDL. Estas grasas pueden dificultar que el hígado elimine el colesterol de la sangre y aumentar su producción.
Por esa razón, las guías alimentarias recomiendan reducir el consumo de productos ricos en grasas saturadas, como manteca, lácteos enteros, carnes rojas, quesos y algunos aceites tropicales.
Cuántos huevos se pueden comer por día
Más allá de las discusiones sobre el colesterol, los huevos siguen siendo considerados un alimento altamente nutritivo.
Un huevo grande aporta proteínas de alta calidad y nutrientes esenciales como calcio, fósforo, potasio, selenio, vitamina A, vitamina D, vitamina E, vitamina K, colina y ácidos grasos omega-3, entre otros compuestos importantes para el organismo.
Según la Asociación Americana del Corazón, los adultos sanos pueden consumir entre uno y dos huevos por día sin problemas dentro de una dieta equilibrada.
En personas con colesterol elevado o antecedentes familiares, algunos especialistas recomiendan limitar la cantidad de yemas por semana, aunque la respuesta puede variar según cada caso.
Cómo incorporar los huevos en una dieta saludable
Los nutricionistas coinciden en que el problema muchas veces no está en el huevo en sí, sino en cómo se consume.
Prepararlos con grandes cantidades de manteca o acompañarlos con alimentos ricos en grasas saturadas puede influir más en la salud cardiovascular que el huevo por sí mismo.
Por eso, los especialistas sugieren cocinarlos con aceite de oliva o aceites vegetales y acompañarlos con alimentos ricos en fibra, como verduras, legumbres o panes integrales.
Con estos nuevos conocimientos científicos, el huevo volvió a ocupar un lugar destacado dentro de una alimentación equilibrada. Para muchos expertos, se trata de un alimento accesible, versátil y con un gran valor nutricional que puede formar parte de la dieta diaria sin riesgos para la mayoría de las personas.