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Los accidentes cerebrovasculares (ACV) son una de las principales causas de muerte en el mundo. Además de los factores de riesgo conocidos, como la hipertensión, una infección frecuente podría estar relacionada con un mayor riesgo de sufrirlos. Se trata del herpes zóster, también conocido como culebrilla.

Una revisión realizada por investigadores de la Universidad de Colorado y difundida por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) analiza cómo el virus puede afectar las arterias del cerebro y provocar inflamación y daños en sus paredes, lo que podría dificultar el flujo sanguíneo o favorecer una hemorragia.

En ese contexto, distintos estudios encontraron una asociación entre el herpes zóster y un mayor riesgo de accidente cerebrovascular (ACV), especialmente cuando la infección afecta la zona cercana al ojo.

“El herpes zóster, también conocido como culebrilla, es una enfermedad causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela”, explica la Dra. Dolores Serra (MN 160584), médica infectóloga y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en diálogo con El Cronista.

Cómo el herpes zóster puede afectar las arterias

El herpes zóster puede aparecer años después de haber tenido varicela. “El virus queda dormido en el cuerpo y permanece latente en las células nerviosas. De esta forma, se puede reactivar y viajar a través del sistema nervioso hasta la piel, provocando una erupción dolorosa en una zona determinada del cuerpo,” afirma la infectóloga.

Sin embargo, el virus no siempre se limita a la piel. Según la revisión, también puede llegar hasta las arterias del cerebro y provocar lo que los investigadores denominan “vasculopatía por virus varicela-zóster”. Este proceso puede generar inflamación y cambios en las paredes de los vasos sanguíneos.

Cuando la pared de una arteria se engrosa, el vaso puede estrecharse y dificultar el paso de la sangre hacia el cerebro. A su vez, el daño de otras capas de la arteria puede favorecer la formación de aneurismas y hemorragias. De esta manera, la infección puede estar relacionada tanto con ACV isquémicos como hemorrágicos.

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Qué relación encontraron entre el zóster y el ACV

Además de los casos clínicos analizados, distintos estudios epidemiológicos realizados en Taiwán, Dinamarca y Reino Unido encontraron una asociación entre haber tenido herpes zóster y un mayor riesgo posterior de sufrir un ACV. El vínculo fue particularmente marcado en las personas que desarrollaron herpes zóster oftálmico, es decir, cuando la infección afecta a la zona cercana al ojo.

Uno de los estudios realizados en Taiwán, que siguió a más de 7.000 personas que habían tenido zóster y a más de 23.000 controles, encontró un aumento del 30% en el riesgo de ACV durante el año posterior a la infección. Cuando el zóster afectaba la zona oftálmica, el riesgo fue cuatro veces mayor.

Otro análisis, realizado en Reino Unido sobre más de 6.000 personas, encontró que el riesgo era mayor entre una y cuatro semanas después del zóster y luego disminuía con el paso del tiempo. La asociación también fue más marcada cuando la infección había afectado la distribución oftálmica del nervio trigémino.

Uno de los datos que destacan los investigadores es que la vasculopatía por virus varicela-zóster no siempre está precedida por la aparición de las lesiones características en la piel. La revisión señala que aproximadamente el 30% de los pacientes con esta complicación no tenían antecedentes de herpes zóster. Esto sugiere que el virus puede reactivarse y llegar a las arterias cerebrales sin provocar una erupción visible.

La revisión también analiza si el tratamiento del herpes zóster podría modificar este riesgo. En el estudio realizado en el Reino Unido, las personas que recibieron antivirales presentaron una menor incidencia posterior de ACV que quienes no recibieron ese tratamiento. Sin embargo, se trata de un estudio observacional, por lo que estos resultados muestran una asociación y no permiten afirmar que los antivirales, por sí solos, prevengan un ACV.

Qué relación encontraron entre el zóster y el ACV.Unsplash.

Quiénes tienen mayor riesgo de padecer herpes zóster

Las personas con mayor riesgo de desarrollar herpes zóster son los mayores de 50 años que tuvieron varicela, quienes atraviesan tratamientos oncológicos o tienen el sistema inmunitario debilitado, además de personas con diabetes, enfermedad renal o que utilizan corticoides durante periodos prolongados, explica la Dra. Serra.

Más del 90% de los adultos mayores de 50 años tuvo varicela, por lo que puede desarrollar herpes zóster. Sin embargo, cualquier persona que haya tenido varicela puede padecerlo, incluso si lleva un estilo de vida saludable. Además, según la especialista, quienes tienen antecedentes de enfermedad cardiovascular presentan un 30% más de riesgo de desarrollar herpes zóster.

Vacuna contra el herpes zóster: quiénes deben aplicársela

“En nuestro país existe una vacuna que previene la aparición de la infección por herpes zóster y su reactivación, además de evitar la neuralgia posherpética”, explica la Dra. Serra.

La vacunación se recomienda para las personas de 50 años o más y para quienes tienen un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad, como personas con diabetes, sistemas inmunitarios debilitados o enfermedades cardiovasculares, además de quienes ya tuvieron herpes zóster. En todos los casos, es importante consultar con un profesional de la salud.

Los síntomas del herpes zóster y la neuralgia posherpética.Magnific.

Los síntomas del herpes zóster y qué es la neuralgia posherpética

El herpes zóster suele comenzar con dolor intenso, seguido de picazón, ardor, sarpullido y ampollas. Estas lesiones generalmente aparecen en una franja de un solo lado del cuerpo, la cara, los brazos o las piernas, y el dolor puede durar entre dos y seis semanas.

Una de sus principales complicaciones es la neuralgia posherpética, que prolonga el dolor durante más de 90 días y es especialmente frecuente y grave en las personas mayores. También pueden presentarse complicaciones oftálmicas, accidentes cerebrovasculares, infarto de miocardio y, en casos poco frecuentes, meningitis o encefalitis.

Por último, es importante destacar que “el herpes zóster no se contagia de una persona a otra”, aclara la especialista. Sin embargo, una persona que nunca tuvo varicela puede contraer el virus al entrar en contacto con el líquido de las ampollas y desarrollar varicela. Años más tarde, el virus podría reactivarse y provocar herpes zóster.

Aunque el herpes zóster suele asociarse con una erupción dolorosa, sus posibles complicaciones van más allá de la piel. La revisión analizada encontró una asociación entre la enfermedad y un mayor riesgo de ACV, especialmente en los casos de zóster oftálmico. Por eso, reconocer los síntomas y consultar a tiempo resulta fundamental, especialmente en las personas con mayor riesgo.