

Los huevos son un alimento básico, pero también delicado. Según criterios técnicos unificados, “los huevos deben consumirse dentro de los 28 días siguientes a la puesta”, lo que marca el límite general para preservar sus propiedades y seguridad, sugiere Chef Campus, una de las fuentes consultadas por este medio.
Aunque en tiendas suelen estar a temperatura ambiente, en casa la recomendación cambia, ¿por qué? La Profeco indica que “una vez que se adquieren es preferible guardarlos en el refrigerador, donde hay temperatura fría y estable”, lo que prolonga su conservación.
Sin embargo, el tiempo exacto depende del proceso. En condiciones especiales, “una vez salidos de esta cámara, solo durarán cerca de 15 días”, lo que aclara que ese periodo aplica únicamente tras métodos industriales avanzados.

¿Cuál es el tiempo real de conservación en refrigeración?
En términos generales, el dato más confiable es el ciclo natural del huevo: hasta 28 días desde la puesta, siempre que se mantenga en condiciones adecuadas de almacenamiento y refrigeración doméstica.
- Consumir dentro de los 28 días desde la puesta
- Refrigerar en la parte interna, no en la puerta
- Mantener en su empaque original
- Evitar lavarlos antes de guardarlos
- Revisar olor y textura antes de consumir
- Factores que influyen en su duración
El tiempo de conservación no depende solo del frío, sino también del manejo. La temperatura, la humedad y la exposición a contaminantes determinan la vida útil del huevo.
También hay que tener en cuenta“los huevos pueden actuar como transportadores de patógenos”, por lo que una mala manipulación reduce su duración real, incluso si se mantienen refrigerados correctamente.

Los consejos para conservar su calidad y seguridad
Guardar los huevos correctamente es esencial. Se recomienda mantenerlos “en su empaque original en un lugar fresco (+8° C – +12°C) y seco”, evitando cambios bruscos de temperatura.

Otro aspecto importante es la higiene. “No deben lavarse antes de meterlos en el refrigerador”, ya que esto facilita la entrada de microorganismos a través de la cáscara.
La frescura de los huevos también se detecta al usarlos. Si “la clara se desparrama y tiene una apariencia acuosa”, o hay mal olor, es mejor desecharlo para evitar riesgos a la salud.















